Cristina también tiene su 1984

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11 de julio de 2013  • 03:24

En su memorable obra 1984 George Orwell sostiene: "saber y no saber, hallarse consciente de lo que realmente es la verdad mientras se dicen mentiras cuidadosamente elaboradas, sostener simultaneamente dos opiniones sabiendo que son contradictorias y creer sin embargo en ambas".

En estos días de regreso a las tramas de espías propias de la guerra fría, la frase de Orwell parece ajustarse perfectamente al esquema discursivo que armó la presidenta Cristina Kirchner y algunos de sus pares bolivarianos ante las denuncias de espionaje de los servicios de inteligencia de Estados Unido s en América latina. Hay una realidad que derrumba en apenas segundos los argumentos de ataque contra Washington que enarboló la Presidenta: lamentablemente para el conocimiento del ciudadano de a pie, el Gran Hermano no es autoría exclusiva de los Estados Unidos sino que permanece latente en varios países latinoamericanos desde hace tiempo. Es más: en muchos casos la persecución subterránea a periodistas, referentes de la oposición o dirigentes sociales es fogoneado por muchos presidentes que hoy levantan la piedra contra la administración de Barack Obama y sus redes de inteligencia que denunció Edward Snowden.

No hace falta buscar en el Ecuador de Rafael Correa que persigue ciudadanos contrarios a su opinión para evaluar la contradicción discursiva en el axioma antinorteamericano que se desató en los últimos días en el cono sur. En la Argentina de Cristina Kirchner sobran ejemplos de las "opiniones contradictorias" del poder como día Orwell. Veamos:

  • El proyecto X. La Casa Rosada jamás explicó los alcances del denominado Proyecto X que montó la ex ministra de Seguridad y actual embajadora en la OEA, Nilda Garré , en el cual se espiaba a dirigentes e integrantes de movimientos sociales y políticos opositores. Tras varias percicias en los discos rígidos de seis computadoras secuestradas durante un allanamiento al Centro de Reunión de Información de Campo de Mayo se confirmó la realización por parte de Gendarmería Nacional de actividades de inteligencia ilegal sobre diversos referentes e integrantes de movimientos sociales y políticos opositores. Esto ocurrió el año pasado. Pero el Gobierno se sumergió en el silencio absoluto. El martes pasado en Tucumán Cristina Kirchner volvió a reflotar el caso al atacar a Estados Unidos por el caso de espionaje mundial. Tras aquel "me corre frío por la espalda el saber que nos espían" que pronunció la Presidenta llegó otra de sus frases de antología: "Claro, es mucho más cool la CIA que un gendarme", dijo en referencia al Proyecto X y a las denuncias de Snowden. Además, aseguró que el polémico proyecto de Garré es "inexistente". ¿Seguirá Cristina Kirchner sin dar explicaciones sustanciosas sobre el polémico plan del Ministerio de Seguridad? ¿O sólo usará esa mención como eje de ataque a Washington y a la oposición en paralelo?
  • La SIDE paralela. El flamante jefe del Ejército César Milani se mantuvo al frente del servicio de inteligencia militar y manejará unos 300 millones de pesos sólo para "espionaje estratégico" militar a pesar de que las Fuerzas Armadas no tienen en estos días hipótesis de conflicto. Varios legisladores de la oposición que integran la Comisión Bicameral de Seguimiento de Actividades de Inteligencia en el Congreso que empiezan a sospechar sobre los alcances reales de la oficina de Milani. "Tenemos sospechas de la existencia de una SIDE paralela", expresó un destacado legislador opositor. En los últimos días incluso circularon versiones de una guerra encubierta entre la SIDE y la oficina de inteligencia militar por la causa AMIA. ¿Estará ampliando su radio de acción la oficina que dirige Milani? Si esto fuera cierto se estaría violando taxativamente la ley de seguridad interior que prohíbe a los militares hacer inteligencia civil.
  • Persecusión a periodistas. La Casa Rosada ha dado muestras más que suficientes de perseguir o amedrentar a la prensa. No sólo hubo seguimientos a periodistas desde la AFIP sino que también se sabe de la existencia de "listas negras" de periodistas que hay en varias dependencias del Estado en donde se le tiene vedada la palabra a la prensa crítica del Gobierno. "Ya no se puede hablar con ustedes porque piensan diferente y lo cuestionan todo", reveló a LA NACION hace unos meses un destacado funcionario de la Cancillería.
  • Escuchas y paranoia. La persecusión del poder no sería sólo hacia aquellos dirigentes de la oposición o hacia los periodistas críticos. En la Argentina de los Kirchner se tornó un hecho "normal" el comportamiento paranóico de varios funcionarios de la Casa Rosada. Ya hemos visto (lo peor es que nos hemos acostumbrado) a ministros o secretarios de Estado que prefieren hablar en un bar, ponen la radio a todo volumen cada vez que dialogan con tono crítico en sus despachos o utilizan una cuenta de email ajena a la dependencia estatal que representan por temor a ser espiados. En la Argentina quizás no exista la sofisticación de sistemas de espionaje como los que utiliza Washington en nombre de la "seguridad nacional". Pero ¿cómo llamar a estas actitudes persecutorias del Estado?
  • Volvemos al 1984 de Orwell. En estos días resulta más fácil enarbolar "mentiras cuidadosamente elaboradas" antes que admitir verdades que duelen. El doble discurso se convierte entonces en una verdadera política de Estado.

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