Cómo no perderse en la oferta interminable del streaming

Distintas plataformas ofrecen selecciones de películas, documentales o series que escapan al automatismo del algoritmo y se acercan al criterio, más personal y específico, del curador
Nicolás Pichersky
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11 de enero de 2020  

Crédito: Jim Wilson/NYT

Esta no. Esta tal vez. Esta para otro día. Esta tampoco. Esta ya la vi. Marquémoslas en "Favoritos" o "Mi lista". Y terminemos viendo lo mismo? O nada. La decisión es angustiante y muchas veces se pierde más tiempo tratando de elegir una serie o una película que lo que durarán el capítulo o el largometraje. Como la operación básica de las computadoras "guardar y salvar", optar por un entretenimiento audiovisual es pretender guardar el tiempo que no tenemos, para salvar un tiempo que no sabemos cómo utilizar. Humanos conscientes de sus gustos, pero convertidos en un laboratorio digital a través del clic (en el reciente ensayo de Lalo Zanoni, Las máquinas no pueden soñar, se explica brillantemente cómo es el proceso de Netflix a la hora de encarar la temática de una nueva serie).

Pero resulta que, pese a la cantidad de oferta audiovisual hogareña. casi nada nos conforma. Aunque surge una pregunta: ¿realmente son tan diversas las opciones? ¿O se trata del mismo producto clonado al infinito, como hacían aquellas cadenas de videoclubes de fines de los años 90 que ofrecían el más reciente éxito multiplicado por decenas y al frente del escaparate? El gran interrogante es si existe, hoy, alguna forma de "desalgoritmizarnos" , liberarnos de la tiranía del clic. Lo cierto es que, así como gracias a la competencia de mercado surgieron Apple TV+, Disney Plus, Youtube Premium, Hulu o DirectTV Go, también hay otra manera de ver cine a través de servicios de streaming menos conocidos como Mubi, QubitTV, Filmin y Criterion Channel.

En esta época, la palabra clave es "curaduría" y Michael Bhaskar, investigador y colaborador habitual de The Guardian, es un experto en el tema: escribió Curaduría, el poder de la selección en un mundo de excesos, un ensayo fascinante ya traducido al castellano. Bahskar, que puede pasar de una cita de Friedrich Engels a otra de filósofos posestructuralistas, coincide con el ya popular eslogan de uno de los genios de la arquitectura moderna, Mies van der Rohe: menos es más. El exceso de datos al que estamos expuestos hace que los filtros sean imprescindibles. Entrevistado por mail por la nacion, Bhaskar ofrece su solución para paliar la saturación comunicacional: la curaduría.

- En su libro, usted propone que los servicios del estilo de Netflix son "curaduría avant-garde "; no acumulan películas, sino que ofrecen un menú curado.

-Sí, pero pienso que Netflix o cualquier otro servicio tienen que ser todavía más curados: deben ofrecernos entre tres o cinco opciones diarias, no más.

- ¿No es una decisión incómoda elegir que nos coarten de antemano la libertad de elección, cuando durante décadas se peleó contra la prohibición de películas o canciones?

-La mayoría de las democracias ya están "curadas", en el sentido de que uno no tiene una cantidad infinita de partidos para elegir; usualmente hay hasta tres o cuatro partidos mayoritarios. De manera que, si lo pensamos, la democracia también tiene esta delimitación de elecciones o curaduría que desarrollo en mi libro. Y es precisamente el motivo por el que puede funcionar; si no, sería una masa ingobernable de pequeños partidos, políticas e infinitas ideologías.

- ¿Y si hubiera una "opción Marie Kondo" para productos culturales. como elegir los diez que nos hacen felices y ya?

-Si la curaduría fuese fácil, no tendría sentido. Elegir es difícil. Pero ese es el trabajo del curador, ahí es cuando su juicio y su experiencia van a valer.

¿Pudo haber adivinado un gurú de la información como Marshall McLuhan el actual protagonismo de los algoritmos? ¿Finalmente prevalecerán ellos o el editor/curador? Bhaskar parece no tener dudas: "Los dos, ¡absolutamente! Necesitamos algoritmos que puedan trabajar con toda la información del siglo XXI. Pero también precisamos la desordenada, idiosincrásica, aleatoria y bellísima selección humana".

Los japoneses cuentan con una palabra para definir la compulsión de comprar libros y acumularlos sin leer: tsundoku. Es la sensación exacta de lo que sentimos con la sobreabundancia de oferta digital. Para el tsundoku, los japoneses inventaron una solución: en el distrito de Ginza, en Tokio, hay una librería que solo vende un libro a la vez. Con espíritu similar, la plataforma Mubi ofrece cada día una película, cuyo visionado caduca al mes (dentro de un amplio repertorio, que abarca de Roger Corman o Agnès Varda a Martín Rejtman, por ejemplo).

Por su parte, QubitTV ofrece lo que, de tan obvio, parece una rareza: la historia básica y fundamental del cine. Veintidós películas de Alfred Hitchcock, doce del maestro del cine japonés Yasujir? Ozu, casi toda la filmografía de Luis Buñuel, además de importantes títulos contemporáneos. Javier Porta Fouz, director del Bafici, es el gerente de contenidos de este original servicio de streaming.

- ¿Cuál es el criterio de contenido de QubitTV? O para usar una palabra más actual: su curaduría.

-Heterogeneidad y huir de cierta monocromía "de la zamba de una nota sola" del cine. La idea de un catálogo, para mí, es la idea de un menú, pero uno de cantina, en el que hay de todo. Un catálogo tiene también que ver con pensar en relevancia; mi gusto personal es solo un ingrediente más.

- La ausencia de series ¿tiene que ver con una estrategia de diferenciarse de un producto hoy omnipresente?

-Creo que le hace bien a la plataforma concentrarse en films. Licenciar una temporada de una serie cuesta lo que salen varias películas. Por otra parte las series, excepto algunas, no pasan las pruebas del tiempo, se consumen en el momento.

Criterion Streaming es hijo de Criterion, el servicio de distribución de videos más exquisito del mundo, dedicado a clásicos del cine y películas contemporáneas. Su servicio incluye una curaduría y un nivel de segmentación que es el paraíso de cualquier cinéfilo: además de la búsqueda por director, encontramos "ciclos" como si se asistiera a un festival de cine: un ciclo de filmes con Barbara Stanwyck previas al código de censura Hays, toda la filmografía de Jean-Pierre Melville o las películas europeas de Ingrid Bergman. La española Filmin propone cuarenta y ocho canales temáticos que no se quedan atrás: dedicados a la producción clásica de un estudio como MGM, a los reputados festivales de Venecia y Cannes, o a la temática LGBTI. Ni Criterion Streaming ni Filmin están disponibles aún en la Argentina, pero vale la pena pasearse por su interfaz para observar todos las cinematografías que nos aguardan.

Curadurías de cine por streaming, hay muchas. En su reciente ensayo The Game, Alessandro Baricco compone una lista de cosas que hace veinte años no existían. Incluye a YouTube, Airbnb o Netflix y se pregunta "¿con qué demonios ocupábamos antes nuestros días?", para responderse que, ciertamente, no hacíamos rompecabezas de los Alpes suizos. El game, como llama Baricco a la cartografía de la revolución digital, no tiene aún Constitución. Somos libres de elegir lo que nos haga felices.

Para escuchar y ver en línea

"El Netflix del jazz". Así presentó la prensa a Qwest TV, un servicio de streaming basado sobre todo en jazz y músicas del mundo.

En 2014, cuando Reza Ackbaraly (programador del Jazz Vienne Festival de Francia) se cruzó a Quincy Jones, uno de los grandes paladines de la historia del jazz, ambos soñaron un canal on demand de jazz. Tres años después, Qwest TV fue lanzado durante el Festival de Jazz de Montreux.

Basado en el sello de música negra Qwest Records, que Jones fundó en los años 80, incluye conciertos, entrevistas, material de archivo. Además de jazz, ofrece blues, soul, funk y world music, con contenido de artistas como Aretha Franklin, Paco de Lucía o Gilberto Gil, y documentales que lo convierten en un paraíso melómano. No solo se puede disfrutar de material audiovisual inédito de gigantes de jazz como Miles Davis, John Coltrane, Keith Jarrett o Enrico Rava, sino también de figuras actuales como el trompetista Ibrahim Maalouf, el saxofonista Kamasi Washington o el delicado crooner Gregory Porter. Por otra parte, Qello es un canal digital que permite disfrutar de recitales y conciertos de música popular: shows de Led Zeppelin, Madonna, los Beatles, Santana o Diana Krall, con la posibilidad de buscar entre más de treinta géneros o por década, desde los años 20 hasta la actualidad. Cuenta con la curaduría de Ben Fong-Torres, exeditor en jefe de la revista Rolling Stone. Respecto de la música clásica, Medici TV cuenta con más de 1600 conciertos y documentales. Entre lo más destacable: dúos de piano entre Martha Argerich y Daniel Barenboim, Zubin Mehta dirigiendo obras de Mahler, la revelación del piano Yuja Wang o lo mejor de los festivales de Verbier y Salzburgo.

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