
Del "estamos ganando" al "felices Pascuas"
En la semana que pasó, el relato chocó contra la realidad que más temía: el rechazo por parte de la Corte Suprema de Estados Unidos de la apelación argentina en el juicio contra los holdouts. La decisión amenazó en un solo golpe con desbaratar los esforzados pagos a Repsol, al Ciadi y al Club de París que el Gobierno venía haciendo para congraciarse con los mercados internacionales y lo dejó de vuelta a las puertas del temido default.
Fue una semana taquicárdica,de relatos contradictorios, con mercados que oscilaron con la misma desorientación y el frente interno del oficialismo que se debatió entre si debía acentuar sus mensajes chauvinistas de fidelización hacia la propia tropa, o enfriar la cosa, y concentrarse en una estrategia racional para negociar, sin atizar fuegos que compliquen una posible solución. Al no haber una definición por una u otra opción, sorprendentemente se las mantuvo en paralelo. Y cundió más la sensación de confusión.
Una leyenda repetida de los primeros años del kirchnerismo asignaba a Néstor Kirchner haber dicho: "Miren lo que hago, no lo que digo". Aludía a que su lengua cargada -aunque de menor voltaje que la de su esposa tras convertirse en su sucesora- no se compadecía con su gestión: estimable clima de negocios, los famosos superávits gemelos, el Indec funcionando a pleno, el dólar planchado y la desocupación en retroceso.
Después de un comienzo de semana con verba belicista, con los medios y comunicadores oficialistas operando en la misma dirección, la Presidenta viró drásticamente el viernes, en el acto por el Día de la Bandera en Rosario. Fue como volver a las fuentes, pero remixada: "Miren lo que hago y ahora también lo que digo".
Un mensaje explícito y para nada cifrado con un solo destinatario: el implacable juez que entiende en la causa, Thomas Griesa.
Página 12 recuerda a las publicaciones de la editorial Perfil en tiempos de la guerra de las Malvinas cuando retocaba las fotos de tapa de Margaret Thatcher para hacerla más siniestra. El diario oficialista hace volar su imaginación para asociar de mil maneras las imágenes del magistrado norteamericano con las de buitres reales, con las que ya ha decorado varias de sus portadas.
Cristina Kirchner habló del tema por primera vez el lunes a la noche por la cadena nacional tal como solían hacerlo los presidentes de antes, sentada en el sillón dorado a la hoja y con la bandera al lado.
Era el marco institucional adecuado tras conocerse una noticia de tan graves consecuencias económicas para el país. Pero la mandataria prefirió dedicar la mayor parte de su discurso a reseñar los errores de gobiernos anteriores a 2003 en materia de deuda externa y terminó calificando la decisión del tribunal norteamericano de "extorsión". No era la mejor señal para empezar a negociar.
El columnista político de Página 12, Mario Wainfeld, al día siguiente, resaltó que la jefa del Estado había hablado en el contexto de "un formato sereno" y la destacó como "oradora rigurosa". No tuvo la misma impresión el juez Griesa, quien consideró "un problema" las palabras presidenciales.
Ese mismo día, Axel Kicillof imitó a su jefa al reiterar, una vez más con gran amplitud, los errores del pasado (un pasado más bien remoto que no incluye, por cierto, los once años del kirchnerismo) y resultó escaso y difuso al referirse a lo que pensaban hacer.
Mientras el Gobierno tuvo una actitud pendular ante el tema, tanto a la militancia como a los medios oficialistas se los agitó con permanentes mensajes intransigentes: hubo marchas y banderazos contra la decisión norteamericana; 6,7,8 impuso su hashtag #DecileNoAlosBuitres y redireccionó los odios hacia videos viejos de los tiempos del blindaje y del megacanje. Hasta el periodista Eduardo Feinmann, desde la pantalla de C5N, bajó línea que "el fallo no es contra el Gobierno sino contra toda la Argentina".
"Griesa a favor de los buitres", arremetía Visión 7. "Éste es otro mundial", arengó Luis Bruschtein en el mismo noticiero en contra del "fallo ideológico". Del otro lado de "la grieta", Marcelo Bonelli, en Telenoche, hablaba de "fracaso" y en el programa de Jorge Lanata, en Radio Mitre, ironizaban con que la culpa también debería ser de Magnetto.
Hubo también una solicitada del gobierno argentino en The Wall Street Journal y a las filas oficialistas les resultó funcional un editorial de The New York Time y las críticas del FMI a la resolución del juez.
El escenario del Monumento a la Bandera en Rosario, donde en febrero de 2012 había amenazado con el "vamos por todo", parecía propicio para un nuevo discurso beligerante de la Presidenta. Para entonarla en esa dirección, la "Fiesta Patria Popular" apeló a la movilización de una militancia activa con carteles y bravuconadas contra los fondos buitre. Pero Cristina Kirchner sorprendió al pronunciar un mensaje conciliador en el que anticipó la decisión de querer "cumplir con el 100 por ciento de los acreedores".
El lunes, el discurso desafiante traía el déjà vu del "estamos ganando" de la guerra de las Malvinas. Sólo cuatro días después, la admisión de que se pagaría a todos los deudores tenía el sabor del resignado "felices Pascuas" de Raúl Alfonsín. Esta historia continuará.




