¡Dieta de metáforas!

Silvia Hopenhayn
Silvia Hopenhayn PARA LA NACION
El del viajero de Sterne sería un buen consejo para posibles gobernantes; la metáfora parece estar excluida de las dietas discursivas
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23 de octubre de 2015  • 00:04

Laurence Sterne, uno de los principales escritores ingleses, decía que para viajar era fundamental empacar una buena cantidad de palabras. Según él, con ello bastaba para disfrutar y comprender las maravillas que se le presentasen en los nuevos parajes. ¡Y poder gozar de contarlas! El lenguaje aquí entendido no tanto como erudición, sino como riqueza afectiva, posibilidad lúdica, precisión descriptiva, etc. El del viajero de Sterne, sería también un buen consejo para posibles gobernantes. La metáfora parece estar excluida de las dietas discursivas.

Para referirnos a un autor nuestro, ¡qué bien vendría un soplo del espíritu macedoniano en estos tiempos tajantes y megalómanos! Me refiero a Macedonio Fernández (1874-1952), quien escribió: "Lo que hay es que hay poco". Y otra frase, divertida y sutil: "Me pregunto por qué no estoy preso todavía, cometiendo la vida egoísta desde los veinte años."

Macedonio (nombre propio que se basta solo, como si se hubiera liberado de una estirpe), fue el escritor argentino que anticipó lo inacabable. Sus libros parecen hechos de hojas de árbol, donde faltan algunas páginas que se las llevó el viento. No cumplen con los requisitos del mercado editorial, son novelas metafísicas, inconclusas o aplazadas, juguetonas, entreabiertas. Libros de ideas, aforismos, apuntes, sueños y poemas. Y sus frases son como sogas para saltar. Quizá por eso se lo puede leer salteado. Él mismo antepuso a su novela "Museo de la novela de la Eterna", un prólogo "al lector salteado", que dice: "Confío en que no tendré lector seguido. Sería el único que puede causar mi fracaso y despojarme de la celebridad que procuro escamotear para alguno de mis personajes".

Por otra parte, no se trata del palabrerío para descalificar, reivindicarse o condescender. A veces lo que sobran son palabras. Macedonio se pregunta en su libro Cuadernos de todo y nada: "¿Cuál será el idioma cuya economía nos apure automáticamente a decir verdades?". ¡Vaya utopía semántica! Y luego agrega un paréntesis, no menos importante: "(También sería recomendable el idioma que nos tenga más callados)". De este mismo libro, -ahora presente en las librerías- son frases como "Toda vez que se ha intentado la definición de la locura, buena parte de la cordura quedó abarcada en esa definición" o "no se ve ya un ignorante sin diploma".

¿Estará permitido en veda electoral promover la candidatura de Macedonio para la renovación del lenguaje?

Jorge Luis Borges confesó haberlo imitado, "hasta la transcripción, hasta el apasionado y devoto plagio. Quienes lo precedieron pueden resplandecer en la historia, pero eran borradores de Macedonio, versiones imperfectas y previas." Pero no alcanzó con la admiración de Borges; la obra de Macedonio apareció desperdigada, y él mismo hizo lo posible para escabullirse de la fama y discontinuarla.

A pesar de su pródigo escondite, la obra de Macedonio, desde hace unos años, vuelve a ordenarse en los distintos tomos que ofrece Corregidor, y que van desde Papeles antiguos (tomo 1), hasta Todo y nada (tomo 9). Y entre medio, su célebre Museo de la novela de la Eterna (tomo VI) o No toda es vigilia la de los ojos abiertos, y otros escritos metafísicos (tomo 8).

De todas maneras, su obra publicada no alcanza para dar cuenta de lo bien que Macedonio le hizo a nuestra lengua. Porque gran parte de su búsqueda y sus ganas estaban puestas en la conversación (de allí su fama socrática). El ejercicio vital de la condición humana se realiza en el intercambio simbólico, lo que Macedonio llamaba "la pasión del pensar", cuando se piensa de a varios. No por nada, su tesis doctoral se tituló "Sobre las personas".

Sus textos son raros a la hora de clasificarlos, más bien se parecen a los días que transcurren, imposibles de coincidir con el almanaque que los estipula. ¿Qué es un día vivido en relación a un día cronológico? Porque el texto mismo de Macedonio es su forma de vida: el ser de las palabras. ¿Cómo clasificarlo entonces? Podría inventarse un término: "textimonial".

¿Estará permitido en veda electoral promover la candidatura de Macedonio para la renovación del lenguaje?

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