Democracia y los ciclos de las "commodities"

Eugenio Díaz Bonilla
Eugenio Díaz Bonilla PARA LA NACION
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15 de noviembre de 2019  • 19:35

Es obvio que las convulsiones sociales que afectan a América Latina y el Caribe (ALC) han impactado por igual a países muy diversos en sus políticas públicas, como Ecuador, Chile, Bolivia y Venezuela, por nombrar solamente algunos. Esta convergencia de países debería disuadir aquellos que analizan la realidad con categorías generales como "progresismo" o "neoliberalismo." Es más útil desde el punto analítico tomar una visión más amplia del contexto macroeconómico mundial, y, en particular, del ciclo de las "commodities", y cómo impactan esos ciclos en sociedades desiguales e injustas como las de ALC.

Aunque parezca una exageración ir tan atrás, la historia de América Latina y el Caribe de los últimos 500 años está marcada por dos características: desigualdad en la riqueza e ingresos y la inserción en los mercados globales especialmente con exportaciones de materias primas. Esto ha sido resultado de tres estructuras productivas diferentes, producto de la geografía y el clima. Un primer grupo (especialmente en la costa atlántica) se basó en la agricultura tropical de exportación, que comenzó con azúcar en grandes plantaciones con mano de obra esclava (pero luego se extendió a otros productos tropicales). Un segundo grupo (básicamente en todo el arco andino y llegando hasta México) se basó en economías dominadas por la producción de minerales para las exportaciones (originalmente oro y plata, pero luego otros productos como cobre, estaño y petróleo), con mano de obra también esclava de los pueblos originarios y una ocupación de la tierra en grandes unidades. El tercer grupo ha sido la agricultura de clima templado en las llanuras del sur de las Américas (básicamente la Argentina y Uruguay). Al carecer de minerales y la posibilidad de producir productos tropicales de alto precio, estas regiones atrajeron mucha menos migración durante la época colonial, y la economía se basó en producción ganadera en grandes unidades de producción. Los tres tipos de producción generaron amplias disparidades de riqueza e ingresos (aunque comparativamente bastante menos en la tercera).

La otra característica de la región desde que se integró en los mercados mundiales durante la época colonial es que la evolución de la economía global y los ciclos de commodities han determinado en gran medida el desempeño de sus economías.

Con esas dos características en mente (desigualdad en la riqueza e ingresos, y fuerte influencia de los mercados globales) se pueden entender mejor los acontecimientos recientes.

El anterior ciclo de las materias primas tuvo lugar aproximadamente entre mitad de los 1970s (cuando empezó el alza) y hasta la segunda mitad los 1980s (cuando tuvo su ciclo declinante). El ingreso per cápita de América Latina y el Caribe creció alrededor de 3.6% por año durante los 70 y cayó a cero en los 1980s, en lo que la Cepal llamó la "década perdida." Los países que tenían dictaduras militares, repudiadas por muchas otras razones más allá de las económicas, pasaron a democracias. Y países con democracia, como Venezuela vieron el colapso de los dos partidos tradicionales y la aparición del movimiento liderado por Hugo Chávez. Este último ciclo arrancó en la primera mitad de la década de los 2000s y tuvo su pico alrededor de 2011. Desde entonces los precios de las commodities, con variaciones, han declinado. Entre 2000-2011 el ingreso per cápita de la región creció a 2.1% por año y desde entonces lo hizo a un 0.2% anual. En 2019 de 33 países con datos en América Latina y el Caribe el 60% estaba en recesión o estancado (creciendo a menos de 0.5%). Estos han sido los 7-8 años peores de la región desde los 1980s, y está poniendo bajo extrema tensión a la economía, la sociedad y la política de nuestros países. Ciertamente hay algunos que han manejado el ciclo con mejores políticas públicas y con democracia, como Uruguay y Colombia, y otros que han sido trágicamente incompetentes y autoritarios (como Venezuela). Pero la fase declinante de precios está afectando a todos, en un contexto de mayores aspiraciones de los pueblos de la región, de explosión de las comunicaciones sociales y donde las expectativas positivas por la vuelta a la democracia de los ochenta, que ayudaron en la transición anterior, empiezan a debilitarse.

Los países de la región nos debemos una discusión seria y sin antiparras ideológicas sobre cómo transformar la indudable abundancia de nuestros recursos naturales en crecimiento diversificado en lo económico (para depender menos de los ciclos globales), inclusivo en lo social (para tener una sociedad justa), sostenible en lo ambiental (si no queremos que la humanidad desaparezca) y con calidad democrática (para evitar mesianismos destructivos). La discusión entre "progresismo" y "neoliberalismo" a mi ver no clarifica mucho. Lo que importa son las políticas públicas específicas, su calidad de diseño e implementación, sin poner rótulos. Den Xiaoping, frente a la discusión de políticas que había en ese momento en China (especialmente sobre los roles del Estado y los mercados), habría dicho que "no es importante si el gato es blanco o negro, en la medida que cace a los ratones." Mucho pragmatismo y mucho diálogo democrático es lo que necesitamos ahora en nuestra sufrida región.

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