
Creciente tensión entre Arabia Saudita e Irán
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La reciente decisión de las autoridades de Arabia Saudita de aplicar la pena capital a un combativo clérigo chiita ha aumentado sensiblemente las tensiones entre ese país e Irán, empeñados en una cruenta guerra facciosa que enfrenta a ambas naciones por el liderazgo del mundo musulmán en Medio Oriente.
Es en este complejo escenario en donde fue ejecutado Nemer al-Nemer, un predicador incendiario, miembro de la minoría chiita de Arabia Saudita. Como parte de una inesperada ola represiva, otros 43 detenidos vinculados con el terrorismo sunnita fueron ejecutados, muchos de ellos miembros del violento movimiento fundamentalista terrorista denominado Al-Qaeda.
Al conocerse lo sucedido, una turba incendió la sede diplomática saudita en Teherán, lo que provocó la inmediata ruptura de las relaciones diplomáticas con Irán por parte de Arabia Saudita. En expresión de solidaridad, los Emiratos, Bahrein, Sudán y Kuwait adoptaron medidas diplomáticas de protesta contra Irán. Qatar, en cambio, más independiente en su política exterior porque tiene yacimientos de gas natural compartidos con Irán, se mantuvo en absoluto silencio. Omán, generalmente neutral, no modificó su actitud.
La sorpresiva ruptura de las relaciones diplomáticas entre los dos países líderes del mundo musulmán complicará seguramente los esfuerzos por la pacificación de Siria. Es posible también que interfiera en la coalición internacional especialmente formada para la lucha contra Estado Islámico (EI). Antes de fin de mes, dicha coalición debe reunirse en Ginebra para considerar un ambicioso plan conjunto de acción que está siendo elaborado con la participación de las Naciones Unidas.
Lo sucedido entre Arabia Saudita e Irán no ayuda a ser optimistas. Sobre todo, en momentos en que EI acaba de ser derrotado en la reciente batalla librada por la recuperación y liberación de la ciudad de Ramadi y las fuerzas federales iraquíes aspiran a tratar de recuperar el control sobre la importante ciudad de Mosul.
La disputa entre ambos líderes religiosos del islam reúne toda clase de desafíos, entre los que la comercialización del crudo no ocupa un lugar menor. Los dos países son fuertes productores y exportadores de petróleo. Arabia Saudita, además, acaba de anunciar rebajas del crudo que ofrece en el mercado europeo, con las que procura complicar las ventas de hidrocarburos iraníes en esa región. La rivalidad y la tenacidad que los enfrentan confirman la dimensión del conflicto.





