
El aporte cultural de la ciencia
Por Antonio M. Battro
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Muchas veces se busca la cultura fuera de la ciencia, como si fueran incompatibles o, en el mejor de los casos, complementarias.
En los colegios y universidades se las ubica en diferentes partes del programa, tienen diferentes ámbitos; de un lado los laboratorios y observatorios, del otro los conservatorios y museos. Como si la ciencia fuera el progreso y la objetividad, y la cultura la contemplación y la subjetividad.
Sin embargo, la historia humana no hace esa distinción. La ciencia es cultura, forma hoy parte esencial de la vida cotidiana, no solamente por la presencia apabullante de la tecnología, sino también por los profundos valores que representa en la búsqueda de la verdad y del bien común.
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En su reciente alocución a la Pontificia Academia de Ciencias , el papa Juan Pablo II se expresó así: "Antes de hablar de los valores culturales de la ciencia, podríamos decir que la misma ciencia representa un valor para el conocimiento humano y para la comunidad humana". En efecto, "gracias a la ciencia tenemos un mayor conocimiento de la posición del hombre en el universo, de la conexión entre la historia humana y la historia del cosmos, de la cohesión estructural y la simetría de los elementos que componen la materia, de la extraordinaria complejidad y la asombrosa coordinación de los procesos mismos de la vida".
La historia de la filosofía -el meollo de la historia de la cultura- nos demuestra que ese maravilloso asombro del ser humano ante la naturaleza, interna y externa, no se agota jamás, más bien, como dice Juan Pablo II, nuestra especie es la única que "se transforma a sí misma a medida que nuestra aprehensión de la verdad y de la naturaleza se hace más comprensible".
Ese valor humano se expresa en los enormes beneficios que la ciencia trae a los pueblos en la investigación básica y aplicada. Cuando los puentes se cortan, la ciencia se combate y los científicos son perseguidos por el poder político, cuando el poder económico se desentiende de la investigación y la educación de la ciencia se reduce a los textos de divulgación, se oscurece toda cultura.
Como dijo el Papa: "Es preciso proteger la autonomía legítima de la ciencia frente a las presiones políticas y económicas, sin flaquear ante las fuerzas del consenso o de la búsqueda de beneficios, con el compromiso de una búsqueda desinteresada de la verdad y del bien común". Así, "la comunidad científica podrá ayudar a los pueblos del mundo y brindarles un servicio que ninguna otra estructura es capaz de ofrecer".





