
Corrupción de la izquierda
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La escasa credibilidad en los partidos políticos, los escándalos de corrupción y la crisis de la educación son fuertes señales que se relacionan con las actuales turbulencias globales y regionales.
En primer lugar, un dato de la realidad muestra que la corrupción avanza sin distinguir países y se instala en cada sociedad de la mano de gobernantes que abusan del poder para enriquecerse ellos, sus amigos o su sector político.
En segundo lugar, la corrupción no tiene límites ideológicos. Ex presidentes (con equidad de género), día por medio, son sometidos a la Justicia y condenados por actos de todo tipo, incluyendo el nepotismo, el soborno y el crimen organizado.
En tercer lugar, los gobiernos más corruptos son los que transmiten al ambiente su fragancia proletaria a partir de sus "compromisos" con los explotados por el sistema capitalista. Y eso, porque al considerar a la democracia representativa y a la separación de poderes como expresiones burguesas terminan ejerciendo el poder bajo la consigna de que "lo político está por encima de lo jurídico".
En cuarto lugar, los gobiernos populistas de la región, incluyendo los del Frente Amplio, han arrasado con normas, límites y barreras éticas, ya que, todas "las asociaciones para delinquir" por ellos creadas se disfrazaron de un discurso populista sin poder superar el fracaso del socialismo real. Lo más pernicioso que nos dejan es una corrupción ubicada en el centro de este descalabro económico y moral; producto de una estrategia destinada a "cerrar filas" y proteger a todo precio la maquinaria del Partido antes de sanear la administración pública.
El País, Uruguay




