
Diez soluciones para diez problemas
Varios países del mundo han logrado lo que en la Argentina parece imposible: conseguir una solución para los problemas endémicos que nuestro país no puede resolver
1 minuto de lectura'
Evasión fiscal, violencia en el fútbol, falta de educación vial, corrupción policial, inundaciones... Pasan los gobiernos, pasan las décadas, y en la Argentina algunos problemas permanecen como males endémicos imposibles de extirpar generación tras generación.
La más que centenaria contaminación del Riachuelo, el creciente deterioro de la calidad escolar, la crisis de inseguridad, el desesperante caos en el tránsito, son otros ejemplos de aquellas cuestiones a las que los argentinos parecemos no poder darles solución.
Sin embargo, otros países del mundo sí pudieron hacerlo. San Pablo está logrando convertir el río Tieté, tan contaminado como nuestro Riachuelo, en una vía navegable bordeada de cerezos y donde vuelven a nadar los peces. España está consiguiendo bajar los altos índices de muertes por accidentes de tránsito con duras normas que obligan a los automovilistas a respetar la ley. Holanda es un ejemplo en la lucha del hombre contra las inundaciones. Gran Bretaña consiguió que ir a ver fútbol no sea una experiencia traumática. Nueva York depuró una policía contaminada por la corrupción.
Cómo el mundo logró lo que aquí parece imposible.
Inseguridad: el desarme brasileño
Cuando el resultado de aplicar una buena idea se mide en miles de vidas, vale la pena ver de qué se trata. Un estudio divulgado la semana pasada en Brasilia demostró una relación directa entre la campaña de desarme civil realizada en Brasil y una caída del 8,2 % en el número de muertes por arma de fuego, del 2003 al 2004.
La campaña de desarme comenzó en julio del 2004, impulsada por el Ministerio de Justicia con el apoyo de organismos como la Unesco. El objetivo inicial era retirar de circulación armas en manos de civiles, con o sin licencia. No se buscaba desarmar a la delincuencia, que naturalmente no iba a entregar su "instrumento de trabajo" por una mera campaña. Se trataba de reducir la cantidad de armas en circulación, responsables de las muertes accidentales, peleas de tránsito o discusiones entre amigos o familiares que terminaban en tragedias. Al retirar las armas de fuego de las manos de civiles se evitan también intentos fallidos de defensa que terminan en muerte y se reduce la posibilidad de que esas armas pasen con facilidad al mundo del crimen.
Se le pagaron hasta 100 dólares de indemnización a cada ciudadano que fuera hasta una comisaría a entregar su arma, cuyo origen no estaba obligado a justificar. El resultado de la campaña fue impresionante: el pronóstico inicial estimaba que se recogerían 80.000 armas, pero hasta la semana pasada ya se habían reunido casi 500.000. Después de trece años consecutivos de aumento en el número de víctimas por arma de fuego, en 2004, por primera vez, se registró una reducción. En 2003 hubo en total 39.325 víctimas; en 2004, 3234 víctimas menos, lo cual representa un 8,2 % de reducción de número de muertes por armas de fuego.
El crecimiento de 5% de la economía en 2004 podría haber sido propuesto como la explicación del descenso en los indicadores de la violencia. Los números, sin embargo, no dejan lugar a dudas: en el conjunto de ciudades en que hubo una alta tasa de recolección de armas de fuego, la reducción de las muertes llegó a 14,5 %. En las ciudades en las que la iniciativa no tuvo mucho eco y la entrega de armas fue menor, la tasa de homicidios se redujo apenas un 2 %.
La campaña fue acompañada por acciones pedagógicas de concientización, como la organizada por la Unesco para que los chicos entregaran sus armas de juguete y recibieran otro juguete a cambio.
Este año, casi 105 millones de brasileños irán a las urnas para votar en un referendo de impacto revolucionario. "¿El comercio de armas de fuego y municiones debe ser prohibido en Brasil?", es la pregunta a la que deberán responder apenas con un sí o un no. Las encuestas muestran que el apoyo a la prohibición ya supera el 80 %. Comprensible en un país que tiene 115 homicidios diarios, con víctimas y victimarios concentrados, en su mayor parte, entre jóvenes de 15 a 24 años.
Luis Esnal
Evasión fiscal: endurecer las normas y hacerlas cumplir
Si el impuesto vuelve al pueblo, ¿para qué lo cobran?". Con su habitual ironía, hace más de treinta años la revista Satiricón se burlaba así de una campaña estatal (otra de tantas) que llamaba a los argentinos a cumplir con el fisco, bajo una consigna que, palabras más o menos, decía: "Su impuesto vuelve al pueblo, en obras". Consigna que, por otra parte, debería resultar obvia, si el sistema funcionara como debe.
La humorada, en todo caso, no hacía más que reflejar un sentimiento profundamente arraigado en la cultura argentina y que es una de las causas (no la única, claro) de la evasión impositiva, un fenómeno casi endémico de la economía argentina.
Su propia condición de informalidad hace difícil establecer un cálculo preciso, pero diversos estudios y economistas señalan que la economía "en negro" ronda entre el 30 y el 50% de la actividad declarada. Los números de la AFIP (que coinciden con proyecciones privadas) indican que este año la recaudación alcanzará una cifra cercana a $ 110.000 millones. Calculando un promedio de evasión del 40%, la suma que el fisco deja de percibir se ubicaría cerca de los 44.000 millones.
La alta evasión tributaria no es un mal exclusivo de la Argentina. Pero vale la pena, entonces, mirar qué hicieron otros países para solucionarlo. Lo que parece estar claro, según los especialistas y el sentido común, es que la lucha contra la evasión no puede ser un elemento aislado, sino una medida de política económica integral, con el máximo compromiso político.
Hasta 1990, pese a la dureza del régimen militar en otros campos, en Chile la evasión equivalía al 33% del PBI. Hoy se ha reducido al 20%, según los últimos datos del Banco Interamericano de Desarrollo. Primera clave: la continuidad. En aquel año, el presidente Patricio Aylwin nombró como director del Servicio de Impuestos Internos (SII, equivalente de la AFIP argentina) a Jaime Etcheberry, un ejecutivo que había trabajado durante años en el sector privado y que estuvo en su cargo hasta 2002. Etcheberry contrató a un head hunter para seleccionar a los 150 principales gerentes del organismo. Luego los instruyó para realizar un exhaustivo análisis del sistema impositivo y simplificar los procedimientos de fiscalización y pago.
En 2000, se dio comienzo a un duro plan de lucha contra la evasión. Se aumentaron las multas, se sancionó como delito "la confección, venta y tenencia de documentación tributaria falsa", se hizo obligatoria la presentación de declaraciones y el pago de impuestos a través de medios electrónicos (como Internet).
Hasta aquí, las medidas normativas. Pero la clave estuvo en hacerlas cumplir. El paquete incluyó un aumento de la dotación de funcionarios del SII en más de 500 agentes, para quienes se instrumentó un sistema de pagos de incentivos de acuerdo con el cumplimiento de objetivos de recaudación.
Luis Cortina
Televisión pública: el modelo de la BBC
Los británicos adoran a la BBC (British Broadcasting Corporation), a tal punto que no dudan en considerarla un miembro más de su familia. Es por eso que la apodan "auntie" (tía).
Esta parienta adoptiva, cuya misión desde 1926 es "educar, informar y entretener", anualmente recoge la licencia, 216 dólares, de cada hogar, negocio y todo tipo de edificio (incluso casas rodantes) que cuente con un televisor, no importa si éste transmite en blanco y negro o color.
A cambio, los contribuyentes reciben señal de una docena de canales de televisión (incluidos dos dedicados exclusivamente a los niños, uno a la cultura y otro de información continua) más otra docena de frecuencias de radios. Todos con más de un 80 por ciento de programación propia y sin la más mínima interrupción publicitaria.
La licencia da acceso, además, a otros tres canales semipúblicos (ITN, Channel Four y Channel Five) autorizados a pasar avisos comerciales, así como a otros privados que transmiten en forma digital pero gratuita (como Sky News). Quienes desean ver otros canales deben pagar la suscripción correspondiente.
Las licencias cubren los gastos de la BBC, pero la corporación se financia, además, mediante la comercialización de sus programas al exterior y con la publicidad que emite en el canal de difusión extranjera (BBC World), el cual recibe también dinero de las arcas del Foreign Office. Este canal es el único que recibe ayuda en forma directa del Estado y opera en gran medida fuera de la órbita general de la corporación.
La BBC defiende con orgullo su independencia del gobierno, algo que quedó recientemente en evidencia a raíz de su crítica actitud frente a la invasión de Irak. Quienes deciden su futuro son los televidentes, constantemente consultados. La BBC monitorea los ratings de su programación, pero su objetivo no es ganar en la batalla por audiencias masivas, como lo es en el caso de sus competidores. Esto le permite arriesgarse en la realización de programas culturales y deportivos que atraen audiencias reducidas.
La evasión del pago de la licencia lleva multas de hasta diez veces su valor original y puede resultar en una pena de cárcel. La BBC cuenta con una flotilla de camionetas que recorren todo el país con aparatos que detectan televisores no registrados. Son pocos quienes se arriesgan a ser descubiertos en flagrante delito. Especialmente en Londres donde, desde hace un año, la identidad y domicilio de los evasores es publicada en carteles gigantes en las estaciones de los subterráneos. Aquí no hay papelón mayor que el haberle fallado a la "tía".
Graciela Iglesias
Caos vial: fortalecer el transporte público
Aunque pueden parecer la excepción más que la regla, ciudades como Curitiba, Bogotá, Barcelona, Londres y París son ejemplos contundentes de que el caos vial no es la única salida posible para las grandes urbes.
La solución, en todos los casos, fue tan simple que casi parece obvia: desarrollar un completo y eficiente sistema de transporte público con el fin de optimizar -y potenciar- la infraestructura existente.
Andrés Borthagaray, ex director del Consejo de Planeamiento Estratégico porteño, coincide en que la clave en materia de tránsito no requiere grandes inversiones en autopistas. "El secreto está en la creación de alternativas novedosas para el uso eficiente de la infraestructura existente, combinada con adecuadas medidas de tránsito y una policía ad hoc que garantice su cumplimiento", explica.
A modo de ejemplo cita el caso de Curitiba, una ciudad de pequeñas dimensiones que cuenta con un sistema de transporte público considerado como el más accesible de Brasil. La razón: posee una eficiente red de transporte integrado y, además, ofrece soluciones para las personas discapacitadas.
Ampliando la escala, Borthagaray señala a la capital colombiana como el ejemplo de una ciudad latinoamericana más populosa que pudo encarar exitosamente el desafío del tránsito. "Bogotá tenía gravísimos problemas de tránsito, pero aplicaron principios similares al caso de Curitiba. Su sistema de transporte, el Transmilenio, está funcionando con mucha eficacia."
Borthagaray propone a los Estados Unidos como caso testigo, ya que allí se han llevado a cabo distintos modelos. Boston, San Francisco, Chicago y Nueva York son ciudades que apostaron fuerte al transporte público. Pero también está el caso de Los Angeles, que realizó una gran inversión en autopistas y aún no logra solucionar sus problemas.
Al otro lado del océano, París, Londres y Barcelona también hallaron a un gran aliado en el transporte público. "Barcelona tiene además una autoridad organizadora del transporte que le aporta una visión de conjunto. En esa ciudad realizaron un pacto de movilidad, en el que participaron todos los actores involucrados, para fijar pautas claras que se cumplen gracias a la existencia de un cuerpo de policía de tránsito", dice Borthagaray, también ex subsecretario porteño de Tránsito y Transporte.
París y Londres tienen desarrollos muy completos en materia de transporte público. Su comprobada eficacia vuelve razonables las medidas restrictivas que allí aplican al tránsito automovilístico en las zonas céntricas. En Londres, por ejemplo, para ingresar al macrocentro se debe pagar un peaje de cinco libras.
Los ejemplos mencionados muestran que superar los problemas de tránsito no exige tanto dinero como sí un decisivo cambio de óptica para pensar soluciones y definir prioridades en materia vial.
Lorena Oliva
Violencia en el fútbol: los hooligans acorralados
La tragedia del estadio de Heysel, en Bélgica, en 1985 -cuando el descontrol de los hoolingans dejó una secuela de 39 muertos y más de 350 heridos luego de la derrota del Liverpool ante la Juventus- marcó un punto de inflexión en la política inglesa con respecto al fútbol. Después de años de sucesos violentos, el desastre de Bélgica obligó a encontrar una solución y expertos de todos los sectores asesoraron al gobierno, la policía y la Asociación de Fútbol.
Como resultado de esa iniciativa, se prohibió el consumo de alcohol en el estadio, el ingreso de vasos de vidrio a las tribunas y estar de pie durante el partido. Como estas medidas hicieron caer la venta de cerveza y la asistencia a los estadios, para compensar, aumentaron el precio de las entradas.
También se instalaron cámaras de vigilancia ultramodernas y la policía realizó operativos especiales de infiltración. Se detectaban "elementos transgresores" y se impedía su ingreso a los estadios por determinada cantidad de tiempo, mientras las autoridades se pasaban los datos de individuos indeseables de una ciudad a otra, e incluso entre los países europeos.
El famoso hooligan, nos fuimos enterando, era alguien que elegía esta condición por gusto, como un deporte que acompañaba al deporte. A menudo racista, homofóbico, tambien antisemita, el hooligan elegía la violencia como programa del sábado por la tarde. Por eso, otro factor importantísimo fue la aparición de Sky, el grupo de televisión satelital que adquirió los derechos de transmisión en vivo de los partidos. Aunque es difícil medir su impacto, hay coincidencia en que fue fundamental para desalentar la asistencia a los estadios: para un gran sector de la población el único contacto con el fútbol es a través de la TV.
Por otra parte, una serie de factores se fueron dando más o menos coincidentemente. Por ejemplo, el furor que hubo en la juventud inglesa por el éxtasis. Por esos tiempos, esta droga, que inducía a un estado pacífico, al deseo de abrazar al prójimo, empezó a tener su centro de consumo y distribución en las raves, fiestas organizadas a espaldas de la policía. Como los hooligans eran quienes más experiencia tenían en ese tipo de organización clandestina, comenzaron a trabajar como una suerte de seguridad privada de las raves. Al mismo tiempo, tras haber pasado toda la noche abrazados bailando, los hinchas de clubes rivales ya no querían pelearse el sábado por la tarde.
De a poco, el perfil del hincha fue cambiando. El alto precio de las entradas desalentó a la gente de recursos modestos, aunque los estudios demostraron que muchos de los partícipes más vehementes en la violencia organizada eran en realidad hombres jóvenes, más bien blancos, y a menudo empleados corporativos o de bancos.
Y tal es la situación actual. Ir a ver a Chelsea, o a Manchester United, o a Arsenal es una experiencia de elite: puede llegar a costar cientos de libras esterlinas una entrada, y entre los espectadores que aplauden a Hernán Crespo, a Thierry Henry o a Ruud Van Niestelroy habrá nombres igualmente famosos. Los estadios son limpios, los VIPS parecen hoteles, en lugar de tablón hay mesas de manteles blancos y gran parte de la hinchada está vestida como si fuera a la ópera.
Marcela Mora y Araujo
Calidad educativa: el avance de Escocia
Mientras la educación primaria argentina, por su capacidad de inclusión y el homogéneo nivel de instrucción que siempre alcanzaron los alumnos, fue considerada en el siglo pasado un modelo para América latina, la escuela secundaria arrastra hoy una deuda significativa.
Además de los altos índices de deserción (según estadísticas oficiales, el 47 % de los 790.000 chicos que empiezan el primer año no termina la enseñanza media), quizás, lo más grave es que ésta se combina con una calidad insuficiente, ya que muchos de los que obtienen el título no dominan condiciones mínimas de aprendizaje, como la comprensión de la lectura y el manejo de operaciones matemáticas básicas. En sintonía con la extendida fragmentación, conviven en el país egresados de alta calidad con graduados que acceden al título pero no dominan los conocimientos.
Entre los países que más han avanzado en la calidad de la enseñanza se encuentra Escocia, que en las pruebas de evaluación internacionales PISA 2000 integró el lote de los diez mejores países del mundo: se ubicó 6° en lectura, 5° en matemática y 10° en ciencia, cuando la Argentina ocupo los puestos 35°, 34° y 37°, respectivamente.
"Lo que más desarrolló Escocia en los años 90 es el sistema de inspecciones escolares, que no es un férreo mecanismo de control sino un proceso abierto, participativo, para fijar metas y superar dificultades", relató a LA NACION la especialista Margarita Poggi, directora nacional de Información y Evaluación de la Calidad del Ministerio de Educación, al rescatar esa estrategia como un eficaz instrumento para garantizar una enseñanza de calidad.
Las escuelas, que tienen un presupuesto propio, realizan una exhaustiva autoevaluación, en el que pasan revista a siete indicadores básicos vinculados con los planes de estudio, los resultados, el aprendizaje, el apoyo a los alumnos, el clima institucional, los recursos y la capacidad de liderazgo y gestión. Cada escuela formula su propio plan de desarrollo, con metas para cumplir en tres años, y luego llega la visita de un equipo externo de inspección, que permanece una semana en la institución, realiza entrevistas, observa clases y diseña el plan definitivo. Así se fijan, por ejemplo, metas para mejorar: desde desarrollar la capacidad de los alumnos para el cálculo mental hasta fijar estrategias para incentivar la lectura.
Aunque Juan Carlos Tedesco, director del Instituto Internacional de Planeamiento de la Educación (IIPE), incluye a Escocia entre los países europeos que son exitosos en educación porque les va bien en todo lo demás: no es sólo un éxito educativo aislado. De todos modos, consideró que el problema del secundario en la Argentina es que fue pensado como una instancia preparatoria para la universidad pero hoy se necesita que dote de herramientas a los chicos para insertarse en el mercado laboral.
Mariano De Vedia
Contaminación: Brasil limpió su Riachuelo
San Pablo, la mayor ciudad de América del Sur, también tiene "su" Riachuelo. Se llama Río Tieté y sus aguas corren a lo largo de 40 kilómetros dentro del área metropolitana.
El Tieté es un viejo conocido de los paulistas. Se lo ve en forma constante cuando se circula por la Marginal -una anchísima colectora de autos y camiones por la cual uno sale de la ciudad, va para el aeropuerto o atraviesa de un lado al otro esta urbe gigantesca-. El río corre en el medio, y en cada una de sus márgenes están estas avenidas, por las que circulan más de 350.000 vehículos por día.
El Tieté tiene la dura misión de recoger toda el agua de lluvia de la ciudad, así como un centenar de arroyos que cortan la ciudad y que terminan tomados por cloacas clandestinas y aguas industriales sin tratamiento.
El Tieté paulista y el Riachuelo porteño/bonaerense tenían algunas semejanzas que los volvían "parientes": las aguas cloacales sin tratamiento, el olor pestilente, la ausencia total de peces, la suciedad en sus orillas, las inundaciones esporádicas y la imposibilidad total de navegarlos. Además, claro, de las eternas promesas políticas de que un día volverían a ser limpios.
Mientras los días del Riachuelo pasaban, el Tieté cambió por completo. En 1999, con un crédito de 400 millones de dólares del Banco de Cooperación Internacional de Japón, el Estado de San Pablo inició el trabajo para recuperar el río. Una primera parte del trabajo, que tenía el objetivo de eliminar las inundaciones urbanas, fue hecha con otros 400 millones de dólares -200 millones del Banco Interamericano de Desarrollo-. La primera medida fue profundizar el lecho del río y ensancharlo, de 22 a 46 metros. Con la obra se redujo casi a cero la posibilidad de una inundación como las que solían producirse apenas comenzaba a llover.
Los números del emprendimiento son impresionantes. Para dejar el Tieté más amplio y sin basura se retiraron 15.000 toneladas de barro y residuos, así como 120.000 neumáticos. Entre 2002 y 2005 trabajaron 200 máquinas -grúas, barcos y camiones- y 4000 empleados, repartidos en tres turnos, para que se trabajara durante 24 horas en la obra. Los pastizales que rodeaban todo el recorrido del río -y que espantaban a quien acababa de aterrizar por primera vez en la ciudad y tenía que circular por la Marginal viendo el río a su izquierda- fueron eliminados por completo. En su lugar se construyeron rampas de cemento. El barro y los residuos retirados del río se destinaron a empresas especializadas en tratarlos hasta su conversión en abono. Y los neumáticos fueron reciclados y se convirtieron en una protección para los guard-rail de la avenida Marginal.
Al costado de la avenida se están plantando 9000 árboles y 100.000 arbustos, además de césped. También cerezos, planta nativa de Japón, como un agradecimiento al crédito y asesoramiento dado por ese país. El gobernador de San Pablo, Geraldo Alckmin, anunció esta semana que pretende convertir ese corredor en una ciclovía.
El proyecto de descontaminación del río incluyó la conexión de las cloacas de las casas a la red cloacal y la fiscalización de las industrias que cercan el Tieté y los arroyos de la ciudad. En 1994, la infraestructura permitía que apenas el 24% de todos los residuos cloacales que llegaban al río recibieran tratamiento; hoy ya hay infraestructura para tratar el 85%.
Antes del inicio de la limpieza del Tieté, la mancha de contaminación del río se extendía 300 kilómetros hacia adentro de San Pablo. La mancha ya retrocedió 120 kilómetros y hoy es posible encontrar peces a 180 kilómetros.
Luis Esnal
Muertes en las rutas: severidad española
Por supervivencia, lo que debe evitar un inmigrante argentino que retorna a la patria es trasladar hábitos viales. Porque el automatismo puede significar que lo atropellen en su primer cruce de esquina.
La regla básica de todo automovilista de España - y de buena parte de Europa- es la prioridad absoluta del peatón. Que las cebras son territorio sagrado al que no puede entrarse como si fuera propio. Y, de paso, que los carriles pintados en el pavimento son como bloques de ladrillos que no se cruzan así nomás.
Ser peatón en este país es un placer. Un placer tan real que, visto desde nuestra pobre tierra de maleducados viales, parece de otro planeta.
¿Cómo empezó el cambio? Fácil: hace tiempo se fijó aquí la seguridad vial como objetivo. Y se lo puso en marcha.
El primer escalón es la obtención del registro. En España eso significa pasar dos pruebas: una teórica y otra práctica. "Para la teórica tienes que estudiar como Einstein", suele decirse. Los adolescentes se preparan a lo largo de todo un año, porque -de lo contrario- difícilmente aprueben.
LA NACION asistió a una toma de examen en la madrileña Dirección de Tráfico y era como asistir a uno de facultad: un aula en silencio, con personal vigilando que nadie copie. Y un formulario de 40 preguntas con sólo un diez por ciento de tolerancia de error. Si no, vuelta a rendir.
El práctico se rinde en la calle, con instructor oficial en auto de doble comando. Y no son contemplativos. Entre preparación y derechos de examen, todo el trámite ronda los 1000 euros (3500 pesos). Suficiente esfuerzo para que nadie ande con bromas y se lo tome en serio.
"Durante el proceso se incorporan hábitos de buen conductor", dicen los técnicos. Así, la primera parte del plan oficial fue la educación.
La segunda fue el sistema punitivo. Existen radares y policía de tráfico para aplicar multas. Y lo primero que conviene olvidar ante ellos es el patético "si quiere lo arreglamos aquí mismo"..., con que suelen convidar en casa quienes tienen la misma tarea.
Con todo, el actual gobierno socialista decidió reforzar y aplicó, en los últimos meses, un plan de choque. Para empezar, sembró las rutas nacionales de radares contra el exceso de velocidad: ahora hay 37 en todo el territorio. No están escondidos y aún así su presencia es disuasoria.
Otro paso fue el denominado "registro por puntos", que comenzará a regir a fin de año. Esto es: cada conductor tendrá una ficha limpia de 12 puntos, que se le irán descontando en caso de infracción y según su gravedad, hasta que -llegado el caso- pierda la licencia por completo. Si quiere recuperarla, deberá pasar antes por 24 horas de clase de "rehabilitación"... con asociaciones de víctimas de accidentes de tráfico. No será un trago fácil.
Eso, al margen de las penas en dinero o judiciales que correspondan. Por caso, omitir el cinturón de seguridad puede llegar a significar 300 euros en multa.
Pero nadie se queja. Se sembró con rigor en educación vial. Y la cosecha natural es más respeto por la vida.
Silvia Pisani
Inundaciones: la receta holandesa
Con un cuarto de su territorio debajo del nivel del mar y dos tercios fácilmente inundables, el agua es en Holanda omnipresente. A veces para bien, otras para mal.
Este es el país de los simpáticos pólders, protagonistas de leyendas como la de Hans Brinker, ese niño que salvó a su pueblo de las inundaciones metiendo la mano en el agujero de un dique que amenazaba con ceder a la fuerza de las aguas. Pero el prestigio holandés en el área del manejo de los recursos hidráulicos no es producto de una leyenda, sino de una tragedia.
El 1° de febrero de 1953, el sudoeste del país fue invadido por las aguas a raíz de una espectacular tormenta que generó un mini tsunami. Más de 1800 personas perdieron la vida y otra decena de miles sus hogares. Esto motivó la instalación de un ambicioso proyecto: la Obra del Delta. Todas las pequeñas rías y estuarios del sudoeste fueron cerrados mediante un sistema de diques y barreras fijas. Una de las dos principales arterias permanece abierta -la del estuario cercano a Rotterdam- pero cuenta con una masiva barrera movediza, conocida como "Maeslant", capaz de ser accionada automáticamente de acuerdo con la información recibida del servicio metereológico. Las posibilidades de que se repita una tragedia similar no son remotas, especialmente si se tiene en cuenta el aumento de los niveles del mar a raíz del calentamiento global. Pero las autoridades holandesas estiman que, si se compara esta situación con los riesgos que implica vivir en las inmediaciones de un depósito de fuegos artificiales, de un túnel o de un aeropuerto internacional, hoy se puede vivir con más tranquilidad cerca de un pólder holandés. La Agencia Holandesa de Administración de Aguas sostiene que la situación actual es más segura que hace medio siglo. El verano pasado, un dique se rompió, pero no a causa de inundaciones, sino por el extremadamente bajo nivel del agua. A raíz de la ausencia de lluvias, un dique de turba se comprimió a tal grado que se debilitó y cedió.
Para evitar otro imprevisto similar, la agencia fortalecerá no sólo los diques que contienen directamente el agua de mar, sino también los que se encuentran en el interior. De tal manera, se crearán áreas de menor superficie, rodeadas por diques y provistas de esclusas y presas para evitar que, en caso de una rotura, las aguas invadan toda una región de una sola vez. Las obras costarán entre 20 y 40 millones de euros.
En cuanto a los diques fluviales, Holanda ya ha activado un plan especial, motivado por las inundaciones de los ríos Rin y Mosa, en 1993 y 1995, respectivamente. En el marco de esas obras, ha prohibido la construcción de viviendas en los lechos fluviales altos y ampliará artificialmente las cuencas. Holanda colabora en esa misión con sus vecinos de Alemania, fervientes defensores, a su vez, del método de la planta masiva de árboles y arbustos en las zonas ribereñas para facilitar la absorción del exceso de líquido y evitar la desertificación que elimina los obstáculos que la naturaleza suele colocar al avance indeseado del agua.
Graciela Iglesias
Corrupción policial: tolerancia cero en Nueva York
Con la mayor fuerza policial de los Estados Unidos -39.110 agentes-, el Departamento de Policía de Nueva York ha estado regularmente salpicado por escándalos de corrupción. Durante años se habló del "muro azul de silencio" en referencia al ambiente de autoprotección, secretismo y exclusión que obstaculizaba las denuncias dentro del Departamento. En 1971, como ya es leyenda, el oficial Frank Serpico desafió esa cultura y denunció públicamente las prácticas corruptas que existían en la policía, que incluían sobornos, ascensos sin mérito, protección y compra y venta de drogas.
Como resultado de esas denuncias se realizaron varios cambios dentro del Departamento, a través de la División de Asuntos Internos, pero para la década de los 90 nuevamente la policía neoyorquina era considerada poco íntegra, con recurrentes casos de brutalidad, robo, abuso de autoridad y una cada vez más activa criminalidad policial. La situación comenzó a cambiar en 1994, cuando el flamante alcalde, Rudolph Giuliani, instruyó a su nuevo comisionado de policía, William Bratton, reducir el crimen tanto en las calles como dentro del Departamento.
Entre las primeras reformas que Bratton introdujo estuvo el robustecimiento de la División de Asuntos Internos, a la que se dedicó más personal y equipo, como si se tratara de una división encargada de investigar alguno de los crímenes más importantes. Además, se modificó su enfoque, concentrando la atención no sólo en investigar las acusaciones de corrupción dentro de la fuerza sino también en monitorear pro activamente el trabajo de todos los agentes. Para asegurar su independencia, la División de Asuntos Internos comenzó a ser liderada por un jefe que reporta directamente al Comisionado de Policía. Esto también se aplica a los niveles inferiores, con Equipos de Investigaciones en los ocho distritos en que está dividida la ciudad y con un Oficial de Control de Integridad en cada uno de los 76 cuarteles.
Asimismo, Bratton instaló una cultura de comunicación abierta sobre la corrupción, alentando a quienes tienen pruebas a elevar denuncias a sus superiores. Y teniendo en cuenta esta nueva perspectiva se realizaron cambios en el entrenamiento de los agentes, en los mecanismos de supervisión, disciplina, premiación e integridad.
El último gran caso de corrupción interna estalló hace cinco años, cuando se descubrió que un grupo de policías en la zona de Washington Heights, al norte de Manhattan, cobraba a cambio de dejar trabajar a narcotraficantes de la zona. En ese caso, los agentes involucrados fueron despedidos y arrestados. Si las faltas son menores, reciben otros tipos de castigos que incluyen quitas en sus sueldos o en las vacaciones.
Pese a que se redujo la corrupción interna, el Departamento de Policía ha recibido fuertes críticas en los últimos años por algunos sonados casos de brutalidad con motivaciones racistas. El principal tuvo lugar en 1997, cuando el inmigrante haitiano Abner Louima fue sodomizado mientras estaba siendo interrogado por un grupo de policías; el oficial que lideró el ataque fue sentenciado a 30 años de prisión.





