
El ADN y los riesgos de la revolución genética
Sumamente útil para explicar las diferencias que hay entre personas originarias de distintos continentes, como el color de la piel o la resistencia a algunas enfermedades, la decodificación del genoma humano podría también reforzar ciertos prejuicios raciales
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NUEVA YORK.- Cuando los científicos decodificaron el genoma humano en 2000, se apresuraron a presentarlo como prueba de la notable similitud de la humanidad. Enfatizaron que el ADN de dos personas es idéntico en al menos el 99 por ciento. Sin embargo, las nuevas investigaciones exploran la fracción restante para explicar las diferencias entre personas originarias de distintos continentes.
Por ejemplo, los científicos identificaron recientemente los pequeños cambios en el ADN que explican la piel blanca de los europeos, la tendencia de los asiáticos a sudar menos y la resistencia de los africanos occidentales contra ciertas enfermedades.
Al mismo tiempo, la información genética de los laboratorios se filtra a la vida diaria, con el ineludible mensaje de que personas de distinta raza tienen ADN distinto. Las pruebas de ascendencia indican qué porcentaje de los genes de una persona es de Asia, Europa, Africa y América. Así, la medicina para el corazón BiDil sólo es vendida a personas negras, que parecen genéticamente predispuestas a responder a ella. Y a los judíos se les ofrecen exámenes prenatales para detectar desórdenes genéticos rara vez hallados en otros grupos étnicos.
Estos hechos ofrecen algunos de los primeros beneficios tangibles de la revolución genética. Pero algunos críticos temen que podrían darle nueva potencia a ciertos prejuicios largamente desacreditados. Temen que la idea de que la raza va más allá de la piel pueda socavar los principios igualitarios basados en la suposición de que todos somos fundamentales iguales.
"Vivimos en una época de auge de la biología y tenemos que ser muy cuidadosos", afirmó Henry Louis Gates, director del Instituto WEB Du Bois de la Universidad de Harvard. "Todos vamos a seguir una línea muy fina entre usar la biología y permitir que se abuse de ella".
Desde hace mucho se suponía que ciertos rasgos superficiales, como la pigmentación de la piel o la predisposición a ciertas enfermedades, eran genéticos. Ahora, la capacidad de señalar su origen en el ADN plantea en los principales sitios de discusión en Internet, en las universidades y en la creciente comunidad de quienes se realizan exámenes de ascendencia, la pregunta de si otras diferencias más profundas podrían ser atribuidas también a la genética. A partir de la nueva información biológica, personas que no son científicos comienzan a entrelazar conclusiones altamente especulativas sobre el tema históricamente conflictivo de la raza y la inteligencia.
Aunque pocos de los fragmentos del código genético humano que varían entre un individuo y otro han sido vinculados por ahora a rasgos físicos o de conducta, los científicos hallaron que un 10 por ciento de dichos rasgos son más comunes en ciertos grupos continentales y pueden ser usados para distinguir a las personas de diferentes razas. Afirman que estudiar las diferencias, que surgieron durante las decenas de miles de años en que las poblaciones humanas evolucionaron en continentes separados luego de que sus ancestros se dispersaron desde la cuna de la humanidad en el este de Africa, es crucial para cartografiar las bases genéticas de las enfermedades.
No obstante, muchos genetistas, temerosos de alentar la discriminación y de que hablar abiertamente sobre la raza ponga en peligro el apoyo para sus investigaciones, se muestran renuentes a hablar de las implicancias sociales de sus descubrimientos. Así y todo, algunos admiten que al extenderse sus datos y sus métodos a los rasgos no médicos, el campo ha llegado a lo que un destacado investigador llamó hace poco "un momento muy delicado y muy peligroso".
"Hay claras diferencias entre las personas de diferentes ascendencias continentales", señaló Marcus Feldman, profesor de ciencias biológicas de la Universidad de Stanford. "Todavía no sabemos acerca de cosas como el coeficiente intelectual, pero puedo verlo venir. Y tiene el potencial de desencadenar una nueva era de racismo si no comenzamos a explicarlo mejor".
Feldman afirmó que cualquier hallazgo sobre la inteligencia podría ser muy difícil de identificar. Pero, dado que algo podría surgir, aseguró que desea crear "equipos de respuesta preparada" de genetistas, para poner en perspectiva "descubrimientos de semejante relevancia social".
Algunos de estos temores se vieron reforzados por la afirmación hecha el mes pasado por el genetista James Watson de que los africanos son innatamente menos inteligentes que otras razas. Watson, ganador del Premio Nobel, luego ofreció disculpas y renunció a su cargo en el Laboratorio Cold Spring Harbor, en Nueva York. Pero el incidente incrementó la inquietud respecto a si la sociedad está preparada para enfrentar las consecuencias en caso de que la ciencia algún día revele que las diferencias genéticas entre las razas influyen en ciertos rasgos socialmente importantes.
De hecho, la autoridad que se ha ganado el ADN por su uso para liberar a presos falsamente culpados, prevenir enfermedades y descubrir vínculos familiares lleva a las personas a elevar equivocadamente a la genética por encima de otras explicaciones acerca de las diferencias entre grupos. "He pasado los últimos 10 años de mi vida investigando cuánta variabilidad genética hay entre las poblaciones", señaló el doctor David Altshuler, director del Programa de Genética Médica y de Población del Instituto Broad, en Cambridge, Massachusetts. "Pero viviendo en Estados Unidos es claro que las diferencias económicas, sociales y educativas tienen mucha más influencia que los genes".
LA NACION y The New York Times






