
El alcalde que derrocó al virrey
Por Ricardo Garay Para LA NACION
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El 6 de febrero de 1807, el alcalde Martín de Alzaga, en nombre del pueblo congregado frente al Cabildo de Buenos Aires, exigió la destitución del virrey Sobremonte. En sólo cuatro días, ante una decadente administración colonial que les oponía tímida resistencia, Alzaga y sus amigos obtuvieron la convocatoria de una junta de guerra que destituyó a Sobremonte. La junta envió entonces una partida a la Banda Oriental, que capturó al virrey (no sin resistencia) y lo trasladó a Buenos Aires, donde éste permaneció arrestado hasta fines de 1809.
A pesar de haber encabezado esta primera revolución anticolonial del Plata, ningún monumento, plaza o avenida de Buenos Aires nos recuerda hoy el nombre de Martín de Alzaga, y la mayoría de los documentos referentes a su persona han desaparecido misteriosamente. Los pocos historiadores que se han aventurado a comprender al personaje han manifestado opiniones totalmente contradictorias. Alzaga ha sido calificado de realista y de pionero de la Independencia, de monárquico y de republicano.
Lejos de todo eso estaba cuando, con sólo 12 años, la pobreza lo trajo a Buenos Aires en busca de un porvenir mejor. Sólo sus ansias de independencia personal deben haberle preocupado, cuando comenzó a trabajar como empleado de una casa comercial, en la que se burlarían de él porque, siendo vasco, no se le comprendía el castellano. Y en aquellos días de revueltas de principios del siglo XIX, Alzaga era sólo un padre de familia, honesto y leal, que había llegado a transformarse en un próspero exportador a costa de cuarenta años de dura labor, creando, entretanto, fuentes de trabajo y prosperidad que le valieron la confianza de muchos.
El virreinato del Río de la Plata vivía por entonces de su ganadería y de la exportación de cueros, sebos y carne salada. Alzaga poseía cinco barcos que, por el bloqueo naval impuesto por Inglaterra -en guerra contra Francia y España- no podían cruzar el Atlántico. Los exportadores rioplatenses trataban de sobrevivir usando banderas o barcos de países neutrales (portugueses y norteamericanos), cruzando el océano a partir de Bahía y descargando en puertos no bloqueados de Europa continental (Lisboa, Hamburgo, Amsterdam).
España vivía una situación económica deplorable, agravada por la contribución monetaria escandalosa (2.880.000 libras anuales) que el rapaz emperador Napoleón le imponía al gobierno del apático rey Carlos IV. Obsecuente y venal, el ministro Godoy agobiaba a la incipiente burguesía comercial de su país con impuestos de guerra desmedidos, que terminaban en las arcas de Napoleón. El campesinado español pasaba hambre. Godoy mientras tanto, comería bien en el palacio, como amante de la reina que era (situación que irritaba a la Iglesia, a muchos nobles y, sobre todo, al futuro Fernando VII).
Bloqueados por la armada británica y agobiados por los impuestos de guerra, los comerciantes de Cádiz soñaban con instaurar un sistema de poder colegiado. Pero la burguesía de Cádiz era todavía muy joven para oponerse frontalmente a la monarquía absoluta. Seguirían por el momento a Fernando ("El Deseado") en lucha contra el abominable ministro Godoy.
En el virreinato del Río de la Plata, el equilibrio de poder favorecía a los comerciantes exportadores. Durante la primera invasión inglesa, en julio y agosto de 1806, Martín de Alzaga y Juan Martín de Pueyrredón se vieron obligados a financiar importantes milicias con el fin de reconquistar Buenos Aires. Alzaga puso en pie de guerra a seiscientos Voluntarios Patriotas de la Unión y los armó con fuerte artilleria; Pueyrredón, por su parte, dispuso trescientos húsares a caballo.
Terminada la Reconquista, el pueblo enfurecido impidió al virrey Sobremonte volver a Buenos Aires. Este último informó a Godoy de la situación insurreccional, se instaló en la Banda Oriental y designó a Santiago Liniers (aristócrata francés al servicio del rey de España) como comandante general de armas de la plaza de Buenos Aires, para "mantener la disciplina".
En Buenos Aires, Mariano Moreno, abogado brillante y secretario de Alzaga, se encargaba de escribir libelos subversivos en contra del virrey Sobremonte, mientras se lo escuchaba a Alzaga protestar contra los impuestos de guerra, compadecerse de los "pobres que perecen" y pronunciarse en contra del virrey. El ingeniero Felipe Sentenach, comandante de los Voluntarios Patriotas, no disimulaba sus subversivas ideas de independencia.
Astuto e intrigante, Liniers trató entonces de encaramarse en el poder virreinal saboteando toda veleidad de independencia. También él escribió a Godoy y al emperador Napoleón. A este último le hizo valer su condición de francés y le envió la lista de los otros franceses que habían participado en la Reconquista. A la emperatriz Josefina le envió regalos. El 15 de septiembre de 1806, Liniers pasó a ocupar los apartamentos del virrey en el fuerte de Buenos Aires, encontró parte del tesoro español, que había sido robado por los ingleses, y se lo apropió para gastos personales.
En noviembre de 1806, Pueyrredón viajó a España en busca de ayuda militar (contra una segunda invasión inglesa que se preparaba) y dejó a los húsares bajo el comando del próspero ganadero Martín Rodríguez. Tras vencer toda suerte de peligros, Pueyrredón llegó por fin a España y consiguió entrevistarse con Godoy, pero el encuentro fue expeditivo y el trato humillante. Acudió luego a Carlos IV, que lo escuchó con desinterés. Juan Martín de Pueyrredón, hombre de honor, le hizo llegar su respuesta nueve años más tarde, con la declaración de Independencia.
A principios de 1807 los ingleses volvieron a la carga. Un impresionante ejército de 9000 hombres, transportados por más de noventa navíos de guerra, llegó a la Banda Oriental, defendida por Sobremonte y las tropas regulares españolas. Es entonces cuando Alzaga es elegido alcalde de Buenos Aires.
Montevideo cayó el 3 de febrero. Apenas llegada la noticia a Buenos Aires, Alzaga exigió la destitución del virrey Sobremonte, en nombre del pueblo. Rápidamente, el audaz alcalde forzó a la Audiencia y a Liniers a convocar una junta de guerra para decidir. La Audiencia opuso tímida resistencia, el obispo se abstuvo y Liniers propuso agregar su voto "al parecer de la generalidad". Con el apoyo de los demás jefes militares y vecinos de Buenos Aires, Alzaga consiguió una decisión en contra de Sobremonte. Poco antes de ser arrestado, Sobremonte escribió nuevamente a Godoy, denunciando a Alzaga como "uno de los primeros motores de la insurrección".
Martín de Alzaga dejó a las Provincias del Plata sin virrey, por lo que no puede ser considerado como un "realista". Pero tampoco fue un patriota del tipo del venezolano Francisco Miranda o del porteño Saturnino Rodríguez Peña, que preconizaban la emancipación política con ayuda militar británica, a cambio de ceder las riquezas económicas del país a los ingleses. Alzaga fue elegido alcalde y destituyó a Sobremonte con el propósito de preparar la defensa de Buenos Aires (segunda invasión inglesa). No llegó a alcalde con intenciones de lucro personal, ni para ascender en la escala social. Simplemente, defendía nuestra independencia económica frente al dominio inglés.





