
Eduardo Freiler, el camarista que le marcó la cancha a Oyarbide
Es el presidente de la Cámara Federal porteña que desestimó las acusaciones sobre coimas en el caso Skanska, pero odia que se hable de la sala I que integra como "la sala amiga del Gobierno". Día atrás cuestionó duramente al juez más cercano al oficialismo por sus errores en la causa Schoklender
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Eduardo " Chiche" Freiler, el presidente de la Cámara Federal porteña, tiene en su extenso currículum un valor intangible que en Tribunales pesa a veces más que el conocimiento o la trayectoria: suerte. Freiler tiene suerte. A tal punto de haber conseguido salir ileso, física y moralmente, del accidente más absurdo que se recuerde en los tribunales de Comodoro Py. Noche de boliche, despedida del año 2004, festejos varios y al final, su Renault Laguna incrustado contra una columna de cemento y él atrapado durante más de una hora hasta que entre los empleados de la Cámara y los bomberos lograron rescatarlo. No se rompió ni un hueso. Pero el espectáculo prometía coletazos. "Mañana lo destrozan", auguró uno de los magistrados que lo acompañaban. E hizo la cuenta: camarista+madrugada+un par de copas+ auto estrellado= escándalo mediático. Pero en la Justicia nunca uno más uno es dos, y unas pocas líneas perdidas que nadie recuerda sepultaron la noticia que no fue.
Nacido y criado en Necochea un otoño de 1962, en estos días Freiler le aportó a la novela del caso Schoklender el capítulo que faltaba. Y no ahorró dramatismo al hacerlo. En la primera intervención de la Cámara Federal en el caso, Freiler, de puño y letra, acusó a Norbeto Oyarbide de haberle imprimido un direccionamiento errado a la investigación, convirtiéndola en una quimera, y no dudó al asegurar que a estas alturas del expediente encontrar pruebas sería "tan difícil como hallar una aguja en un pajar, un pajar que el propio magistrado se ha encargado de construir".
La mesura y los eufemismos tan característicos de los magistrados se hicieron trizas en manos de "Chiche", un outsider de la familia judicial que hace valer la calle y el interior cada vez que puede.
Hijo de un empleado del Ministerio de Obras Públicas de la provincia de Buenos Aires y de un ama de casa, cursó la primaria y la secundaria en colegios del Estado. Y después de una errática incursión en la Facultad de Ingeniería, aterrizó en la Universidad Católica de La Plata, donde se recibió de abogado. Por esos días conoció al ministro de Justicia, Julio Alak, con quien compartían Interak, un grupo juvenil del Club Rotary. Y a una novia que lo rebautizó "Chiche" por una novela en la que se referían así al protagonista.
De vuelta en Necochea puso un estudio en el que trabajó poco. De la mano de un intendente peronista, asumió como secretario de Turismo del municipio con apenas 26 años. Y en uno de esos veranos de la costa conoció a la que sería su mujer, Marcela Pérez Pardo, camarista en el fuero civil, de la que hoy está divorciado. Ella sería mucho más que un romance de verano: la madre de sus tres hijos y su trampolín a los primeros cargos en la Justicia.
La de Freiler y su suegra no es una historia como la mayoría. Esther "Monona" Pereyra Arandía tampoco es una mujer como tantas. Casada con Osvaldo Zenón Pérez Pardo, ex funcionario de Isabel Perón, "Monona" se convirtió en los ojos de Alberto Pierri en la Cámara de Diputados mientras él la presidió. Desde el puesto clave de secretaria parlamentaria, Monona tenía poder y contactos. Y le dio un empujoncito a su yerno que lo dejó al frente de la fiscalía de instrucción número 22, donde estuvo un año. La suerte se cruzó otra vez en su camino. La suerte y el prejuicio, en medio del feroz ataque a la AMIA en julio del 94. Un hombre cercano a la procuración creyó que Freiler era judío, el apellido al menos le sonaba así. Y con esa convicción lo sumó al grupo de fiscales coadyuvantes en la investigación del atentado a la mutual.
Aquel error le dio visibilidad, roce y contactos políticos. Y él aprovechó el error. Dejó la comisión de fiscales intuyendo que la investigación iba a terminar tan mal como de hecho lo hizo (el juez y los dos fiscales de la causa terminaron procesados). Pero se llevó la amistad con uno de los hombres que mayor gravitación tenían en la Justicia durante la era menemista: Jorge Anzorreguy, el hermano del "Señor 5", Hugo, quien estaba al frente de la SIDE. Pero Jorge Anzorreguy era una leyenda en sí mismo. " Si él no está el día que jurás, tu nombramiento es inválido", era una de las leyes no escritas en los tribunales de los años 90. Chiche Freiler juró a mediados de diciembre del 94 como fiscal federal, el fuero del poder por excelencia. Y Jorge Anzorreguy estuvo ahí.
Durante los once años que, como fiscal federal, ocupó las oficinas del quinto piso de Comodoro Py 2002 intentó darles vuelta la cara a las formalidades de "la familia" e imponer orgulloso su falta de pedigrí.
Trato familiar
Con Federico Delgado conformaron la dupla de fiscales que investigó las coimas en el Senado aún antes de que apareciera la figura del arrepentido Mario Pontaquarto. Juntos firmaron el pedido de indagatoria a las autoridades del bloque del PJ y la UCR. Más tarde, le pusieron el gancho al pedido de indagatoria del ex presidente Fernando de la Rúa, al ex secretario de Inteligencia Fernando Santibañes y al ex ministro Alberto Flamarique. Y sortearon las constantes dificultades que provenían de los mismos jueces que tenían que investigar: Carlos Liporaci, primero, y Gabriel Cavallo, después. Un equívoco sugirió en el marco de esta investigación donde "Chiche" se cruzaba constantemente con la entonces diputada y miembro de la comisión anti-mafia Cristina Fernández de Kirchner. Nunca dejó de llamar la atención la familiaridad del trato. Mientras la diputada saludaba a todos los presentes con la mano y se refería a ellos con nombre y apellido, siempre había un "chau, Eduardo" para despedir a Freiler. Pero los orígenes de la relación tienen menos espectacularidad que una investigación en las entrañas del poder. Una lejana relación familiar entre primos de su mujer hizo que alguna que otra vez Freiler con su mujer, Cristina Fernández de Kirchner y Alicia Kirchner compartieran algún asado en su histórica casa de Vicente López. Situación que, con la vuelta de los primos lejanos al Sur y la llegada de Néstor Kirchner a la presidencia, no volvería a repetirse. Por lo menos no de esa manera.
Un hombre que lo conoce desde hace años dice que es imposible saber cuáles fueron o son las presiones que recibió Freiler a lo largo de su carrera. Simplemente porque el propio protagonista no parece percibirlas. "Eduardo se le animó a la causa por el robo de bebes durante la dictadura en 1996, cuando estaban todavía vigentes las leyes de impunidad. En el marco de esa investigación comentó que Emilio Massera le dijo en medio de una indagatoria que iba a mandarle a su patota y que lo iban a levantar. A ese nivel tienen que llegar las cosas para que él las registre." Y a ese nivel tiene que llegar las cosas para que no las olvide.
Freiler sabe esperar a sus enemigos. Esos que creen que en cualquier momento pueden recibir un golpe certero de su metro ochenta y casi cien kilos. Pero no pasa. Porque no pega pero mucho menos olvida. En pleno ajetreo como fiscal recibió una extraña denuncia que involucraba a la viuda del narcotraficante Escobar Gaviria. El juez de la causa quería detenerla, acusada de lavado y falsa identidad. Y Freiler sostenía que si la plata se la había dado el gobierno de Colombia a cambio de un acuerdo no había lavado. Y que si los documentos con nombre nuevo también habían sido expedidos por su país no había delito. El juez insistía. Fue un caso mediático hacia afuera. Hacia adentro, la convivencia entre el juez y el fiscal se tornaba insostenible. Un diario llegó a titular: "EduardoFreiler, el fiscal del narcotráfico". Y estuvo en los quioscos el mismo día en que su hija mayor cumplía tres años. De los veinte compañeritos invitados a la fiesta fueron sólo tres. Probablemente, los hijos de los padres que no habían leído el diario esa mañana. Si no, ¿por qué mandarlos a la casa de un narco? Freiler está convencido que fue el entonces juez quien urdió la maniobra. Y promete esperarlo.
Entonces y alguna que otra vez, fantaseó con dejar el sillón que nadie deja y volver a Necochea, poner a punto su Mercedez-Benz 72, dedicarse a la vela y vivir rodeado de conejos, hurones, chinchillas y plantas con los que hoy convive en su casa de zona norte. Enero de 2010 fue una de esas veces en que volvió a fantasear con dejar todo. Ya nombrado camarista, el ex juez Mariano Berges denunció a Freiler por haber dictado en medio de la feria de enero la excarcelación de la mujer de Juan José Zanola, Paula Allabay. Y le puso precio a esa decisión de Freiler: cuatro millones de pesos. La causa penal contra Freiler se cerró, pero el incómodo episodio aún se recuerda en los pasillos.
Amigo de sus amigos, sólo parece alterarse cuando alguien se refiere a la sala I que integra junto con Eduardo Farah y Jorge Ballestero como " la sala amiga del Gobierno", por ejemplo, cuando confirmaron que no hubo coimas ni sobreprecios en Skanska. En esa causa Freiler ya había empezado a mirar de reojo a Oyarbide. "Hace tres años que no define la situación de esta gente, es una verguenza", repetía.
Los seis meses en los que Oyarbide dilató el secreto de sumario en la causa Schoklender colmaron la paciencia de Freiler. De ahí su enojo, que se tradujo en el durísimo fallo de "la aguja en el pajar". Y la sorpresa que generó el enfrentamiento: en 1995, Oyarbide había sido el único juez invitado al casamiento de "Chiche". Nada hacía preveer en medio del carnaval carioca que en unos años Freiler se convertiría en su superior. Y menos que le marcaría la cancha como nadie lo había hecho antes. Oyarbide debía investigar un desvío y lo que se desvió fue su propia investigación. Por qué y con qué intenciones Freiler dice no saberlo. Y, por las dudas, se despega con esa cierta brutalidad que lo caracteriza.
QUIEN ES
Nombre y apellido:
Eduardo Freiler
Edad: 49
Trayectoria académica:
Nacido y criado en Necochea, realizó sus estudios primarios y secundarios en escuelas estatales. Estudió Derecho en la Universidad Católica de La Plata. Tiene tres hijos.
Del robo de bebes a Skanska:
A principios de los noventa comenzó su carrera como fiscal. Ha participado en investigaciones resonantes, como el atentado contra la AMIA, las coimas en el Senado, el robo de bebes o el caso Skanska.



