
El autismo en la adultez
Es hora de destacar la importancia de visibilizar y abordar la condición no solo en niños sino también en esa etapa de la vida
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Si bien cuando se habla de autismo frecuentemente se lo asocia con la infancia, es importante comprender que es necesario trabajar también en la adolescencia y vida adulta con quienes presentan dicha condición. En el camino de la desestigmatización, contar con información sobre el autismo para tener un mayor conocimiento y, de ese modo, poder brindar ayuda a quienes conviven con ello, resulta fundamental.
En los últimos años se ha observado un aumento de casos de pacientes adultos que concurren a realizar una consulta para poder ser diagnosticados en función de si presentan o no autismo, a partir de ciertas características propias que se autodetectan y a raíz de las cuales les surge la inquietud.
Esto se debe tanto a que hoy en día hay más información disponible, como también a que los criterios diagnósticos han cambiado, dado que se flexibilizó y amplió el criterio de qué es lo que se incluye dentro de los síntomas para realizar el diagnóstico. En algunos casos, lo que puede ocurrir es que algunos pacientes consulten a partir de que consideran que quizás las dificultades que presentan para socializar son a causa del autismo, cuando en realidad puede que se deba a otras razones o que sea simplemente por el perfil de personalidad del individuo.
Hoy, Día Mundial de Concientización sobre el Autismo, es una buena oportunidad para recordar la importancia de poder hablar acerca del autismo ya que, cuanto antes se inicie un tratamiento para el paciente y un abordaje del mismo, mejor será la respuesta y se podrán generar tipos de cambios más funcionales. Esto no significa que si se identifica a un paciente a una edad de 5 años, por ejemplo, no se le deba continuar realizando un seguimiento al ser adulto, dado que el autismo tiene una presentación dinámica. Además, las características y la demanda medioambiental van modificándose a lo largo de la vida, por lo cual muchas personas, a pesar de haber sido diagnosticadas a edades muy tempranas, requieren de bloques de tratamiento o intervención para poder dar una mejor respuesta a esa nueva demanda medioambiental a la cual se deben enfrentar en etapas posteriores.
En cuanto a la manifestación del autismo en los adultos, es usual que las dificultades que se observan en los chicos con dicha condición persistan en la adultez. No obstante, muchas personas adultas, aunque no hayan recibido tratamiento, van mejorando diferentes habilidades, pero lo que ocurre es que comienzan a tener algunas fallas mucho más sutiles.
Las complicaciones vinculadas con las habilidades mentales como, por ejemplo, darse cuenta de qué piensa el otro y adecuar la conducta en consecuencia, suelen continuar estando presentes, aunque puede haber adultos que lo comprendan vía el aprendizaje lógico deductivo o debido a que alguien se los enseñó.
La mayoría suele mantener una dificultad vinculada con el hecho de que tienden a perseverar en los tópicos de conversación y con que la calidad de las interacciones y amistades es distinta y no tan provechosa o funcional como en aquellas personas que no presentan ninguna alteración en su neurodesarrollo. Además, puede que persistan algunas dificultades vinculadas con la comprensión y expresión de las emociones. Por otra parte, la literalidad, en torno a la ironía o al sarcasmo, comienza a ser más sutil en esta etapa que en la primera infancia.
Esto ocurre dado que, tal como se ha mencionado, la presentación del autismo no es estática en el tiempo, por lo cual las características que se observan en un niño no es esperable que se vean de la misma forma en un adolescente o adulto.
Al momento del diagnóstico, la dificultad que se encuentra aún hoy en día es que hay poca especificidad en cuanto a los instrumentos para diferenciar trastornos de personalidad. Si bien el aspecto del desarrollo cronológico y evolutivo debería ayudar a detectar si se trata de un cuadro dentro del neurodesarrollo o no, el diagnóstico diferencial en adultos suele ser más complejo.
En línea con ello, la prevalencia de las condiciones del espectro autista ha ido en aumento en las últimas décadas, aunque esto no se ha reflejado en un aumento de la investigación clínica, por lo que se cuenta con evidencia insuficiente sobre los apoyos y adaptaciones que requieren los tratamientos psicológicos para esta población. Por esta razón, se debe continuar investigando con mayor profundidad sobre la trayectoria que tiene esta condición.
Las habilidades sociales son otro punto clave para abordar con respecto al autismo. En general, los adultos, aún estando por ejemplo en la universidad, suelen estar más aislados que en el rango de la niñez o adolescencia. Por ello, es importante intentar desarrollar servicios que estén destinados a mejorar las habilidades sociales en este rango etario, que son diferentes a las que se encuentran en adolescentes o personas más jóvenes. Esto ocurre dado que las habilidades sociales requieren del entorno para poder ponerlas en práctica.
Por ese motivo, es necesario seguir trabajando en pos de dar a conocer cuáles son los desafíos que existen en relación con la socialización, inserción terciaria o universitaria en la transición desde la adolescencia hasta la joven adultez en personas con autismo y de qué manera pueden afrontarse. Vinculado con ello, es imprescindible comprender las principales características de las comorbilidades que presenta esta población y qué adaptaciones se le deberían realizar a los procesos psicoterapéuticos. Además, es esencial poder evaluar cuáles son los objetivos de la persona, su motivación social, y conocer cuáles son sus experiencias previas para poder trabajar con el objeto de brindarle una mejor calidad de vida a cada paciente.
Doctor en Psicología, jefe del Departamento de Psicología Infantil de Ineco





