Cómo salir de la crisis sin volver al populismo

Ricardo Esteves
Ricardo Esteves PARA LA NACION
Hay que lograr equilibrios macroeconómicos, propiciar la inversión, asistir a los más débiles y preservar el nivel de ingresos de la ciudadanía
Fuente: LA NACION - Crédito: Alfredo Sabat
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5 de noviembre de 2018  

El modelo asistencialista que engendró el kirchnerismo y consolidó la actual administración al ampliar el espectro de asistencia y aumentar el caudal de aportes está colapsando por falta de financiamiento. Pudo subsistir mientras recibía 50.000 millones de dólares anuales en créditos externos, algo que está llegando a su fin. Ahora bien, ¿puede ser desmantelado con un tercio de la población atrapada en la pobreza? Ante esta realidad, se han producido dos hechos fundamentales: la corrida cambiaria, y -por esa causa- un giro de 180 grados en la política económica del Gobierno. Ese giro -el fin del gradualismo- se apoya en dos medidas claves: tasas de interés altas in-extremis y restricción severa del circulante. La corrida cambiaria y la espiral inflacionaria derivada de ella produjeron un efecto que retroalimenta el estado de incertidumbre: les advirtió a los mercados que la posibilidad de un retorno del populismo dejó de ser una mera utopía. Hasta ese momento la continuidad de Cambiemos luego del 2019 era casi una certeza.

Más allá del creciente descrédito del Gobierno, ¿en qué se sustenta la alternativa de la posible vuelta del populismo? Hoy, la perspectiva más probable es un ballottage entre Macri y Cristina. Según algunos analistas, es imaginable que el electorado de izquierda y aun el socialismo moderado se inclinen por ella en esa segunda vuelta. La incógnita es la posición que tomará el "otro" peronismo, sobre todo los gobernadores y el Frente Renovador. Aun prefiriéndolo a Macri, ¿se suicidarán políticamente pidiendo a sus bases que voten por él, luego de haberlo fustigado enérgicamente -única forma de hacer proselitismo opositor- en la campaña de primera vuelta? ¿U optarán por dejarlas en libertad? En ese caso y a pesar de la escandalosa corrupción del kirchnerismo, ¿votarán esas bases por Macri ante la opción de una fórmula con figuras del peronismo encabezada por Cristina, que les prometerá el regreso a "aquellos tiempos dorados"?

Con encuestas de hoy, la mayoría de los analistas ven aún lejano ese posible retorno, pero los inversores y los que generan y atesoran recursos en la Argentina entienden que la mejor manera de preservar su patrimonio es en moneda extranjera, aun cuando esta alcance valores que para algunos luzcan desproporcionados. Así, y al margen del respiro de estas semanas, será muy difícil controlar el dólar ante el temor de los inversores sin recurrir a medidas que asfixien la actividad económica y agraven la crisis social. Además, la suba de impuestos está advirtiendo cuál es la estrategia oficial: de algún lado tendrán que salir los recursos para sostener el asistencialismo cuando no entre más ayuda del exterior. El Estado mostró que no es capaz de congelar vacantes y pretende que los despidos que impone la falta de fondos los ejecute el sector productivo. Este sector contribuye a sostener el modelo asistencialista con la tasa impositiva más alta del mundo (y para colmo, la siguen subiendo).

Los impuestos representan globalmente en la Argentina el 45% del producto bruto, el mismo nivel de gravamen de algunas de las naciones más desarrolladas, donde todos tributan sin excepción, lo que crea compromiso de pertenencia con lo público. Con el alto nivel de evasión en el país, para los que están en la economía formal la tasa efectiva resulta en torno al 60%. Pagan por ellos y por los que evaden (de supermercados de barrio a pymes que si tuvieran que tributar esas tasas quebrarían). ¿Quién va a invertir entonces en la Argentina con semejantes impuestos y con el riesgo del populismo? Eso explica -a modo de círculo vicioso- la alta evasión y la fuga de capitales. ¿Cómo haría entonces el populismo si volviera al poder para sostener el asistencialismo en un país mejor en lo institucional, pero tanto o más quebrado que el que dejó? Un país con mayor gasto social, con 170.000 millones de dólares más de deuda externa y 9700 millones anuales más de intereses y con la reticencia de los mercados.

Probablemente intentará hacerlo por "fuera del sistema". Ello implicaría probablemente un nuevo repudio de una deuda externa que le será muy difícil enfrentar -no sabe cómo hacerlo esta administración que tiene todo el apoyo de la comunidad internacional-. Le sobrarán argumentos para ese repudio: es una deuda -la de estos últimos años- que no contrajo y criticó. Además, que su pago no puede hacerse a costa del hambre del pueblo (encontrará con este argumento una vastísima adhesión política y social). Podrá preguntar con el cinismo que lo caracteriza ¿dónde están las obras producto de esos préstamos? La verdad es que hay muy poco, ya que se usó para financiar consumo y sostener y ampliar el asistencialismo. Otras medidas podrían ser el congelamiento de las tarifas y la suba de impuestos, sobre todo para los productores del agro, los inversores en Vaca Muerta y en energías renovables y los que blanquearon bienes en el exterior. En fin, a todos los que creyeron en el macrismo (como ya lo hizo a partir del 2002 con todos los que invirtieron durante el menemismo, "para que esos explotadores no pisen nunca más el suelo argentino" ni osen financiarlos). Todas medidas que precipitarán la fuga de capitales.

Habría un probable desdoblamiento cambiario: un dólar comercial bajo para las exportaciones y para las importaciones estratégicas al consumo popular; y otro dólar libre para turismo y todo lo demás. Y se cubriría con emisión monetaria todo lo que falte (o sea, el "plan B" que reclaman un sector del sindicalismo y los obispos amigos de Moyano). ¿Cómo no estar preocupados entonces los tenedores de activos ante esta aunque lejana perspectiva? ¿Por qué esperar a salir del país para cuando ya sea demasiado tarde? La fórmula del populismo, al ser repulsiva de la inversión y del empleo derivará en las mismas nefastas consecuencias que hoy padece Venezuela, donde los niveles de pobreza superan largamente la mitad de la población. Si no hay salida laboral para los pobres -y esto depende de la inversión- no hay solución al drama de la pobreza en uno de los territorios mejor dotados del planeta. Una inmoralidad que nos salpica a todos los argentinos por igual. En este sentido, uno de los grandes dilemas del país será crear posiciones laborales para personas poco capacitadas y deshabituadas a la disciplina y los rigores del trabajo, acostumbradas a vivir de subsidios .

¿Cuál es la alternativa a la oscura opción del populismo? Si hubieran soluciones mágicas o indoloras ya se estarían aplicando. En el pozo en que está el país todas las salidas son traumáticas. Se deberán armonizar, paso a paso, 4 objetivos en muchos aspectos contradictorios: lograr equilibrios macroeconómicos -un concepto abstracto y sin mística, pero fundamental- y no solo el fiscal primario, que es lo que propone el Gobierno; crear condiciones impositivas y laborales que propicien la inversión (el plan productivo que tantos alegremente proclaman); sostener el asistencialismo (en un país con un profundo sentimiento humanista hacia los más necesitados) y tratar de preservar el nivel de ingreso general de la sociedad. Si no hay progresos en los dos primeros objetivos -que son los que habilitarían la generación de nuevos ingresos-, el país seguirá dando vueltas sobre sí mismo e irán en franco deterioro los dos últimos propósitos.

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