Domingo Faustino Sarmiento, mucho más que un gran maestro

Franco Moccia
Franco Moccia PARA LA NACION
Recordarlo solamente como un gran educador es reducir la impronta de progreso que dejó en nuestro país considerablemente
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11 de septiembre de 2015  • 12:42

Como todos los 11 de septiembre en la Argentina se celebra el día del maestro en honor a Domingo Faustino Sarmiento, quien falleció esa misma fecha en 1888. Sin dudas que nuestro prócer fue un gran maestro apasionado por la educación, pero recordarlo solamente como un gran educador es reducir la impronta de progreso que dejó en nuestro país considerablemente.

Sarmiento además de un ejemplar maestro fue un increíble estadista. Durante su presidencia, de 1868 a 1874, la Argentina vivió años de gran crecimiento y sus decisiones repercutieron en los años siguientes con fuerza y lo continúan haciendo hasta el presente. Ejemplos hay muchos, pero algunos muy emblemáticos.

En primer lugar, realizó el primer censo nacional cuyos datos le permitieron conocer las características de la sociedad argentina, y a partir de ahí diseñar e implementar las políticas públicas necesarias. Ese trabajo demostró que el 77% de la población nacional era analfabeta y así fue que encaró el plan educativo más importante y efectivo de la historia argentina que es usado como ejemplo de políticas públicas exitosas en todo el mundo. En tiempos en los que en Argentina se falsean las estadísticas y la calidad educativa viene decreciendo, Sarmiento nos dejó aquí dos primeros grandes ejemplos a seguir. Medir, analizar para aplicar políticas eficaces; y la importancia de la educación de cara al futuro.

Pero además, Sarmiento impulsó medidas en otros sectores estratégicos que fueron fundamentales para la conformación del naciente Estado Nacional, como en el plano de las comunicaciones. En su mandato se tendieron 5000 kilómetros de líneas telegráficas.

Su visión estadista lo llevó también a encarar importantes cambios en el transporte. Así, en sólo seis años, su Gobierno logró duplicar la red ferroviaria nacional que se incrementó de 573 kilómetros en 1868 a 1331 en 1874; y construyó dos puertos, el de Zárate y el de San Pedro.

Hubiera sido imposible que se afianzara el desarrollo económico y social que sucedió en las siguientes décadas sin un transporte y un sistema de comunicación que permitieran unir el interior con el mundo. Estos pasos fueron fundamentales.

En un nuevo aniversario de su fallecimiento, los que estamos en la función pública debemos recordarlo como un funcionario honrado que supo diseñar políticas públicas con verdadero impacto en la sociedad y en el desarrollo del país. Domingo Faustino Sarmiento fue mucho más que un gran maestro, y es también el ejemplo de que con tesón y profesionalismo se pueden implementar políticas públicas que mejoren la calidad de vida de los ciudadanos.

* Subsecretario de Planeamiento y Control de Gestión del GCABA. Economista (UBA) y Master en Administración Pública (Harvard). Vicepresidente de la Asociación Sarmientina.

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