
Cumple cien años la "ópera más bella" de Verdi
Por José Luis Sáenz Para LA NACION
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"La mia più bella opera", la llamó Giuseppe Verdi. Y bellas tenía bastantes, de Otello a Traviata , por citar sólo dos. Pero ésta era muy distinta. Una casa de 1900 metros cubiertos, y más de 3000 con patios y jardines, en las afueras de Milán (en aquel año de 1888 en que compró el terreno; hoy está englobada por la gran ciudad, frente a la Piazza Michelangelo Buonarotti). No la quiso llamar Casa de Asilo para Viejos Artistas, como le proponía Arrigo Boito. La llamó Casa de Reposo. Hoy los milaneses la llaman afectuosamente Casa Verdi.
La edificación le costó mucho más de lo previsto y hasta declaró bromeando que terminaría siendo su primer huésped. Y en cierta medida lo fue, porque allí, en su cripta, fue enterrado junto a su inseparable Giuseppina el 27 de febrero de 1901, un mes después de su muerte, en aquellas multitudinarias exequias en que el pueblo de Milán lo acompañó desde el Cementerio Monumental. Más de un año después, el 10 de octubre de 1902, el día en que el maestro hubiera cumplido ochenta y nueve años, se inauguraba esta casa sin discursos ni ceremonias, tal como quería su creador. Ese día ingresaron los primeros habitantes: cuatro mujeres y cinco hombres, que iniciaban el largo desfile de cien hospedados por vez, que se fueron sucediendo hasta hoy, y que bien pudieron decir literalmente, como D´Annunzio en su metáfora poética sobre Verdi, que "nos hemos nutrido de él como del pan".
Habitaciones para dos
En esa casa puso en juego su fortuna. Por eso le escribía en 1895 a su escribano: "Mis asuntos y mis compromisos exigen que yo sepa con cuánto puedo contar de mis rentas, hasta el último céntimo". La dotó con sus derechos de autor, tanto en Italia como en el extranjero. Discutió los planos con su arquitecto, Camillo Boito (hermano de Arrigo). No quiso dormitorios colectivos; exigió habitaciones para compartir de a dos. Planteó la preferencia de aceptación, que era: 1°) maestros compositores, 2°) artistas de canto, 3°) directores de orquesta, 4°) maestros de coro, 5°) músicos de orquesta, y 6°) otros profesionales del arte musical. Fijó la edad en mayores de sesenta y cinco años (en la actualidad, el 45 por ciento de sus pobladores son jóvenes estudiantes de música, por modificación de los estatutos). Hasta se ocupó de la ropa de sus huéspedes: no quería uniformes. Que se vistiesen con saco, camisa y moño, como él. Que pudiesen entrar y salir, y ausentarse para visitar parientes. El tiempo le dio la razón: se celebraron varios casamientos entre sus habitantes; las habitaciones de a dos tenían su razón de ser...
Así, aquel grande que al decir de D´Annunzio "lloró y amó por todos" intuyó la tragedia de esos ocasos, de la soledad y de la pobreza, y quiso cobijarlos brindando su fortuna a los artistas que la habían cimentado. A pesar de su edad, visitó y controló las obras hasta que fueron concluidas, en 1899, cuando ya tenía ochenta y seis años. En su modestia, no quiso inaugurar la casa en vida, para no conocer a sus beneficiados. Así era el huraño Oso de Buseto. Y ésta, su "pi bella opera", también fue estrenada en nuestro país, como todas las otras, pues sirvió de ejemplo para la no menos benemérita Casa del Teatro que emprendió aquí una ex cantante de ópera: doña Regina Pacini de Alvear.
Ampliada en 1937 con un piso más, y otras reformas para instalar ascensores y nuevos sanitarios, la Casa Verdi sigue cumpliendo su misión. Ahora, con motivo del centenario de su inauguración, se ha programado una muestra fotográfica itinerante que mostrará la vida cotidiana de sus huéspedes, esa conmovedora vida que hace unos años se pudo vislumbrar a través de un film casi documental, El beso de Tosca , que protagonizaba una ex diva, Sara Scuderi, celebrada Tosca en las décadas del 30 y el 40.
La Casa conoció ilustres benefactores (como el mismo Boito, que a su muerte, en 1918, también haría donación de sus derechos de autor), e ilustres visitantes, como Plácido Domingo, José Carreras, Riccardo Muti, Renato Bruson. Alguien refirió a quien escribe esta nota que, cuando fue a visitarla, se encontró en el salón nada menos que con Ebe Stignani y Maria Callas, que habían ido juntas a saludar a un ilustre tenor de la década del 20, Giuseppe Taccani, que se hospedaba allí.
El único error de cálculo que cometió el maestro fue que previó que no se gastasen todas las entradas por derecho de autor y que se ahorrase el remanente para cuando sus óperas no se representasen más, pues solía decir que se recordarían "como mucho por diez años" después de su muerte, y en cambio hoy, un siglo después, se las representa tanto o más que en vida.
Por último, una escueta reflexión, al pensar en nuestro país y en nuestros mayores, a los que los dirigentes de turno les retacean sus pensiones mientras se privilegian las propias. ¡Qué diferencia entre un magnánimo y los pusilánimes! ¡Cuánta falta nos haría algún Verdi, y no sólo por las óperas que supo componer!






