Cuando la vida sucede en una sala de cine

Víctor Hugo Ghitta
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28 de febrero de 2015  

Tan estrechamente ligado al séptimo arte -adaptó varios textos de Juan Rulfo, alguna vez junto a Gabriel García Márquez, y cuentos y novelas suyos, como La cabeza de la hidra y Gringo viejo, llegaron a la pantalla grande-, el mexicano Carlos Fuentes hizo numerosas anotaciones de sus salidas al cine. Han sido reunidas de manera póstuma en Pantallas de plata (Alfaguara), singular diario personal, evocativo y reflexivo, que va del período mudo a las grandes divas de Hollywood (Garbo, Dietrich, Swanson, Davis) y de los directores célebres y obreros (entre estos últimos anota a William Wellman, King Vidor y Robert Mamoulian) al gran musical.

"Después de estos días de gloria y miseria, de arte y de idiotez", escribe el creador de La muerte de Artemio Cruz, "el cine mexicano, dominado por viejos que negaban entrada a los jóvenes, rejuveneció". En la no muy extensa lista de realizadores mexicanos responsables de ese resurgimiento, Fuentes anota el nombre de Alejandro González Iñárritu, quien acaba de alzarse con el Oscar por Birdman.

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