
El baile de a tres: celoso, celado y el tercero
Cuando hay celos en la pareja, sus integrantes son tres y no dos. Tanto el varón como la mujer puede ser quien cela al otro. Aquí tomaré como modelo, para simplificar el lenguaje, que él es el celoso, ella es la celada y el tercero es un varón.
En la dinámica de los celos intervienen tres personajes:
- 1. el celoso
- 2. el celado
- 3. el tercero (real o imaginario).
El celoso está convencido de que hay un tercero, cuyo objetivo es “seducir” a su pareja. Entonces se coloca debajo de ese tercero y cree que “él es mejor que yo” (“yo no valgo”). El miedo al abandono es el corazón de este juego, con una mezcla de tristeza e ira, por no ser el elegido.
Un elemento común en estos casos es la imaginación. A veces, el juego comienza con una leve intuición de que algo raro pasa; para luego cobrar forma y crecer hasta convertirse en una imaginación constante. Entonces, el celoso dirá frases tales como: “Llegaste tarde porque lo viste”; “ví cómo lo miraste”; “te vestís así porque lo querés seducir”; “estás en Facebook todo el día”; “pasás mucho tiempo con tu jefe”; “estás mucho con ese compañero de facultad".
TODO puede conectarse con el plan de infidelidad que existe en la mente del celoso y, como dijimos, tal actitud nace del miedo.
En ocasiones, los celos son el “chivo expiatorio” de una pareja en crisis, con lo cual, ese tercero es un desvío del verdadero problema que ambos tienen. Aquí la desunión afectiva es tapada por otra cuestión: el tercero.
¿Qué cosas se pueden celar? Todo: un trabajo, un amigo, un compañero, un jefe, etc.
En este baile de tres, el celado es visto como un premio apetecible para el tercero que lo persigue. El tercero posee un vínculo (físico o mental) con el celado.
Podríamos decir que hay tres niveles de celos:
- 1. Podría llegar a pasar algo: Se trata de situaciones ocasionales o esporádicas, intuidas por el celoso.
- 2. Está por pasar algo ya: Aquí hay una “hipótesis”, una probabilidad inminente, que tiene la fuerza de la obsesión de la búsqueda del celoso.
- 3. Está pasando algo (me están engañando): En este nivel el celoso tiene una seguridad absoluta. Es una creencia que hace que las cosas puedan terminar muy mal para la pareja. Los celos son la tercera causa de homicidios. Dicho cuadro se denomina “celotipia” y se piensa en eliminar al otro. “Sos mía o de nadie”, piensa el celoso.
En toda situación de celos los valorizados son dos: el tercero y el celado, y uno solo es desvalorizado y excluido: el celoso. De ahí, la omnipotencia, la ira y otros sentimientos negativos en él. Esa desvalorización interna del celoso es la base sobre la que se construyen los celos. Su estima se encuentra por el piso, debido a su gran temor de ser abandonado (que probablemente tiene su origen en la niñez).
El baile analizado
El celoso: insiste, instiga, pregunta, interroga al celado.
El celado:
a. Trata de convencerlo, explicándole que no es así. “Estás equivocado, llegué tarde porque perdí el colectivo”, le dirá. El celoso entonces se calmará, para luego volver con más ímpetu, porque esa explicación le potenció los celos aún más. Es decir, que le generó más sospecha. Cada dato que recibe provoca preguntas interminables.
b. Busca en vano la “respuesta correcta” que lo calme, probando mil variantes. Una de ellas es llenarlo de caricias y palabras dulces: “Yo te amo a vos”; “vos sos lo mejor que me pasó en la vida”. Al igual que en el caso anterior, resolverá a corto plazo la situación; pero a largo plazo (unas horas) el celoso volverá nuevamente al ataque con sus celos, dado que ninguna explicación es creíble.
c. Se calla y opta por no contestar más las interrogaciones del celoso, lo cual para él es una reconfirmación (“el que calla otorga”) de la creencia de que “algo hay entre ustedes”.
Estos tres escenarios lo único que logran es reforzar el circuito de interrogador e interrogado, entregándole así al otro el rol de “cuidador de la pareja” frente a una posible infidelidad.
Las consecuencias
Este baile que se repite y se repite trae como consecuencia el desgaste de ambos. Llamados, preguntas, insistencias, interrogatorios, peleas y discusiones terminan por asfixiar al otro.
Frente a la insistencia del celoso, el celado tomará distancia, llegando más tarde a la casa, hablando menos con el celoso, etc.
El peor final
El celado, un día, llega a su trabajo y alguien lo valora, lo seduce, lo trata con respeto, le trae paz. De modo que sucede lo que tanto temió el celoso, es decir, una profecía autocumplida. Alguien le habla al celado sin perseguirlo ni descalificarlo.
¿Qué hacer como pareja?
Construir un diálogo en un contexto de paz, tranquilidad y racionalidad donde se puedan expresar los temores y angustias sin agredir al otro.
Hablar en momentos de paz e intimidad:
Se trata de poder contar todo lo que sucede, de conversar mucho y de muchas cosas para resolver juntos la situación. Así, el celoso podrá compartir con su pareja no sus preguntas sino sus miedos. Esto debe hacerse en un clima de racionalidad afectiva, de manera clara, directa, tranquila, sincera, respetuosa y cortés. Siempre en calma.
“Estoy con vos porque te quiero tal como sos”. Una frase de este tipo de parte del celado puede ayudar a establecer un circuito de diálogo en un clima de honestidad y firmeza, sin dejar de verse o hablar con quien siente celos.
¿Qué debería hacer el celoso?
Tiene una distorsión del concepto de pareja. Confunde sentir amor con ser dueño. Por eso, debería cambiar el “vos sos mía” o “vos sos mi propiedad” por “decidimos estar juntos porque lo hacemos cada día en libertad”, matando así sus celos y restableciendo lo más lindo que tiene la pareja: la libertad de elegirse mutuamente. El amor pide: “Entregame tu voluntad” para ser así obedecido; mientras que los celos creen que amar es creer que “vos sos mía”, “vos sos mi pertenencia”, “yo soy tu dueño”. La verdad es que nadie pertenece a nadie, esa es la grandeza de la libertad. El amor nace de la libertad, no de la obligación.
La rivalidad que el celoso trae es una rivalidad antigua no resuelta, ya sea con el hermano, el padre, etc. Esta es actualizada y desplazada ahora hacia su pareja.
- Bloquear el control que hace que se perpetúe el circuito: Todo lo que hace el celoso, como investigar, revisar celulares, etc., no es un problema externo, sino interno del celoso. Es una cuestión de baja estima, de ausencia de recursos internos y valoración personal. Lo que debería hacer es dejar de culpar al otro y hablar del miedo y el dolor que siente. La vida es sinónimo de incertidumbre. Ella podría estar con otro y él, con otra; pero han decido estar juntos. Todos somos deseados y deseantes, algo que necesitamos aceptar.
- Entender que los celos no son una expresión de amor, sino de posesión: Los celos son un “disfraz del amor”. El celoso debe trabajar en su estima y reconocer su singularidad, sus valores, sus fortalezas. No confía en ella (el celado) porque no puede confiar en sí mismo.
- Revisar si no son la proyección de los deseos internos que uno tiene: La rivalidad del tercero es una reactualización de la lucha entre hermanos por papá o por mamá, y el temor de ser abandonado por alguno de ellos.
Los celos pueden ser una fachada para tapar otros problemas, para llenar un vacío, para superar un duelo, un miedo, etc.
Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com






