
Destino manifiesto
Por Julio César Moreno Para LA NACION
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Pareciera que la Argentina está empezando a ser vista con mejores ojos en el resto del mundo, tal vez como resultado de la normalización institucional y de algunos signos de reactivación económica. El vicepresidente Daniel Scioli, convertido en una especie de embajador itinerante del nuevo gobierno, durante su reciente visita a Estados Unidos y algunas capitales de Europa recogió efusivos elogios para nuestro país y algunas promesas.
Y Néstor Kirchner se prepara para su primera gira internacional. A mediados de este mes llegará a Londres, invitado por Tony Blair, para participar de una cumbre de presidentes de "países progresistas".
De allí partirá a Bruselas, donde se entrevistará con el titular de la Unión Europea, Romano Prodi, y después será recibido en París por el presidente francés Jacques Chirac y en Madrid por los reyes de España y el jefe de gobierno, José María Aznar. Y más adelante, dentro de unos dos meses, viajará a Washington para entrevistarse con George W. Bush.
Como puede verse, se trata de una gira realmente importante que, más allá de las formalidades diplomáticas, apunta a la reinserción de la Argentina en el mundo, después de la situación de aislamiento y desprestigio en que cayó a raíz del derrumbe de fines de 2001 y principios de 2002. En la agenda de viaje de Kirchner figuran temas como la gobernabilidad, la transparencia de las reformas en la Justicia, la seguridad jurídica y la integración entre la Unión Europea y el Mercosur.
Eje latinoamericano
El último tema mencionado tiene mucha importancia, ya que después de la consagración de Kirchner como presidente de la República parecía que la Argentina tenía un nuevo "destino manifiesto": el Mercosur y las relaciones argentino-brasileñas. Los abrazos de Kirchner con Lula da Silva sugirieron esa imagen y no faltaron alusiones a un supuesto "eje Caracas-Brasilia-Buenos Aires", como si el autoritarismo populista de Hugo Chávez tuviera algo que ver con los imperativos de la reconstrucción nacional argentina. El país se encamina, al parecer, hacia una política exterior realista y pragmática, coherente con sus propios intereses, que privilegia el Mercosur pero que no descuida el ALCA, y menos las relaciones con Estados Unidos y Europa. Y que también mira a Chile y los países andinos.
Pero hablando de "ejes", Anthony Giddens, asesor principal de Tony Blair, sugirió un eje Lula, Kirchner, Ricardo Lagos (el presidente chileno), que denominó el eje de la "izquierda responsable". Tal vez sea apresurado calificar al gobierno de Kirchner de "izquierda", y en cuanto a lo de "responsable", sólo el tiempo dirá si la Argentina llega a ser un país con responsabilidad institucional, jurídica y económica, que garantice la gobernabilidad y la seguridad.
Resulta interesante, de todos modos, que Giddens haya puesto a Chile en la idea de un eje latinoamericano. Existe un eje histórico y geográfico que va de Montevideo y pasa por Buenos Aires, Rosario, Córdoba, Mendoza, Santiago de Chile y Valparaíso. Con Chile hay casi cinco mil kilómetros de frontera común, lo que sugiere que el "destino manifiesto" también está en el sur. Y de Chile hay muchas cosas que aprender, aunque sea sin adoptar el "modelo chileno".
El autor es licenciado en filosofía y periodista.





