El aborto atravesado por los dilemas de la política

Mariela Belski
Mariela Belski PARA LA NACION
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27 de julio de 2018  • 00:34

El Senado se encamina a debatir el proyecto de legalización del aborto que obtuvo media sanción en Diputados. Esta nueva etapa difiere en algunos aspectos del contexto reinante durante el tratamiento en la Cámara baja. En primer lugar, existen marcadas diferencias en el plano político. Por ejemplo, hay un grupo de senadores y senadoras cuyas aspiraciones políticas para 2019 podrían afectar su voto por estar condicionados por preferencias electoralistas. Esta es una posibilidad.

En esta etapa también se ha registrado un notorio activismo de la Iglesia Católica con acciones y estrategias demás cuestionables (que van desde la difusión de información errónea hasta la propuesta de retroceder en legislación ya vigente desde 1921). En esto, la Argentina parece ir a contramano del mundo. Recientemente, en Irlanda, uno de los países de Europa con mayor peso de la Iglesia Católica, se llevó a cabo un referéndum donde los irlandeses se pronunciaron masivamente en favor del aborto. Mientras los países de la Unión Europea consolidan marcos legales que garantizan el derecho de las mujeres a interrumpir sus embarazos (España, Francia, Alemania, Holanda, Suecia, Portugal, entre muchos otros), el Gobierno mantiene una posición ambigua respecto de la importancia del aborto en la agenda de género. Incluso en Italia, país que aloja al Vaticano, el aborto es legal desde hace más de 40 años.

Asimismo, la votación en Diputados puso de relieve la existencia de un nuevo actor de dimensiones inusitadas. Las miles de personas -en su mayoría mujeres jóvenes- que participaron de la vigilia en favor del proyecto de ley son tan solo una parte de un sujeto sociopolítico que, sintiéndose interpelado y destratado por la política, se activó en la lucha por sus derechos. Hoy, ningún gobierno y candidato del partido político que sea, va a poder darse el lujo de excluir de sus prioridades las demandas de las mujeres y la agenda de género.

Por otra parte, tal como ha relevado Amnistía Internacional, los gobiernos de los países desarrollados que son estratégicos para la política exterior del presidente Mauricio Macri, al igual que la casi totalidad de los países que integran la OCDE, tienen políticas que permiten el aborto. Muchos de esos países priorizan la agenda de género. Basta mencionar el caso de Pedro Sánchez, recientemente designado presidente del gobierno español. Sánchez conformó un gabinete con 11 ministras y 6 ministros.

El Senado y el gobierno del presidente Macri podrían también inspirarse en la historia política argentina reciente. La aprobación del aborto sería un gran reconocimiento de la coalición de Cambiemos para con la tradición de la Unión Cívica Radical de expansión de derechos y, especialmente, para la sólida trayectoria en materia de derechos humanos del partido hoy liderado por el gobernador Alfredo Cornejo. El gobierno de Macri ha tenido dificultades en abordar la agenda de derechos humanos y este podría ser el hito destacado en su gestión en la materia. Al igual que Raúl Alfonsín con el divorcio vincular y la patria potestad compartida, Menem con la ley de cupo femenino, y el kirchnerismo con el matrimonio igualitario, el legado de Macri podría ser la legalización del aborto.

Para esto antes deberían resolverse algunas paradojas. Curiosamente, la posición de la vicepresidenta Gabriela Michetti y del jefe de bancada del Pro en el Senado, Federico Pinedo, está en sintonía con la del Papa Francisco. En caso de rechazarse el proyecto de legalización, Michetti y Pinedo habrán contribuido a fortalecer a un actor que tiene importantes diferencias con la gestión del presidente Macri.

Estas paradojas son posibles en parte quizá al posicionamiento del gobierno de habilitar el debate de una ley sobre la cual no manifiesta una posición contundente ni preferencia. Al decidir no apoyar ninguna postura y habilitar a que sus legisladores voten a conciencia, el Presidente no vio los efectos políticos de una medida que no será inocua. Declararse indiferente no eximirá al gobierno de costos. En el tratamiento de las leyes, suele haber una parte que gana y otra que pierde, y la masiva participación de mujeres en la vigilia hace prever que pese a su neutralidad, de no sancionarse la ley, será Cambiemos quien pierda: perderá el apoyo del colectivo de mujeres y perderá también una parte del voto progresista (especialmente en la Ciudad de Buenos Aires).

Despenalizar el aborto es un imperativo de derechos humanos. Los tratados internacionales de derechos humanos firmados por nuestro país así lo imponen. Reconocer y defender los derechos de las mujeres es también un paso inexorable para entrar de una vez por todas en la modernidad y estar a la par de los países desarrollados.

Cuando el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, anunció que su gabinete estaría integrado por un 50 por ciento de mujeres, le preguntaron por qué la paridad era tan importante para él. Trudeau respondió casi con sorpresa: "¡Porque estamos en 2015!". En vísperas de una oportunidad histórica en la Argentina para legalizar el aborto y defender los derechos de las mujeres, solo resta decir: señor presidente Macri, integrantes del Senado; ¡Estamos en 2018!

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