
Crece la adicción al juego
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Cada vez más la adicción al juego provoca severos trastornos en la conducta y en la salud física de quienes alguna vez comenzaron lo que consideraban un pasatiempo y terminaron atrapados en un laberinto de complicada y trabajosa salida.
La ludopatía es una alteración progresiva del comportamiento que empuja a las personas a una incontrolable necesidad de jugar. Nada les interesa más que desafiar al azar. Integra la categoría de las denominadas enfermedades sociales y, por ese motivo, resulta difícil determinar su existencia. Los adictos no reconocen la patología y, por lo tanto, se resisten a los tratamientos.
Según la institución Jugadores Anónimos, la ludopatía tiene síntomas inequívocos. Los apostadores compulsivos "descuidan su bienestar y el de su familia, le quitan tiempo al trabajo y estudio, o a ambos, juegan por más tiempo del que habían pensado y frecuentemente pierden hasta el último centavo, tienen dificultades para dormir y pueden llegar a cometer un acto ilícito para financiar el juego".
Hace apenas ocho años funcionaban en nuestro país doce grupos de jugadores en recuperación orientados a ofrecer ayuda a apostadores compulsivos. Actualmente esos grupos son sesenta.
Indudablemente, la masiva habilitación de bingos con salas de máquinas tragamonedas, juegos de azar electrónicos y otros seudoentretenimientos colocó en la superficie el problema. También hay casinos, hipódromos, locales que reciben apuestas hípicas y alrededor de 3000 agencias oficiales de lotería que, al margen de este juego específico, permiten tentar la suerte en las quinielas, Quini 6, Prode, Loto y otros similares, cargados de promesas millonarias.
Demasiadas tentaciones y poca difusión sobre los efectos que el juego puede ocasionar en las personas.
Estudios recientes definen el perfil de los cada vez más numerosos "nuevos jugadores", quienes ahora empiezan a apostar entre los 25 y los 30 años, cuando antes lo hacían entre los 40 y los 50. Estos estudios demuestran, además, que muchas mujeres juegan para sobrellevar factores psicológicos negativos como la angustia y la ansiedad, los cuadros depresivos y los problemas de la relación con su pareja.
Las máquinas tragamonedas son, hoy en día, las máximas generadoras de adicción: se las ha señalado en el 51 por ciento de los casos porque la velocidad de resolución del juego es casi inmediata; en cambio, la compulsión por la ruleta se da en el 20 por ciento de los casos. Después le siguen los naipes y, en último lugar, la quiniela y el turf.
La incidencia creciente de la ludopatía obligó al Instituto de Lotería y Casinos bonaerense a implementar un programa de prevención y asistencia al juego compulsivo, iniciado a fines de septiembre último, y ya hay unos 200 pacientes que concurren a los centros de atención designados por el organismo provincial. En esas sedes, el 59 por ciento son hombres, de los cuales el 31 por ciento tiene entre 41 y 50 años, mientras que el 20 por ciento oscila entre los 31 y 40 años. Hay diferentes tipos de tratamientos, según el grado de adicción que sufre el jugador.
La iniciativa del Instituto Provincial de Lotería y Casinos debe ser bienvenida, toda vez que está dirigida a brindar soluciones a un problema que aumenta peligrosamente. No obstante, sería deseable que, como en el caso de cualquier adicción, las campañas de prevención, informando claramente sobre las consecuencias a las que se expone el jugador compulsivo, se lleven a cabo de manera permanente y dirigidas a la población con mayor exposición a los factores de riesgo que llevan al juego. Con esa clase de medidas y disminuyendo los incentivos -muchas veces alentados desde el mismo Estado- se podrá revertir una situación que repercute negativamente en un amplio sector de la sociedad.





