Dengue, ambiente y salud

Por Adolfo Sánchez De León Para LA NACION
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10 de diciembre de 2009  

La combinación de áreas densamente pobladas con problemas estructurales de saneamiento básico y pobreza, con mucha actividad migratoria y con la presencia del mosquito transmisor, hacen del conurbano bonaerense una zona de alto riesgo para la instalación del dengue. Hay consenso en la necesidad de extremar las medidas preventivas para evitar su instalación allí. La cuestión es cómo enfocar este trabajo.

Encarar el control y erradicación del dengue en el conurbano bonaerense desde una política sectorial es un error. Si no se lo enfoca desde una perspectiva multisectorial, resultará muy difícil su control, y en cada primavera resucitará el temor.

Las causas por las que el vector del dengue, el mosquito aedes aegypti , se encuentra desplazándose cada vez más al Sur tienen que ver con una multiplicidad de factores, la mayoría relacionados con el ambiente. Algunos de los que se han enumerado son las deforestaciones masivas, el aumento de la temperatura y la humedad, otras consecuencias del cambio climático, la sojización por el desmonte y el uso de agroquímicos, las urbanizaciones repentinas sin los servicios básicos, las migraciones, la pobreza, etcétera.

Pero, además, la principal medida de prevención contra el dengue, el "descacharrado", la operación consistente en eliminar los cacharros, neumáticos y otros recipientes que pueden servir como criaderos del mosquito, produciría, de realizarse correctamente, toneladas de basura no orgánica "nueva" en el conurbano. Su tratamiento y disposición final, para minimizar el impacto ambiental, no es un tema menor.

Los municipios que han encarado seriamente el tema se vieron sorprendidos por la magnitud de la nueva basura por procesar y disponer. Estos municipios no cuentan hoy con la infraestructura necesaria para su reciclado. La disposición final de la basura diaria ya es un problema en el conurbano. A ella se sumarán miles de toneladas adicionales no compactadas ni recicladas. En muchos casos, se generarán nuevos basurales de chatarra a cielo abierto, creándose nuevos criaderos de mosquitos y focos de contaminación.

Otra de las medidas que se debe manejar con sumo cuidado es la fumigación de viviendas y aledaños, y requiere también la mirada ambiental para definir con qué plaguicidas y en qué condiciones se fumiga, para minimizar el impacto ambiental y el riesgo para la salud humana y animal.

Que toda esta complejidad recaiga sólo en la posibilidad que tengan las secretarías municipales de Salud es un despropósito. A Salud le corresponden acciones no menores, pero, sin ninguna duda, para que el control del mosquito y la prevención del dengue sea un éxito la clave es el involucramiento de las áreas de ambiente y de desarrollo social, con un enfoque de trabajo multisectorial e interjurisdiccional de todas las estructuras del Estado y una clara decisión política de hacerlo.

Sólo en este caso el dengue puede ser controlado. Además, así estaríamos convirtiendo este problema en una excelente oportunidad para encarar de una buena vez la solución al enorme problema que significa el tratamiento y disposición final de la basura inorgánica.

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