
Del libro encadenado a la portátil
Por Antonio M. Battro
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Fue una sorpresa para el adolescente que visitaba por primera vez Europa entrar en la bellísima Biblioteca Laurenciana en Florencia y comprobar que algunos incunables, los primeros textos que habían salido de la imprenta, estaban encadenados al pupitre.
Varias décadas más tardes en la Universidad de Berkeley advertí con idéntica sorpresa que muchas computadoras estaban amarradas a sus mesas. Con siglos de diferencia se repetía el mismo fenómeno: los nuevos instrumentos del saber, los primeros libros impresos y las primeras computadoras personales, eran objetos tan codiciados que los bibliotecarios los defendían con cadenas y los informáticos con trabas mecánicas.
El libro comenzó a ser fácilmente transportable cuando los venecianos difundieron los libros de bolsillo con enorme éxito, en contraste con los libros cautivos por su gran formato y precio. Con la computadora sucedió lo mismo. Las primeras portátiles cambiaron definitivamente el panorama de la educación.
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Hoy algunas bibliotecas tienen en los estantes computadoras portátiles a disposición de sus lectores además de los libros, revistas, videos, discos compactos y CD-Roms. Tanto los docentes como los alumnos pueden aprovechar el préstamo de una computadora portátil para realizar todo tipo de tareas. Es más, se puede generar un nuevo sistema de trabajo en grupo al conectar esas computadoras portátiles a la red del colegio, a las impresoras y a Internet en forma inalámbrica y salir con los alumnos al jardín a trabajar con ellas bajo un árbol.
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Podemos sacar una lección del pasaje de una información restringida por la tecnología propia de la impresión a esta ampliada por la tecnología informática. La primera es que se han roto definitivamente las antiguas cadenas de los libros, estos circulan sin trabas, se compran por Internet o se leen directamente en la pantalla de la computadora.
Por su parte las grandes bibliotecas del mundo están abriendo sus tesoros al mundo compartiendo sus manuscritos, incunables y ediciones raras mediante los recursos de la digitalización de textos e imágenes que se distribuyen libremente por la red. La Biblioteca Nacional de Francia ha iniciado un enorme proyecto en este sentido.
Finalmente los mismos editores han aceptado el desafío digital, la célebre Enciclopedia Británica está disponible en la red y muchos autores aceptan que sus libros impresos se difundan gratuitamente por Internet. Sucede que la versión digital puede ser el mejor camino para aumentar las ventas del texto impreso. En todo caso, el grupo de alumnos con sus computadoras portátiles con acceso inalámbrico a Internet, bajo la fresca sombra de un plátano no es una fantasía sino un modelo para imitar.
Los interesados en comunicarse vía correo electrónico con el autor, pueden hacerlo a la siguiente dirección:
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