El 17 de octubre: un país sin peronismo
¿Qué hubiera pasado si el 17 de octubre de 1945 hubiese fracasado? A 60 años de la jornada que cambió la vida política del país, el sociólogo e historiador Juan Carlos Torre responde a esa pregunta
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El 17 de octubre de 1945 ha sido una de las canteras más ricas en las que investigadores de distintas disciplinas buscaron materiales para comprender la historia argentina del siglo XX. A 60 años de la revuelta que terminó convirtiéndose en el mito fundacional del peronismo, la naturaleza misma de aquel suceso sigue siendo motivo de controversia: al relato épico que alienta la imagen de un Perón dispuesto a enfrentar a los enemigos y una Evita fogoneando la revuelta en frenéticas recorridas por el cordón industrial, distintos estudios le oponen evidencias de un Perón titubeante y asustado, deseoso de entregarse a una vida privada y apacible (Desde su prisión le escribe a Eva: "Hoy he escrito a Farrell pidiéndole que me acelere el retiro. En cuanto salga nos casamos y nos vamos al Chubut. Tesoro mío, tené calma, esto terminará y la vida será nuestra. Con lo que yo he hecho estoy justificado ante la historia"), y de una Evita exasperada por la falta de agallas de su hombre pero sin ningún protagonismo en el día fundamental.
Para algunos historiadores, incluso, hasta cierto momento de aquel 17 de octubre, la historia bien pudo haberse escrito de otra manera.
En esa senda de especulaciones de lo que pudo haber sucedido y no sucedió se mete el sociólogo Juan Carlos Torre con su artículo "¿Qué hubiera ocurrido si hubiese fracasado el 17 de octubre?", parte de una compilación de textos reunidos por Santiago Senén González y Gabriel D. Lerman bajo el título El 17 de octubre de 1945. Antes, durante y después (Lumiere), que intenta ser una puesta al día de los debates sobre el tema.
Aunque Torre, sociólogo e investigador, autor de algunos de los libros más influyentes sobre los orígenes del peronismo como Los años peronistas y El gigante invertebrado, conoce de sobra la dudosa pertinencia de las preguntas hipotéticas -¿qué hubiera sucedido si no hubiese sucedido lo que sucedió?- en este artículo se permitió la tentación de imaginar un escenario alternativo en donde la revuelta no prospera y Perón desaparece de la escena política nacional en una suerte de exilio interno en la Patagonia.
"Un ejercicio contrafáctico como éste -dice Torre en diálogo con LA NACION- consiste en buscar en el pasado aquellos momentos de la historia donde los actores tuvieron frente a sí alternativas, una puerta a la derecha o una puerta a la izquierda. En la vida real optaron por una de ellas. Aquí se trata de pensar qué hubiera pasado si hubieran abierto la otra."
Lo que Torre imagina, entonces, es que el general Avalos, jefe del Ejército en 1945, se anima a reprimir la organización de la protesta y logra desalentar la movilización, con lo que Perón queda excluido de la escena política por decisión de sus camaradas de armas. "Esa decisión -dice Torre- tuvo consecuencias: aquellos que lo habían acompañado hasta entonces, sobre todo los sectores sindicales, optan en su mayoría por volver a los partidos a los que pertenecían, recuperan las lealtades que de algún modo habían quebrado, y se abre la puerta a una solución que ya estaba contemplada por la oposición y que es el llamado a elecciones de la mano de la Suprema Corte. Se producen esas elecciones y gana la Unión Democrática (UD).
-Lo primero que sorprende en el escenario que usted imagina es que el programa de gobierno que lleva adelante la UD no se aparta demasiado de la política desarrollada por la Revolución de junio del 43. Nacionalizaciones, estatismo, defensa de los recursos naturales.
--En cierto sentido sí y en cierto sentido no. Hay un clima de época que es el estatismo, hay un clima de época que es el nacionalismo, pero hay un plus que le va a otorgar Perón a todo eso que es la intensidad de la redistribución del ingreso. Amparado en la bonanza económica, él la intensificó de manera fenomenal durante los tres primeros años. Perón hizo lo que hicieron casi todos los países en la época, pero con un plus: la intensidad de la redistribución del ingreso con la cual él, un líder emergente, buscaba legitimar su liderazgo. Eso sumado a su objetivo de frenar la emergencia del comunismo dio origen a una fuerza sindical tan poderosa que libró sus luchas sin un lenguaje de clase, pero con una intensidad conflictiva como si la hubiera tenido. Perón, para conjurar el comunismo, crea un movimiento tan potente como sólo podría haberlo creado el comunismo. Y este movimiento va a ser, a partir de entonces, un obstáculo para modificar o para administrar la gestión de la economía de ahí en adelante en la historia del país. Y eso lo padeció Perón verdadero en su segunda presidencia y Perón ficticio después en mi ejercicio contrafáctico.
-Pero si la UD no estaba en desacuerdo con los lineamientos de Perón, ¿qué es lo que realmente molestaba del peronismo entonces?
-La falta de libertad, el deslizamiento filo-fascista. El programa económico y social del peronismo era muy parecido a lo que se estaba haciendo en todo el mundo para esa época: nacionalismo y estatismo, el consenso posterior a la Segunda Guerra. Fue mucho más tarde, cuando todo eso comenzó a perder fuerza, que emergió una crítica de gran alcance, en clave neoliberal.
-Pero la estatización y las nacionalizaciones, la intervención del Estado en la economía y en el mundo del trabajo, fueron muy cuestionados por el antiperonismo.
-Sí, pero se lo discutió retrospectivamente, es anacrónico; ésos fueron juicios sobre el pasado en claves del presente.
-Usted quiere decir que, en todo caso, eso no fue lo que su propia época más le reprochó a Perón.
-No, claro, todo eso estaba en la ortodoxia de la época y por eso en mi ejercicio imaginario el gobierno de la UD sigue ese camino también. Frondizi a Perón lo va a correr con su libro Petróleo y política. Cuando Perón quiere abrirse a los capitales americanos para extraer petróleo, Frondizi le recuerda su propio libro, una apología de los recursos naturales en manos del Etado.
-El Perón que aparece en su trabajo es un Perón muy debilitado...
-Humano.
-Sí, pero parecería no estar a la altura de las circunstancias históricas.
-No es un Perón épico. Evita siempre pensó eso de Perón, que era una persona sin agallas. Por eso el peronismo de izquierda de los 70 la toma como bandera a ella y no a Perón. En el 55 ya no había consenso posible, había que ir al enfrentamiento, y él se va.
-Ud. sostiene que también se hubiera ido el 17 de octubre si lo hubieran dejado.
-Claro, lo sacaron del sarcófago de la historia los trabajadores que salieron a buscarlo, pero hasta las 11 de la noche él no se decidía a salir a hablar en la plaza, él no quería, porque no estaba definida la situación. El mismo Perón confesó que no sabía qué decir.
La Argentina sin Perón
El paso siguiente, en este ejercicio contrafáctico, fue imaginar cómo se desarrollaron las cosas con Perón lejos del poder. Sin Perón, imagina Torre, las corrientes más radicalizadas del movimiento obrero recuperan su papel protagónico en el sindicalismo. Sin embargo, pese a la férrea oposición que deberá enfrentar, la UD podrá arreglárselas bastante bien en los primeros años debido a la situación de bonanza económica y pleno empleo de la época (Torre hizo que la UD imaginaria enfrentara las mismas condiciones de la historia real).
Pero Torre lo hacer regresar a Perón. El surgimiento de un escenario económico más complicado a nivel mundial, las crecientes demandas sindicales y el resquebrajamiento de la amalga política de la UD sumieron al país en una situación de desgobierno que llevó a los militares a recordar a aquel coronel que había sabido demostrar capacidad de liderazgo político. Así es como este Perón imaginario regresa de su exilio patagónico al centro de la escena política otra vez en 1952, al fin del primer mandato de la UD, ya muy debilitada. Impulsa un programa parecido al que puso en marcha en su segunda presidencia real Perón: ajuste, menos estatismo, más capital privado, más estímulo al campo, más énfasis en la estabilidad que en la expansión, más llamado al capital extranjero.
-Pero tampoco funciona esta vez, ¿por qué?
-Porque este Perón no tiene el capital político que el Perón verdadero había acumulado en su primera gestión. El Perón verdadero va a poder hacer el ajuste del 52 y va a querer reorientar su proyecto económico en una dirección que lo coloca, sino en las antípodas, sí corrigiendo bastante la ruta elegida en el 46, pero lo va a poder hacer porque tiene capital político. Esa política de reparación social de los primeros tiempos le permitió al Perón verdadero reorientar su programa y salir airoso de ese intento. El Perón de este ejercicio no va a tener ese pasado y va a ser conocido sólo por lo que en esta segunda reencarnación política intenta poner en práctica: un programa de ajuste, represión y de reordenamiento de las grandes prioridades. Este Perón, sin el capital político, va a encontrar que todo es más complicado, los sindicatos no adhieren y sus propios seguidores no se van a mostrar demasiado dispuestos a acompañarlo en este giro tan importante a lo que son las banderas del estatismo y del nacionalismo que todavía no se habían abandonado. De modo que se encontrará con luchas obreras y bloqueo legislativo. En esas circunstancias va a buscar el apoyo de las FF.AA. que otra vez se muestran reticentes a acompañarlo en una nueva aventura y van a sacarlo del poder. Pero tampoco habrá un 17 de octubre que lo rescate porque ese Perón ya no es el de la justicia social, sino un Perón que en lugar de conquistar a las masas está tratando de poner un freno a las luchas reivindicativas de los sectores populares.
-¿Qué es lo que este ejercicio permite poner de relieve respecto de lo que sí sucedió en la historia?
-La importancia del capital político es uno de los primeros corolarios de este trabajo, sin él Perón no hubiera podido perdurar. Pero más importante aún es que, sin la continuidad de su política social, la Argentina se enfrenta a lo que él quería conjurar: el avance del comunismo sobre el movimiento obrero. El ejercicio nos permite comprobar una cosa: la eficacia de la política laboral de Perón. En ausencia de esa política laboral continuada, porque se quiebra con el fracaso del 17 de octubre...
-Pero el escenario contrafáctico plantea que la UD decide llevar adelante las conquistas laborales del gobierno de Perón.
-Sí, el gobierno de la UD de algún modo está sintonizado con un clima de época y no se aparta demasiado de lo que fue la política de entonces. Ocurre que lo va a hacer en una circunstancia complicada: primero el movimiento obrero no es un movimiento aliado y la economía va a presentar dificultades. La Argentina va a entrar en un territorio que otros países conocieron y que fue el de la Guerra Fría, que la Argentina afortunadamente no lo recorrió.
-¿En qué sentido podemos decir que no lo recorrió?
-En el sentido de que no hubo que reprimir al comunismo porque había sido ya derrotado por la política de Perón.
-Derrotado porque el peronismo le robó las banderas.
-Exactamente. Porque Perón sabía que la represión y la persecución, que también las hubo, era una política de patas cortas y él buscó complementarla con una política más ambiciosa: quitarle al comunismo sus razones. Y las razones eran la insatisfacción de los trabajadores. Perón no sólo va a respaldar la represión al comunismo sino que va a operar sobre las causas del comunismo y eso va hacer que la Argentina siga una ruta distinta a la de otros países.
-¿Hubiera sido mejor un país sin peronismo?
-Yo creo que sobre el final de la década del 30 la Argentina tenía un camino que se estaba esbozando, la Argentina estaba empezando a buscar una dirección.
-Saliendo del fraude y pensando los desafíos de la nueva democracia de masas.
-Sí, estaba en ese camino y tenía dos líderes importantes: Marcelo T. de Alvear y Juan José Justo. El ejército, que había sacado a los radicales en el 30, había estado estrechando lazos con la conducción radical, la moderada por cierto, y los dos se estaban preparando para conducir al país hacia una democracia que iba a venir después de la Segunda Guerra. Tanto es así que había ya en esa época esbozos de una revisión de lo que estaba pasando: primero, fin del fraude y comienzo de negociaciones colectivas auspiciadas por el Estado. Estaban montando el tinglado de la institucionalización del mundo del trabajo. Pero ambos murieron casi al mismo tiempo, Alvear en el 42 y Justo en el 43, y el campo político quedó vacío. La muerte de ellos dos dejó tal vacío que fue aprovechado por la audacia.
-Salvando las distancias, se parece bastante a la aparición de Kirchner en nuestra escena política, un golpe de audacia.
-Por supuesto, Kirchner es el fruto de una crisis y también de un campo político en el que los otros referentes estaban inhabilitados, andaban dando vueltas con sus cicatrices.
-¿Y cuál diría que es hoy la realidad del peronismo a 60 años de su fundación?
-Yo creo que Kirchner arroja una novedad: el fin del peronismo tal como lo hemos conocido y el surgimiento del posperonismo. Es la primera vez que alguien desde adentro del peronismo confiesa abiertamente la intención de terminar con el peronismo. Lo que yo veo hoy día encarnado en la gestión del presidente Kirchner es una ambición, que no sé qué futuro tendrá, pero ciertamente es la ambición de refundar el peronismo para hacer de él un posperonismo. Hay datos anecdóticos que permitirían justiciar esta afirmación. Ya no se escucha la marcha en los actos del presidente, lo que ellos ponen es Diego Torres. Tan solitario es este empeño que algunas veces tienen que cantarla porque las propias bases la sienten como propía todavía y porque ese posperonismo del presidente Kirchner aún no ha logrado capturar el alma del peronismo histórico. En ese sentido hoy estamos frente a una novedad: por primera vez después de 60 años, desde dentro del peronismo se quiere terminar con el peronismo.




