Discutiendo con una antología de cuentos argentinos

Maximiliano Tomas
Maximiliano Tomas PARA LA NACION
Es una rara especie de libro: algunas antologías sirven apenas para lectores primerizos y otras solo para los más especializados
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5 de diciembre de 2013  • 01:04

Tengo cierta debilidad por las antologías. Ahora que volví a ordenar mi biblioteca, a hacer espacio, a descartar libros ya leídos o que no iba a leer nunca, veo que las antologías de cuentos ocupan un estante completo (serán unas treinta o cuarenta) y recuerdo cómo algunas de ellas funcionaron en su momento como introducción a la obra de autores que hasta entonces no había leído, o que ni siquiera conocía. Hay algunas que no abro hace años, otras a las que llegué por el nombre del compilador, unas cuantas que leí más de una vez o que conservo por razones sentimentales, o porque hay ahí relatos que no pude volver a encontrar en ninguna otra parte. Es una rara especie de libro: algunas antologías sirven apenas para lectores primerizos y otras solo para los más especializados. El paso del tiempo, más que a ningún otro tipo de libros, las puede transformar en un compendio de textos viejos o anacrónicos, y también las puede convertir en verdaderos clásicos del género.

En aquel estante tengo, por supuesto, la Antología de la literatura fantástica , de Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo. La casi insuperable Antología del cuento extraño de Rodolfo Walsh. Los mejores cuentos policiales , también seleccionados por Borges y Bioy y los Cuentos memorables según Borges. La de Cuentos policiales argentinos editada por Ricardo Piglia. Están los 45 cuentos siniestros que me prestó Elvio Gandolfo y que prometo devolverle algún día. Otra que se llama Ciencia ficción de la Belle Epoque . Hay antologías temáticas (de cuentos de Navidad, de cuentos de fumadores, de cuentos sobre Buenos Aires) y generacionales (muchas de nueva narrativa argentina). Hay otras pensadas por nacionalidad (los mejores cuentos rusos, cuentos brasileños) y hasta por género (antologías de cuentos escritos por mujeres). Y también están los 25 cuentos argentinos del siglo XX y los 11 relatos argentinos del siglo XX editados con gusto, malicia e inteligencia por Héctor Libertella a fines de la década del 90.

Siempre hay una apuesta y una excusa, una idea de la literatura, una voluntad secreta o confesada, una operación de recorte más o menos arbitraria detrás de toda antología

Siempre hay una apuesta y una excusa, una idea de la literatura, una voluntad secreta o confesada, una operación de recorte más o menos arbitraria detrás de toda antología y del proceso de selección de cada compilador. Imposible no leer las inclusiones y las omisiones como la voluntad de construcción de un canon, y el derribo de uno anterior. Ahora me llega la Antología de cuento argentino , que Josefina Delgado preparó para El Ateneo en ocasión de los cien años de la editorial, y lo primero que me pregunto es por las razones del título: por qué no llamarla Antología del cuento argentino , o Antología de cuentos argentinos . Y enseguida voy al índice, a recorrer la lista de autores de este libro de más de 500 páginas, para cotejar cuáles habría sumado yo, o qué otros no hubiera incluido ni por casualidad.

No hay en esta antología orden cronológico ni alfabético, sino uno más personal y se diría que incluso acertado: están los "Clásicos" (Borges, Julio Cortázar, Bioy Casares, Roberto Arlt, Eduardo Wilde y Antonio Di Benedetto); los "Homenajes literarios" (Patricio Pron, Edgardo Cozarinsky, Ricardo Piglia, Elsa Osorio e Isidoro Blaisten); los de "Misterios y peligros": Ocampo, Beatriz Guido, Ana María Shua, Alicia Steimberg, Abelardo Castillo y Eduardo Holmberg; los de "Amor": Juan José Saer, Oliverio Coelho, Luisa Valenzuela, Marta Kapustin, Hebe Uhart; los del apartado "Crímenes y otras muertes" (Esteban Echeverría, Daniel Moyano, Samanta Schweblin, Ricardo Güiraldes, Juan José Hernández y Angélica Gorodischer). Los que trabajan algunos hechos históricos y los convierten en ficción: Walsh, Germán Rozenmacher, Haroldo Conti, Leopoldo Lugones y Fogwill. Y finalmente un capítulo, tal vez el más dado a polémicas y objeciones debido a la despareja calidad de los textos, bajo el subtítulo "Los nuevos", con textos de Ariel Magnus, Alejandra Zina, Ana Caldeiro, Diego Meret y Juan Boido.

Se puede decir que para la selección final de Antología de cuento argentino Delgado no olvidó a ninguno de los autores confirmados por el canon oficial. Y que incluso sumó a los clásicos, en una estrategia válida, a contemporáneos como Di Benedetto (cuando era más esperable contar entre ellos a Holmberg, Echeverría, Güiraldes, Hernández, Lugones e incluso a Walsh, Castillo o Saer). También que se cuidó de no elegir los cuentos más transitados de los autores consagrados, y que hizo gala de un sentido del gusto ecléctico y a la vez respetuoso. Pero no existen antologías sin objeciones, sin impugnaciones, sin olvidos. ¿Puede existir una antología del cuento argentino del siglo XX que deje afuera, por ejemplo, a César Aira? ¿Y qué pasa con Alberto Laiseca, Osvaldo Lamborghini o Miguel Briante?

¿Puede existir una antología del cuento argentino del siglo XX que deje afuera, por ejemplo, a César Aira? ¿Y qué pasa con Alberto Laiseca, Osvaldo Lamborghini o Miguel Briante?

Hay autores que son principalmente novelistas, y probablemente por eso falten nombres como los de Luis Gusmán, Copi y Marcelo Cohen. Pero si hay una zona del campo literario que Delgado pasa por alto, en una evidente toma de posición, es la de la generación de los autores nacidos entre las décadas del 50 y 60. No hay espacio en el libro para ningún autor nacido durante esos años: no figuran ni Alan Pauls, ni Martín Kohan, ni Daniel Guebel, ni Sergio Bizzio, ni Carlos Gamerro o Fabián Casas. Después, sí, aparecen los más jóvenes, nacidos en la década del 70. Pero tanto Pron como Schweblin o Coelho no están ubicados en el apartado de "Los Nuevos", aunque pertenezcan a la misma generación. Y salvo al muy interesante texto de Juan Boido, al resto de los relatos de esta categoría el libro parece quedarles más bien grande. ¿Se puede dejar de lado a talentosos cuentistas de la generación del 70 como Federico Falco, Luciano Lamberti, Nicolás Mavrakis, Juan Terranova, Félix Bruzzone, Iosi Havilio o Pedro Mairal? Claro que se puede. Siempre y cuando los otros textos elegidos estén a la altura de aquellos, o sean incluso mejores.

Al margen de estas objeciones, Antología de cuento argentino cumple con lo que se propone: ofrecer un panorama abarcativo de la producción de literatura breve en la Argentina durante los siglos XIX, XX y XXI. No era una tarea sencilla, y en el resultado final los aciertos terminan siendo más numerosos que los deslices.

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