Desalojamos

Fernando Sánchez Zinny
Fernando Sánchez Zinny PARA LA NACION
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2 de febrero de 2003  

"El que corte una ruta está requiriendo la presencia de un fiscal, cuando aparezca el fiscal ya está entrando en la justicia penal y cuando la justicia penal nos diga que tenemos que desalojar, desalojamos"

(Del gobernador de Buenos Aires, Felipe Solá.)

Totalmente de acuerdo. Aunque hay un problema morrocotudo y es que no se entiende si habla como piquetero o como damnificado. Cuando arden los candiles, es cierto que el inevitable final consiste no sólo en desalojar sino, muy característicamente, en pronunciar la consabida voz de orden: Desalojamos. Pero, según es sencillo de captar, muy distinto es irse que echar, y mucho más dejar el lugar con costurones e impactos de balas de goma que acudir a esos ingratos apurones con escudo de vinílico, casco y protector facial estilo Guerra de las Galaxias.

En rigor, decir así, de sopetón, "desalojamos", sin más aclaraciones, constituye un militante llamado a la confusión, sin que al respecto el gobernador tenga derecho alguno a reclamar que nos convirtamos en lectores de sobreentendidos o entrelíneas. Es un desliz, similar a algunos que ha tenido últimamente en torno de equívocos desagradables y que hacían imaginar que hubiese aprendido a curarse en salud, o mejor: a que en boca cerrada no entran moscas. Hace unos días ya protagonizó un entredicho tipo relaciones del gato -es decir, de la danza folklórica denominada "gato"-, debido a las molestias suscitadas por su presunto ascendiente con las damas. Ninguna gracia habría en que después de haberse proclamado tenorio rural sentase plaza de piquetero.

Confusiones, confusiones..., pero demasiadas. Y los excesos, como se sabe, no hacen bien. Todos metemos, de tanto en tanto, la de andar, pero no es cuestión de ser exagerado y menos un hombre político, en quien se supone siempre la adopción de cuidados especiales y exquisitos. Porque la confusión de alguien relevante puede ser tomada como aval de la confusión universal, maniobra engañosa capaz de generar stress en magnitudes industriales, al negar torpemente el principio básico: la confusión universal -conocida asimismo como caos posmoderno- es la causa última de todos los trastornos habidos y por haber, incluidos los que tienen al ingeniero Solá como agente inmediato.

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