
Cómo derrotar la pobreza
América latina presenta la mayor brecha entre ricos y pobres de los países en desarrollo. Según las Naciones Unidas, la falta de objetivos claros y la mala administración de los recursos explican el fracaso de la mayoría de los planes para combatir la miseria.
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MAS del 75 por ciento de los países cuenta con planes para reducir la pobreza, pero menos de un tercio de ellos tiene metas claras sobre cómo erradicarla o por lo menos disminuirla. Justamente, la ausencia de objetivos precisos es, de acuerdo con el último informe Pobreza 2000 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), una "insuficiencia seria" a la hora de resolver un problema que se acentuó dramáticamente en los últimos diez años.
Pero hay otros ingredientes que, según el organismo internacional, pueden condenar al fracaso al plan mejor intencionado. Entre ellos, la mala gestión de los recursos, la falta de coordinación y de controles efectivos, y la corrupción. Como contrapartida, en aquellos lugares donde la sociedad civil -o el llamado Tercer Sector- es más fuerte y el Estado no asume un rol paternalista, los programas para disminuir la pobreza tienden a ser más exitosos.
En este sentido, la región de América latina y el Caribe implica un desafío adicional por que presenta la mayor brecha entre ricos y pobres de los países en desarrollo. ¿Algunos indicadores? El 40 por ciento del ingreso total es percibido por el 10 por ciento más rico de la población, y el 30 por ciento más pobre recibe sólo el 7,5 por ciento del total, afirma Elena Martínez, directora regional del PNUD, consultada por La Nación .
Otro dato escalofriante: el 40 por ciento de las familias vive en situación de pobreza. Y por pobreza, el PNUD no sólo entiende la carencia material, sino también la mala calidad de vida, la imposibilidad de acceder a una vida larga y saludable, de tener conocimientos y participar en el desarrollo de la comunidad.
¿Cómo hacer para llevar, al menos, un poco de alivio a quienes padecen uno de los peores males de estos tiempos? El informe del PNUD, que lleva el título "Superar la pobreza humana", hace hincapié en la necesidad de que exista un mayor compromiso a nivel mundial y de otorgar mayores recursos para ayudar a los que menos tienen. También subraya la importancia de vincular los programas con la política económica y financiera de cada país.
"La pobreza tiene que ser tratada de manera integral y multidisciplinaria -explica Martínez-. Los países que han tenido éxito en reducirla, que no son muchos, ciertamente lo han hecho con crecimiento económico. Pero hoy sabemos que no hay que actuar sólo sobre el incremento de recursos sino que hay que orientar muy bien los apoyos directos que se dan a las poblaciones y grupos más pobres. De otra forma, los recursos se quedan en las capas medias y en las capas medias bajas."
Según Martínez, en América latina, países como Chile y Perú han logrado disminuir sus niveles de pobreza gracias al desarrollo económico, pero aún tienen graves diferencias entre ricos y pobres. De la región, Costa Rica es el país que presenta menos desigualdades.
Motores del cambio
Empleo y educación son esenciales para salir del estancamiento. Esto incluye la capacitación en los avances tecnológicos, el otro gran tema que ya está generando "nuevas formas de desigualdad entre grupos y regiones".
"Los países más exitosos en su lucha contra la pobreza son aquellos en los que la sociedad civil organizada tiene un papel importante -explica Martínez-, en especial, desde que hay un consenso en que el Estado paternalista y benefactor, el que resolvía todos los problemas, se ha descartado." La directora regional del PNUD opina que no se pueden hacer programas que no involucren a los propios beneficiarios, porque es importante que ellos sean actores de sus propios planes y que identifiquen cuáles son sus requerimientos.
En la lucha contra la pobreza comienza a surgir una nueva corriente: la idea de la responsabilidad social del sector empresarial. "El gran tema es cómo involucrar al sector privado, no con dádivas, o con caridad, sino con apoyo técnico", enfatiza Martínez.
Elena Martínez se desempeña como directora regional del PNUD desde abril del año último, aunque trabaja en la institución desde 1972. En su actual cargo pasa la mitad del tiempo viajando. La semana última, Martínez visitó a varios miembros del Poder Ejecutivo, entre ellos, el vicepresidente, Carlos Alvarez; la ministra de Desarrollo Social y Medio Ambiente, Graciela Fernández Meijide; el ministro de Justicia y Derechos Humanos, Ricardo Gil Lavedra, y la interventora en el PAMI, Cecilia Felgueras.
Su intención: transmitir al Gobierno el apoyo de las Naciones Unidas para armar una "agenda social integral", que considere temas como la promoción, la salud, y programas de lucha contra la pobreza. También, para colaborar en todo aquello que hace a la calidad de la democracia y a la gobernabilidad.
"El Gobierno es tan nuevo, y con la crisis fiscal que hay y la restricción de recursos... creo que está en vías de decidir qué políticas se van a aplicar -dice Martínez-. Algunas ya están claras, como darles un fuerte apoyo a las microempresas."
A través del llamado gabinete social, la Alianza busca integrar los planes y programas que se impulsan desde las distintas reparticiones públicas. Pero hay otro problema fundamental que deberá resolver: cómo comprometer a las provincias y a los municipios para que elaboren proyectos locales que a la vez estén integrados con la política nacional.
Tras una ronda de conversaciones con funcionarios de primera línea que le llevó casi tres días, Martínez percibió en las autoridades un interés en controlar cómo se gastan los fondos: "El Banco Mundial hizo un informe sobre pobreza en la Argentina, y asegura que aquí el 18 por ciento del Producto Bruto Interno (PBI) se gasta en programas sociales; es una cifra significativa -dice-. El gobierno argentino tiene mucho interés en crear mecanismos para garantizar el uso correcto de los recursos de lucha contra la pobreza".
El desafío es introducir niveles de control efectivos, sin que ello implique generar una estructura gigante. Una de las claves está, según el PNUD, en que las mismas personas que reciben los beneficios de los programas se organicen y se conviertan en aliados del gobierno o de las organizaciones no gubernamentales (ONG) que llevan adelante la ayuda.
También se requiere una legislación adecuada, gente capacitada y una plataforma informática sólida que permita cruzar las bases de datos. "Es muy importante que se introduzca una cultura de la gestión y evaluación de los resultados. En la mayor parte de los programas de América latina el problema consiste en que la gestión es laxa y el gobierno sabe que se gastó determinada cantidad de plata, pero ignora cuál fue el resultado", insiste Martínez.
No está probado -dice la funcionaria del PNUD- que el hecho de no instrumentar controles favorezca la corrupción, pero es evidente que hoy se hace hincapié en la necesidad de tener transparencia en el uso de los recursos.
La gran pregunta es cómo darle mayor oportunidad a la gente. El empleo y la educación aparecen como las dos grandes palancas para generar el cambio. Otro aspecto por mejorar, señala el PNUD, es el fiscal ya que, en los países de América latina, las capas altas tienden a pagar menos y la administración impositiva tiende a no ser muy eficiente.
"Las cosas están interrelacionadas", sintetiza Martínez. Para superar la pobreza se necesita crecimiento económico y para ello tiene que haber tecnología, inversiones extranjeras, un manejo transparente y responsable de los recursos públicos y buena administración de Justicia y de la cosa pública. ¿La clave? Saber construir una alianza entre los tres actores principales: el Estado, el mercado y la sociedad civil.





