
Dandy, gentleman... ¿burgués?
Hay dos libros nuevos, que vuelven a emplear dichas palabras, recobrando su significado perdido –o diseminado- en una posible lectura actual
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Tres palabras en desuso que renuevan su estatuto. Dandy no es más que una reminiscencia gestual; gentleman, una amabilidad retrógrada, y burgués, el empaque de una clase.
Ahora son los mismos términos los desclasados del lenguaje; palabras desocupadas que ningún léxico subvenciona y desbordan de la historia privadas de su significado, clamando por algún lugar en la vitrina de los símbolos...
Y sin embargo, han vuelto, vaciadas pero orondas, gracias al capital simbólico que las sustenta: aparecen en marcas, slogans, nombres artísticos. Dandy es una cadena de restaurante, Gentleman, un músico de reggae alemán o una canción de Psy; y El burgués, una marca masculina "para hombres urbanos".
Palabras desocupadas que ningún léxico subvenciona y desbordan de la historia privadas de su significado, clamando por algún lugar en la vitrina de los símbolos...
Lo que antes formaba parte de un proceso histórico, ahora es una estampa del mercado. En fin, una marca, es una marca. ¿Qué pensaría de esto Lord Byron, con tanto empeño por vestir distinto, como un Dandy hindú? ¿Y Oscar Wilde, atento a los modales del gentleman inglés y sus pequeñas fallas? ¿Marx, o el mismo Weber, fundador de la sociología, cuando éste dijo, en 1895: "Soy un miembro de la clase burguesa; me siento parte de ella y me he educado según sus opiniones e ideales."?
Hay dos libros nuevos, que vuelven a emplear dichas palabras, recobrando su significado perdido –o diseminado- en una posible lectura actual: Gentleman – Los mejores escritos del dandismo inglés (Mardulce editora), con prólogo de Edgardo Cozarinsky (exquisito escritor, cruza de dandy con canyengue) y El burgués – Entre la historia y la literatura, de Franco Moretti, editado por Fondo de Cultura Económica.
Lo que antes formaba parte de un proceso histórico, ahora es una estampa del mercado. En fin, una marca, es una marca
El primero cuenta con ensayos de ingleses del siglo XIX y principios del XX. William Hazlitt (1778-1830) escribe "Sobre la falta de dinero", "Sobre la lectura de libros nuevos" y "Sobre la gente desagradable". Al respecto de ésta última, afirma: "La gente que se siente incómoda consigo misma es desagradable para los demás". William Thackeray (1811-1863) desglosa la población "snob": los joviales, los reales, los respetables, etc. Oscar Wilde (1854-1900), en delicioso ensayo sobre "las modelos de Londres" de la época (aquellas que posaban para los retratistas), intenta dar cuenta de los alcances del arte: "Nada es tan innoble como para que el arte no pueda santificarlo." Y por su parte, Virginia Woolf (1882-1941) lleva a la perfección el arte de hacer una corbata.
El de Moretti es un viaje ensayístico por la burguesía a través de la ficción. La encuentra en palabras claves como "confort", "eficiencia", " útil", "fortuna", "serio", en melosos adjetivos victorianos o en febriles párrafos de Marx y Engels; en autores como Daniel Defoe, Goethe, Flaubert, George Eliot, Machado de Assis, Pérez Galdós y sobre todo, Ibsen. Con genial vuelo académico, el autor (actual profesor de inglés y literatura comparada de Stanford), advierte en la literatura el lugar que ocupa la burguesía luego de haber desgarrado los velos tras los cuales se ocultaban las relaciones sociales. Así, "la burguesía es la primera clase REALISTA de la historia humana".
Moretti, como decía Barthes, "miró hacia atrás al llegar a un punto límite", el de "la impotencia del realismo burgués" frente a la llegada arrasadora de "la megalomanía capitalista."
Hacia el final del texto –que es, insisto, un ensayo de pasajes, por eso viajero-, como conclusión de su búsqueda o fruto del recorrido, escribe: "A esta altura, los lectores del presente libro ya saben que su única y verdadera heroína es la prosa". Prosa diferenciada del relato. Así como el relato se construye, la prosa es una forma de expresión de la escritura.





