Dinosaurios
"La Argentina posee el registro más rico y completo de dinosaurios de todo el hemisferio sur, una lista que incluye desde los primeros hasta los últimos dinosaurios."
(De James I. Kirkland, paleontólogo del Servicio Geológico de Utah.)
La argentinidad de los dinosaurios (no podría ser de otro modo) es motivo de orgullo nacional. No sólo reconocen nuestra victoria, humillados, los paleontólogos de afuera. También la confirmó sin falsa modestia, en una nota de la sección Ciencia, el argentino Jorge Calvo, que encontró muchos dinosaurios y los exhibe en un parque temático cerca de El Chocón: "Estamos llenos de dinosaurios en esta zona. Si camina, seguro encontrará algo", dijo. De manera que si usted acaba de pisar una cosa dura, puede que sea un hueso. Trátelo con respeto: antes de tirárselo al perro consulte con un especialista.
Hay que tener cuidado con los dinosaurios más antiguos porque aparecen de a pedazos: un fémur por aquí, más allá una quijada, un diente de leche del bebe a cuatro cuadras. En términos culturales, valen oro. Son un tesoro nacional: debemos respetarlos. De cierta forma, esos primeros dinosaurios son nuestros ancestros, y nos impactan con su estatura gigantesca, aunque siempre nos dejen con la impresión incómoda de que les falta carne. Por fortuna, en esta tierra prodigiosa tenemos también dinosaurios de última generación, a través de los cuales percibimos con claridad el resplandor de una era pasada. Los exponentes de estas especies más recientes se pasean por la calle Florida sin llamar demasiado la atención, no al menos hasta que alguien cae en la cuenta de que tienen garras. Dadas su fuerza y la circunstancia de que en estos momentos su inteligencia primitiva cotiza en alza, los nuevos dinosaurios suelen hacer buenas carreras y terminan ocupando destacados puestos sindicales, políticos y empresariales. Gracias a ellos volveremos a los felices años del Cretácico, cuando nadie se tomaba la vida de manera demasiado complicada.







