Reseñas: La Novena, de Marcela Serrano
Como en sus primeras novelas, Marcela Serrano (Santiago de Chile, 1951) vuelve a narrar una historia de amor, atravesada por la dictadura de Pinochet y las constelaciones femeninas. La Novena comienza con Miguel Flores, un estudiante de Sociología que en 1985 es atrapado por la policía y enviado como “relegado” a un pequeño pueblo en el campo.
La relegación era un tipo de condena de los últimos años pinochetistas. Se enviaba a la persona a un pueblo perdido de Chile, donde no podía trabajar, ni volver o contactarse con su lugar de origen. Además, debía reportarse todos los días a los carabineros. Casi como una suerte de exilio interno. Una faceta poco conocida de la historia trasandina, que sirve a Serrano, que debió exiliarse en Italia después del golpe de 1973, para referirse a la dictadura desde un lugar infrecuente.
Tras su condena, cuatro palos, planchas de madera templada y un techo de zinc se convierten en el nuevo hogar del protagonista. En ese pueblo donde la gente teme acercársele, Amelia, la dueña del fundo La Novena, le ofrece una ducha en su casa y se convierte en su protectora. Al igual que en Para que no me olvides (1993), la segunda novela de la autora, hay un choque entre dos mundos: el acomodado, del fundo, los caballos y las sábanas de hilo, frente al universo militante, comunista, golpeado por la historia.
“¿Por qué ayuda a un pinche relegado?”, se pregunta Miguel Flores, “¿No se supone que soy su enemigo, o no me toma enserio? Su deber nomás cumple, quisiera haberle dicho, carajo, la burguesía se lo debe a los que hacen la resistencia a los militares. (Las cosas no son blancas o negras, me dijo, no todos los ricos –como tú les llamarás– están con los milicos, ¿o tú crees que a nosotros no nos importa el prójimo?)”. Sin embargo, al promediar el libro esa frontera se ve atravesada no sólo por la relación que surge entre los personajes, sino también por lo que genera la traición y posterior fuga de Miguel.
La lectura se presenta como salvación. Amelia le presta a Miguel la novela Mary Barton, de Elizabeth Gaskell, una escritora inglesa del siglo XIX, victoriana, que retrata Manchester, en plena Revolución industrial. Este libro marcará todo el devenir del protagonista. No sólo le brinda un refugio simbólico en el tinglado donde duerme, sino también uno real cuando termine por escapar a Europa. En el extranjero, la literatura se vuele su amparo y su profesión.
La Novena se divide en cuatro partes, un prólogo y un epílogo. Esta estructura permite marcar diferentes planos temporales y alternar entre un narrador omnisciente y uno autobiográfico. Las voces de Miguel, Amelia y Mel, la hija de la primera, se suceden en la historia, que salta de 1985 a 2005, en Chile e Inglaterra, y finaliza treinta años después del primer episodio.
Amelia es la nieta de quien da nombre al campo. Tanto ella como su madre mantuvieron a la familia gracias a la fertilidad del valle. La protagonista continúa y, a su vez, constituye un linaje de mujeres regentes, fuertes e independientes, un tema altamente transitado por Serrano. Con su prima inglesa Sybil establece una complicidad fraternal que le permite conocer otros modos de pensar más liberales frente al conservadurismo chileno. La admira por “ser capaz de llevar una vida significativa sin ser la mujer de nadie ni la madre de nadie y, a estas alturas, la hija de nadie”. Sybil se vuelve su confidente y sostén. Asimismo, transmite ese tesón a su hija Mel, que treinta años más tarde, recién separada, dirige La Novena como hacía su madre.
Serrano retoma la temática que la acompaña desde Nosotras que nos queremos tanto (1991). Amelia, Mel y Sybil construyen una tríada de mujeres que ha sido marcada por las vicisitudes políticas del país, el amor, el dolor, el desengaño y la compasión. También aquí, con las tres protagonistas enérgicas, centrales, mater familias y arquetipo de la liberalidad femenina, Serrano plantea los dilemas de la libertad de la mujer, la sumisión, la infidelidad, el matrimonio, el trabajo y el sexo.

LA NOVENA. Por Marcela Serrano, Alfaguara, 256 páginas, $ 269





