
De profesión diletante
La primera vez que Kris Niklison retrató a su mamá, dibujó un libro con rulos. La madre leía y leía. También jugaba. Pasaba veranos con sus hijos en una estancia santafecina, muy cerca del río. Y cuando venía tormenta, se negaba a la prudencia de buscar refugio entre cuatro paredes y temblar por los sacudones de los relámpagos: agarraba a los chicos y los llevaba afuera, a mirar la furia de la naturaleza a cielo abierto. Mientras se empapaban y vibraban de adrenalina y de dicha, ella les mostraba el espectáculo y decía, enfática: "Miren ese poder".
Kris creció, viajó, vivió en Amsterdam. Fundó la compañía de teatro físico Kris Niklison & Company, fue parte del Cirque du Soleil, incursionó en el cine. Hace unos años, de regreso a la Argentina, llevó su cámara a la estancia ribereña donde había pasado buena parte de la infancia y donde ahora su madre, ya viuda, se había instalado. El resultado fue Diletante, algo así como un nuevo retrato materno, ya no el libro con rulos que había dibujado tantos años atrás, sino una indagación chispeante, amorosa y sutil de la vejez.
"Yo la vejez la dejo para adelante", dice en cambio Bela Jordán, la madre en cuestión, que cuando se filmó el documental rondaba los 80 años. Y se ríe. Con simpleza, tranquila. Nada de carcajadas trepidantes: la de Bela es una risa que fluye tan a gusto como el río que merodea ahí nomás, a metros de la casa.
Bela cuenta que está cómoda con el tiempo que le toca vivir. En la casa de paredes descascaradas, acompañada apenas por Cata y César, los empleados que la ayudan a llevar adelante la vida doméstica, ella lee (siempre los libros…), resuelve rompecabezas imposibles, juega al solitario en la computadora, escribe y recibe mails. Se pregunta cómo puede haber gente que se aburra en esta época, "con los juguetes que hay ahora". También monta un diminuto tractor, corta el pasto. Deja el encierro hogareño, sale a la intemperie y, como hacía en los tiempos de la juventud, deja que la gloria de la lluvia le inunde el cuerpo. "Nunca me di cuenta de lo poco libre que era hasta que cumplí 60 años", le asegura a Cata, en una de las muchas conversaciones que la cámara captura así, como al pasar, entre la fiesta y la discreción.
Tras haber cosechado numerosos elogios y premios, Diletante figura hoy en el sitio web de Niklison (http:
/www.krisniklison.com), liberada para que la pueda ver quien quiera, en su versión completa. Aparece con una escueta aclaración, "1 año sin Bela", y las palabras de la hija: "Que la belleza y la genialidad de mi madre permanezcan por siempre en el planeta Tierra y que su luz brille eterna y universal".
Últimamente me ocurre que miro mucho a las mujeres mayores. Proyecto mi propia ancianidad, supongo; busco modelo. Me pasó en una estación de servicio: una ¿septuagenaria? ingresó con su moto. Llevaba jeans, una envidiable campera ceñida y, cuando se sacó el casco reglamentario, lucía un corte de pelo que me hizo pensar en Christine Lagarde, la directora del Fondo Monetario Internacional. Estimulante pero inalcanzable; ni con 20 años sería capaz de tanto estilo.
Hay otras, desde ya. Médicas que continúan atendiendo, abuelas que celebran a sus nietos tanto como a la aventura que sigue siendo su propia vida. Bela Jordán ya forma parte de esa galería. Su humor, sobre todo su buen humor. "Cuando uno envejece no hay que mirarse al espejo –recuerda, en el documental, el consejo que alguna vez le dio su padre–. Hay que dejar de mirar. Y seguir soñando." Pero Bela, pareciera, no puede ser admonitoria. Así que reirá, dejará asomar la picardía, dirá que, al fin y al cabo, la naturaleza es sabia: "Cuando te manda las arrugas, te saca la vista". El ojo de la cámara la sigue. Se acerca hasta lo indecible: primerísimos primeros planos de una piel que por momentos pierde humanidad; es un pliegue tectónico, un accidente geográfico, el detalle de una singular orografía. Hasta que llega al rostro, expuesto en todo lo que tiempo hizo con él. Imposible de ser considerado viejo. Nunca, con ese asombro alegre que lo ilumina.
Bela tiene un recuerdo de infancia que probablemente marcó su vida. En una reunión familiar, alguien pronunció la palabra "diletante". Ella preguntó qué quería decir. Su padre le respondió que un diletante es una persona que sabe hablar, sabe divertir y sabe divertirse. Bela, así de chiquita, decidió que eso era lo que quería ser de grande. "Y que a las palabras se las lleve el viento", le dice a la cámara, a su hija. A todos nosotros.







