Después de Chávez: América latina, un modelo para rearmar

El populismo de izquierda que representaba el fallecido líder bolivariano perdió a su mayor exponente y al mandatario que le daba proyección internacional, un giro que pone en jaque el juego de alianzas y abre interrogantes frente a las opciones estratégicas de la región
José Vales
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10 de marzo de 2013  

CARACAS.- "Prohibido llorarlo". Ésa fue la orden que el ahora presidente a cargo, Nicolás Maduro, le impartió al pueblo chavista cuando anunció el deceso del líder. Pues no fue escuchado de la misma forma que esa masa solía acatar cuando la orden emanaba de Chávez. De inmediato, cientos de miles de venezolanos llenaron las calles de lágrimas por la perdida del político que mejor supo conectar con los sectores populares a lo largo de la historia de este país cargado de riquezas y plagado de contradicciones. Un adiós masivo y popular al que sólo son acreedores aquellos líderes irrepetibles. Y Chávez, en tanto, líder, caudillo de cuño posmoderno, es uno de ellos.

Chávez, protagonista de las nuevas estructuras de integración, junto a sus pares en una cumbre de la Unasur, en 2010
Chávez, protagonista de las nuevas estructuras de integración, junto a sus pares en una cumbre de la Unasur, en 2010 Fuente: Reuters

Ya comienzan a sentirlo en carne propia, Maduro, su heredero político, y el resto de los caciques del chavismo que por ahora van cerrando filas detrás del vicepresidente. Pero también los líderes regionales que convivieron con él o se encolumnaron para desfilar por el callejón antiimperialista y antineoliberal que este líder, militar, alguna vez golpista, de vocación socialista y poco afecto a la institucionalidad, dueño de un autoritarismo que resaltaba su formación cuartelera y dueño de un carisma y un histrionismo singulares, había abierto a comienzos del siglo XXI.

Perdieron la mejor voz para explicar la impronta de esa suerte de neocaudillismo que atrapó a algunos países de la región, y la perdieron con la agenda para la integración regional aún, en gran parte, por ser desarrollada. Esa voz ahora ausente plantea el interrogante de un modelo para armar: el de la expansión de un discurso y una práctica política que sumó adhesiones en la región, pero que parece carecer ahora de un líder capaz de tomar la antorcha y mantenerlo vivo.

La muerte de Hugo Chávez conmocionó a Venezuela y a buena parte de América latina. Principalmente allí donde Chávez supo inocular (para utilizar el verbo de Maduro) su discurso antisistema, pero también el escaso apego de sus colegas por las instituciones, su fobia con el periodismo y la descalificación constante del que piensa distinto.

De la misma forma en que lo hizo con los venezolanos, Chávez supo hacerlo fuera del país. En algunos países más que en otros. En la Argentina, por ejemplo, su figura ligó rápidamente con los sectores nacioanalistas y progresistas, en buena parte gracias al ADN peronista que aparece prácticamente en toda la política argentina. No dudó en esparcir su influencia política, siempre sostenida en el asesoramiento de Fidel Castro y en la petrodiplomacia, que le ganaba severos cuestionamientos internos. Su receta para acumular poder caló hondo en aquellos países que salían de graves crisis político-sociales. No en vano fueron los Kirchner, Evo Morales y Rafael Correa los que se reconocieron rápidamente, en menor o mayor medida, en su liderazgo y en el manual chavista para la construcción rápida de poder. El mismo donde el dogma establecía pulverizar lo que quedaban de los partidos políticos, colocar al Estado como actor fundamental de la economía y aprovechar el crecimiento de la renta petrolera o sojera para derivarlos hacia los sectores sociales más postergados, sin resistir la tentación al clientelismo. Una construcción de poder donde cohabitan sectores de la izquierda más radical con sectores nacionalistas (ya sean militares o no) y organizaciones sociales de larga trayectoria.

De Chávez supo decir su mentor político, Luis Miquelena, que "políticamente era un diamante en bruto, pero tiene un minestrone ideológico". Esa mezcla y una alta dosis de pragmatismo le alcanzaron para convertirse en un líder regional y en el factótum de la integración, sustentada en una nueva e incipiente organización como el Unasur o la Celac, y que ahora parece quedar vacante.

"Fue un líder regional como no se había visto desde el apogeo de Fidel Castro", explica el politólogo Carlos Romero, de la Universidad Central de Venezuela (UCV), aunque aclara que "Chávez nunca pudo ostentar la hegemonía regional debido a su carga ideológica".

"Captó el apoyo de algunos gobiernos que le compraron el paquete, o la franquicia política, pero siempre estuvo limitado por la eficaz diplomacia brasileña. Aún así, no todos los gobiernos lo combatieron, a excepción de un período de Alvaro Uribe en Colombia. El chileno, los centroamericanos e incluso el estadounidense, aprendieron a convivir con él", acota Romero.

Sobre su rol en la integración y lo que significó Chávez en América latina, fue el ex presidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva, en un artículo publicado esta semana en The New York Times, quien puso el acento en los interrogantes que se plantean "ahora que no contamos con la ayuda de su energía ilimitada para avanzar en la unidad internacional y en la integración de América latina, en la que creía profundamente".

Lula destacó el papel decisivo del difunto presidente a la hora de crear la Unasur, el Banco del Sur y otras instituciones regionales que aún permanecen con poco más que los cimientos, al tiempo que destacó: "Uno puede no estar de acuerdo con la ideología de Chávez y con su estilo político, que sus críticos vieron como autocrático, pero nadie, ni sus más férreos oponentes, pueden negar el nivel de compromiso que sentía con los pobres de Venezuela y con la causa de la integración".

Cambios en el tablero

¿Cómo se moverán ahora las piezas del tablero latinoamericano? Para el argentino Juan Tokatlian, director del Departamento de Ciencia Política y Estudios Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella, el impacto político en una Latinoamérica sin Chávez "será probablemente diferente según el ámbito de referencia porque, por ejemplo, en América del Sur ya existía un balance ponderado entre los países que se proyectan más hacia la cuenca del Pacífico (Colombia, Perú, Chile), los inclinados a fortalecer el arco andino (Ecuador y Bolivia), una potencia que mira crecientemente fuera del área (Brasil) y un país (la Argentina) que ha oscilado en búsqueda de un lugar de influencia en la zona".

"En esta porción del continente, por suerte y en la práctica, nunca se impuso la retórica divisiva entre un presunto eje del bien y el eje del mal o entre la nueva y la vieja Sudamérica. Ha prevalecido -y nada indica que se modificará- una convivencia en un esquema de equilibrio sutil."

Tokatlian prefiere separar la reacción en América del Sur, donde observa "manifestaciones de reequilibrio más que vacíos de poder", de la de los países agrupados en el ALBA, en donde "la ausencia de un liderazgo altisonante como el de Chávez, que le daba una dimensión de despliegue superior a la suma de sus miembros, se hará sentir".

No fueron pocos los que desde el pasado 17 de febrero, con su abultada victoria electoral, comenzaron a ver en Rafael Correa a un posible sucesor en ese rol de vocero y líder de los gobiernos que adscribieron al ALBA, sintonizando la frecuencia del chavismo. "Tal vez sea muy pronto para saberlo. No porque el presidente Correa no tenga los quilates intelectuales y la legitimación social para hacerlo. Sino porque en el frente interno tiene algunos desafíos económicos clave", explica el politólogo de Flacso-Ecuador Simón Pachano.

En efecto, Correa ha sido el que mejor aplicó el manual bolivariano para la acumulación del poder. Terminó con lo quedaba de los viejos partidos políticos, impulsó una nueva constitución y puso a los medios de comunicación en la primera fila de la oposición. Al igual que Chávez pero en menor tiempo. Y como el extinto líder bolivariano, hizo del pragmatismo y de sus brotes autoritarios algunas de sus características. Puso fin a los acuerdos con EE.UU. por la Base de Manta, renegoció los contratos petroleros, utilizó cada foro a su alcance para denunciar al neoliberalismo. No le faltan pergaminos bolivarianos, pero, como asegura el venezolano Carlos Blanco, profesor de ideas políticas de la Universidad de Boston, "el carisma y el liderazgo no se heredan, se construyen".

Para el economista Walter Spurrier, Correa necesita "trabajar más en apuntalar la economía mediante la captación de inversión extranjera" antes de alimentar especulaciones sobre un rol relevante a nivel regional. Y si ésas son las perspectivas de Correa, mucho más lejos de convertirse en portador de la antorcha chavista está el boliviano Evo Morales, uno de los grandes beneficiarios de la petrodiplomacia de Chávez.

Petrodiplomacia en crisis

Ya desde 2011, en parte por la enfermedad y en parte por los desequilibrios económicos internos, el protagonismo de Chávez en la región vino mermando. Ahora, de la misma manera en que fronteras adentro el chavismo buscará reacomodarse para seguir gobernando sin la figura omnipresente del líder y fundador, fronteras afuera buscará un reposicionamiento que, según Blanco, "ya no estará guiada por las ayudas económicas porque la devaluación y la escasez, fruto de la falta de divisas, no le permitirá a Maduro o quien sea el próximo presidente, mantener el nivel de cooperación a la que Chávez tenía acostumbrado al país".

Esto no significa que se produzcan rupturas "sino reposicionamientos y una revisión de las expectativas en cuanto a la agenda regional", sostiene Romero. Tokatlian, por su parte, advierte que "difícilmente haya alguien tan generoso con los países del ALBA o respecto a los hermanos Castro como lo fue Chávez", aunque vislumbra "cambios graduales y prudentes antes que transformaciones bruscas y radicales en la región".

Más allá del liderazgo, con Chávez se fue también un estilo singular de comunicar, de establecer puentes entre la política y las clases sociales más bajas y, como lo subraya Romero, "una habilidad mágica para salvaguardar el mito político, aun cuando su gestión de gobierno no fue eficiente ni mucho menos".

"Los intelectuales lo llamábamos «el Mago», porque hacía desaparecer los efectos de sus propios errores con sus discursos implacables y eso es algo que los intelectuales todavía debemos descifrar", agregó Romero, quien observa como positivo en Chávez el hecho de "volver a colocar en el centro de interés a los sectores populares" y como negativo "su insistencia en la polarización y encerrarse en eso de no negociar, de no reconocer al opositor que es esencial en una democracia". Como en otros muchos aspectos, cualquier similitud con rasgos políticos que los argentinos podemos identificar en el kirchnerismo no es sólo casual.

A partir de ahora, la ausencia de Chávez en la región obligará a los distintos gobiernos a modificar algunas estrategias para avanzar en la agenda de un modelo de integración que ahora es necesario rearmar. Pero priva a políticos y a intelectuales -y por qué no a los periodistas- de un personaje único para el debate, para el estudio y para la ensayo, la crítica y la crónica. Géneros que lo tuvieron como un inagotable protagonista a lo largo las últimas dos décadas.

MÁS CONTINUIDAD QUE CAMBIO IDEOLÓGICO

El "giro a la izquierda" en los países de América del Sur como alternativa al neoliberalismo de los 90 tuvo en el chavismo un protagonista central, que le dio además una particular visibilidad fuera de la región. En el nuevo escenario político sin Chávez, ¿puede el péndulo ideológico de América latina moverse en la otra dirección?

Más que transformaciones radicales, los expertos anticipan la continuidad, aun con ajustes, de la orientación hacia la izquierda que caracterizó a la última década y media de la región.

"Las oscilaciones pendulares están moderadas por el fuerte consenso democrático que hoy en día se ha consolidado en la región –apunta Mariano Turzi, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT)–. El centro de la política latinoamericana se ha corrido, pero no sólo por la ideología de los gobernantes sino por el consenso de los gobernados."

Para Khatchik Der Ghougassian, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de San Andrés, "sin quitarle importancia al chavismo en la generación del fenómeno del «giro a la izquierda» en Sudamérica, las condiciones socioeconómicas, una tradición de movilización obrera y un legado de ideologías de anticipación y cambio son los factores que mejor explican el fenómeno". En este sentido, observa, "no creo que una supuesta crisis del chavismo tenga un impacto inmediato sobre la búsqueda y construcción de un modelo alternativo al Consenso de Washington en el sentido de regreso hacia la derecha o los 90". Ese proceso, dice Der Ghougassian, "seguirá su curso". "La ausencia de Chávez y su estilo particular de hacer política le quitarán un impulso y una visibilidad notable, pero el fenómeno va más allá de las personas", sostiene.

Coincide Turzi: "Aunque el riesgo de que la polarización pueda descarriar la transición siempre existe, hoy se observa como tendencia regional más continuidad y cambio gradual que fractura y reversión".

La misma continuidad observa Rosendo Fraga, director del Centro de Estudios Nueva Mayoría. "Si Chávez hubiera perdido la elección contra Capriles en octubre de 2012, ese hecho pudo haber sido una punto de inflexión en cuanto a la influencia del populismo en América latina. Pero muere habiendo ganado una elección recientemente y con posibilidades que su sucesor también la gane en las próximas semanas." Desde este punto de vista, "en el corto plazo el populismo latinoamericanos se beneficia, antes que perjudica por la falta de Chávez, y su muerte no implica un punto de inflexión que anticipe el retroceso de la corriente que lideró desde la Alianza Bolivariana de las Américas".

Nombres en danza

Una revolución que busca heredero

Figura central de la política latinoamericana durante los últimos 14 años, la ausencia de Chávez deja ahora un vacío que reclama un heredero capaz de mantener vivo su discurso y proyectar a nivel regional su controvertida revolución. Por afinidad ideológica, voluntad o método de construcción política, quizá esa figura surja de algunos de estos cuatro aspirantes

  • NICOLÁS MADURO

    Vicepresidente de Venezuela


    Desafíos internos . Seguro candidato del chavismo para las elecciones que tendrán lugar en menos de un mes en Venezuela, el vicepresidente a cargo del Ejecutivo tendrá por delante, en el caso de resultar triunfador, una agenda cargada de desafíos internos, que probablemente lo obligarán a relegar a un segundo plano la agenda internacional, una arena en la que Chávez buscó proyección personal y política.
  • CRISTINA KIRCHNER

    Presidenta de Argentina


    Afinidad y herencia . La Presidenta ha sido objeto de especulaciones en torno a la posible voluntad de proyectarse políticamente en un rol regional de mayor peso. Estas especulaciones se apoyan en su estrecho vínculo con Hugo Chávez y su afinidad en la visión y la práctica política, lo que la convertiría en una voz legitimada para mantener vivo su discurso en la región.
  • RAFAEL CORREA

    Presidente de Ecuador


    El mejor discípulo . El mandatario ecuatoriano hizo propio el socialismo del siglo XXI que impulsó Chávez y también su método de acumulación de poder, una combinación de personalismo a ultranza, atención y clientelismo con los más desfavorecidos gracias a los excepcionales recursos del petróleo a altos precios y la elección de los medios de comunicación críticos como principales enemigos políticos.
  • EVO MORALES

    Presidente de Bolivia


    Coincidencias y carencias . Unidos por la ideología, el antineoliberalismo y las necesidades económicas de uno junto con la voluntad de proyectar su influencia del otro, el presidente boliviano y el líder bolivariano estrecharon sólidos vínculos políticos y económicos. Pero, al igual que Correa, difícilmente Morales pueda portar por toda América latina la antorcha revolucionaria.
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