
De izquierda y de derecha
Con la sorpresiva y reciente alianza del PSOE e Izquierda Unida, las elecciones parlamentarias del 12 del mes próximo cobraron motivación y expectativa. Antes de ello se avizoraba una segura victoria del conservador en el poder, José María Aznar, que, de todos modos, aún mantiene las mayores preferencias del público en los últimos sondeos publicados.
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MADRID.- QUIEN pasee estos días por esta capital se dará cuenta de que el sol calienta más sobre el asfalto de la Gran Vía y las copas de los árboles del parque del Retiro, pero la ciudad está distinta este invierno: ha sido decorada con los afiches de la campaña para elegir al presidente del gobierno el 12 de marzo.
En realidad, España todavía está de precampaña, porque aquí la ley establece que la campaña oficial, en la que se puede "incitar al voto", comience quince días antes de los comicios.
Esta reglamentación, que evita que los partidos despilfarren dinero durante meses en apabullar al electorado, no impide que en la calle y en el subte se vean carteles con las imágenes sonrientes del conservador José María Aznar y del socialista Joaquín Almunia. El actual presidente, con el 41 por ciento de las intenciones de voto en las encuestas, y el segundo, con el 37, son los candidatos favoritos al Palacio de la Moncloa. Pero atención: ningún afiche dice "Vote PP" (Partido Popular, el de Aznar) o "Vote PSOE" (Partido Socialista Obrero Español). Esas frases no se podrán usar hasta la madrugada del viernes próximo, día en que arranque la campaña oficial y el líder conservador cumpla 47 años.
Con incitación o sin ella, la carrera por los votos ya empezó. Sobre todo después del pacto que firmaron los antiguos enemigos del PSOE e Izquierda Unida (coalición encabezada por el Partido Comunista) el 7 del actual.
Los diez días de negociaciones previos al acuerdo dejaron fuera de la agenda política española el conflicto vasco, que se había intensificado después de que en enero los terroristas independentistas de ETA asesinaron a un militar en Madrid tras un año y medio sin atentados.
Faltaba poco menos de dos meses para las elecciones. El partido en el gobierno, de centroderecha, se encaminaba a la victoria, mientras que la oposición estaba dividida en dos fuerzas: una de centroizquierda y otra izquierdista. La única vía de cambio pasaba por la unión.
Cualquier semejanza con la situación previa a las elecciones legislativas de la Argentina en 1997 es pura casualidad. El pacto entre socialistas e Izquierda Unida (IU) es diferente de la Alianza de radicales y frepasistas. Para empezar, las dos principales fuerzas de la oposición en España presentarán listas de diputados distintas, aunque el candidato de Izquierda Unida, Francisco Frutos, se comprometió a apoyar en el Parlamento la investidura presidencial de Almunia. A cambio, se firmó un programa electoral común.
El PSOE venía sin recuperarse de los 14 años de desgaste del gobierno de Felipe González (1982-96). Izquierda Unida iba barranca abajo, pues ya no capitalizaba el voto progresista descontento con González.
Resentimiento antifelipista
"Es de derecha", suelen decir los jóvenes de izquierda cuando se refieren al ex jefe de gobierno. Ese resentimiento antifelipista también fue alimentado por Julio Anguita, el coordinador general y líder de IU. Pero Anguita sufrió un infarto en diciembre y abandonó la carrera electoral. En su lugar quedó su mano derecha, Frutos.
La paradoja fue que el delfín de Anguita terminó pactando con el elegido de Felipe González, Almunia. El candidato socialista había perdido las elecciones internas en 1998 ante el renovador José Borrell. Pero las presiones de dentro y fuera del partido sobre Borrell lo hicieron renunciar a la postulación, que finalmente recayó en Almunia, un político con fama de serio y honrado, pero poco carismático.
Almunia, sin embargo, sorprendió a todos con su jugada política de pactar con la izquierda. El presidente Aznar alertó primero ante la amenaza "socialcomunista", aunque ahora se limita a advertir sobre la "radicalización" de la oposición.
"Perdidos, al río". Con esa frase describe José María Robles, secretario de Asuntos Exteriores del PP, la actitud de los socialistas. En diálogo con La Nación , Robles califica el pacto de la izquierda como un "confuso barullo" en el que el PSOE "abandonó 60 años de centrismo político". El dirigente conservador espera que su partido, que inició su "giro al centro" el año pasado, capitalice los votos moderados de la clase media. A pesar de que algunos intelectuales hablan del fin de las ideologías, todavía en España se sigue hablando de derecha e izquierda. Como si la batalla electoral entre el PP y el PSOE todavía escondiera las heridas de la Guerra Civil (1936/39), aunque no se diferencien tanto en la política concreta.
Para tranquilidad de los sectores medios y de los empresarios, Izquierda Unida renunció en el programa de gobierno con el PSOE a algunas de sus reivindicaciones más espinosas: aumento de los impuestos, oposición a la pertenencia de España a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) o críticas al Plan de Estabilidad diseñado para la unión monetaria europea. Un hipotético gobierno de la "izquierda plural" tampoco promoverá la instauración por ley de la semana laboral de 35 horas, como en Francia e Italia. Sólo la incentivará mediante subsidios a la empresas que la adopten.
Ante tantas concesiones de Frutos, el recuperado Anguita volvió a sembrar cizaña hace una semana: "El PSOE pactó con IU por una necesidad de escaños". Sus compañeros de coalición intentaron restarle importancia a la declaración, aunque Frutos admitió que Felipe González fue el culpable de que la unión de la izquierda no se hubiera formalizado antes.
Nueva esperanza
El domingo pasado el diario El País publicó el primer sondeo pospacto. ¿El resultado? El conservador Aznar sigue al frente con el 41,6 por ciento, unas siete décimas más que hace dos meses. El socialista Almunia sube ocho décimas hasta el 36,5. Y el izquierdista Frutos crece tanto como su aliado y llega al 7,5.
En los anteriores comicios generales, Aznar ganó con el 38,8 por ciento. Apenas por encima de Felipe González, que obtuvo el 37,6. Izquierda Unida llegó a su récord del 10,5. "Nunca hubo una victoria tan amarga y una derrota tan dulce", dijo González en la noche de aquella derrota. Sucede que un mes antes de la votación las encuentas le daban al PP siete puntos de ventaja.
El vocero socialista de la comisión de Asuntos Exteriores del Congreso, Rafael Estrella, confiesa a La Nación su entusiasmo en que su partido vuelva a remontar la brecha. El diputado socialista espera que el electorado abstencionista (25%) esta vez se sienta movilizado por el acuerdo de izquierda.
Por ahora, los sondeos pronostican que socialistas e izquierdistas no sumarán la mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados. Y, además, que Aznar será encargado por el rey Juan Carlos para formar gobierno por ser la primera fuerza.
En 1996, Aznar tuvo que pactar con los centroderechistas Convergéncia i Unió (nacionalistas catalanes), Partido Nacionalista Vasco y Coalición Canaria para alcanzar el poder. Enemistado con los nacionalistas vascos (1,4 por ciento en las encuestas) por su pacto con los independentistas pro-ETA, el Partido Popular ahora coquetea con los catalanes de Convergéncia (4,4 ). Para ello propone en su programa conceder más autogobierno y más dinero a las 17 comunidades autónomas en las que se divide España. Pero está en contra de descentralizar la Agencia Tributaria, tal como propone Convergéncia. El candidato de los nacionalistas catalanes, Xavier Trias, dijo el pasado lunes que si aceptan sus propuestas por primera vez aceptarían entrar en el Ejecutivo central, con él como vicepresidente.
Con los lemas "Hechos" y "Vamos a más", Aznar invita a que los ciudadanos renueven la confianza en él. Le tocó gobernar en un período de bonanza económica. El año pasado España creció un 3,7 por ciento, muy por encima de sus vecinos europeos. Este crecimiento y la reforma laboral pactada con los sindicatos (lo que nunca lograron los socialistas) hicieron caer el desempleo del 22,9 por ciento al 15,3 en los cuatro años de gobierno del PP.
"España va bien", es la frase célebre de Aznar. Pero Almunia considera que va bien "para unos pocos". Tras su pacto con la izquierda, ha centrado sus ataques contra los poderes económicos vinculados con Aznar. El candidato socialista acusa al presidente de haber sentado a sus amigos a la cabeza de las 11 empresas públicas que privatizó y que ahora controlan las dos terceras partes de la Bolsa española. Y pone como ejemplo a Juan Villalonga, presidente de Telefónica y compañero de colegio de Aznar.
Vasco, de 51 años, de familia de clase media alta y educación jesuítica pero devenido ateo y economista de sindicatos y gobiernos socialistas, Almunia propone un impuesto a las empresas privatizadas para fines sociales. Un gravamen que ya aplicó el primer ministro británico, el laborista Tony Blair, ante las privatizaciones de los conservadores Margaret Thatcher y John Major.
"El pacto entre Telefónica y el BBVA intenta crear una oligarquía ligada al poder político", aseguró esta semana Felipe González en referencia al reciente acuerdo entre esas dos firmas presentes en los sectores de telecomunicaciones, medios y banca de la Argentina. "Nuestros amigos son el 1.800.000 que consiguieron empleo con este gobierno", responde el conservador Robles. Además el dirigente del PP evalúa como positiva la presencia de las empresas españolas en América latina, y la atribuye al papel de Aznar como líder internacional. El socialista Estrella, en cambio, considera que España perdió peso sin Felipe González y sus empresas "están dejando una mala imagen de lo español en América latina". Estrella también cuestiona falta de cooperación del gobierno español con el juez Baltasar Garzón en la causa contra el ex dictador chileno Augusto Pinochet, así como la intención del PP de endurecer las condiciones para la legalización de los inmigrantes.
La ventaja de Aznar
A pesar de las críticas, la mayoría de los ciudadanos considera que Aznar está más preparado, tiene mejor equipo, cumple mejor sus promesas, tiene más gancho, sabe mejor lo que quiere hacer, es más honrado, representa mejor a España y sería un mejor presidente que Almunia, según la encuesta publicada en El País. Aunque los dos caen igual de simpáticos. Pero el presidente, que antes de acceder al poder también tenía el sambenito de soso y gris, es juzgado como más capaz para crear empleo, combatir el terrorismo, desarrollar la justicia social, subir las pensiones, bajar los impuestos, luchar contra la droga, mejorar la educación, la salud, la justicia y la seguridad. El líder socialista sólo lo supera en habilidad para desarrollar las libertades y fomentar la igualdad, según el sondeo.
Ante semejantes encuestas, Aznar se niega a debatir en televisión con Almunia. Como es tradición en la Argentina, aquí también el candidato favorito prefiere evitar el cara a cara con sus rivales. "He hecho la mitad del camino y quiero hacer el camino entero", dijo Aznar el fin de semana pasado en Salamanca, descartando así la posibilidad de una segunda reelección.
A 25 años de la muerte del dictador Franco, la España democrática y europea decidirá en tres semanas entre una derecha que giró al centro y una izquierda plural como la que gobierna en Francia, Alemania e Italia.
Disputa al rojo vivo
Giro inesperado: hasta hace dos semanas nada hacía temer el triunfo electoral del Partido Popular de José María Aznar. La novedad de la coalición izquierdista ha logrado polarizar fuertemente la campaña, y el PSOE de Joaquín Almunia, con la bendición de Felipe González, ya no ve tan lejana la posibilidad de disputarle el poder al oficialismo.
Lucha ideológica: la primera reacción de los populares ha sido el intento de crear un clima de temor ante la nueva alianza "socialcomunista" . En esa línea, declaran que la oposición socialista realizó esta jugada como quien no tiene otra salida frente a la derrota segura. "Perdidos, al río", definió José María Robles, secretario del PP, la estrategia de sus rivales. Además, los oficialistas dicen que. con tal acción, el PSOE ha girado violentamente a la izquierda perdiendo su fisonomía de partido centrista, mientras que el gobierno va dejando de lado todo rasgo de derecha extrema para ser una agrupación puramente de centro.
La ventaja: Aznar consciente de que aún conserva la delantera, ha decidido no debatir con su rival Almunia por TV. Este último, aunque tiene reputación de honesto y capaz, conlleva también una imagen poco carismática.



