El "banco de los pobres"

(0)
22 de agosto de 2001  

MIRAR lo sustantivo del país supone hoy, inevitablemente, contemplar la pobreza y las necesidades desatendidas de una considerable porción de nosotros. Advertir lo injusto de esas postergaciones y tratar de paliarlas en la medida de lo posible es un prioritario deber cívico, que compromete las responsabilidades sociales e individuales de todos. Congratula que en medio de la desazón causada por la persistencia de ese estado de cosas, entre los muchos factores que se mueven para ayudar y robustecer los esfuerzos por revertirlo, se encuentren organizaciones crediticias deseosas de servir a la fraternidad humana mediante los mismos mecanismos que para muchos son sinónimos de exclusión, o de explotación.

Otorgar pequeños créditos a gente que no puede disponer de garantías fue el sistema ideado por el economista bengalí Muhammad Yunus, y su aplicación entre nosotros está funcionado de manera realmente promisoria. Ya más de 200 grupos o instituciones los acuerdan y se calcula que el monto global de lo prestado asciende a unos cien millones de pesos.

A esa cifra se ha llegado mediante pequeñas sumas facilitadas a personas que de ninguna manera podían acceder a los planes crediticios normales, y únicamente al efecto de permitirles incorporarse al mundo laboral por medio de la adquisición de insumos. El retorno de esos préstamos se hace en cuotas de diez o quince pesos semanales y, sintomáticamente, su devolución puntual y completa abarca más del noventa por ciento de los casos, en lo que cabe considerar un conmovedor ejemplo de cómo apelando al decoro y a la dignidad del hombre es posible obtener resultados inconcebibles en un mundo regido por las normas económicas tradicionales.

En cambio, personas que aspiran a sostener una actividad, o a poder pagar una herramienta de trabajo, que no pocas veces han sido desocupados y que, por lo mismo, están dispuestas a los mayores sacrificios para no reacaer en esa situación agobiante, reciben esa ayuda como una muestra de amistad y se sienten obligados a responder con similar disposición de ánimo, a honrar de veras el aprecio que se les ha prodigado.

Yunus ha imaginado su peculiar "banco de los pobres" según las pautas de una sociedad en la que los problemas económicos constituyen un elemento distorsionador que inhibe la plenitud humana y somete a restricciones severas. Se entiende que "el banco de los pobres" sólo puede adquirir su entera dimensión benéfica en ámbitos de indigencia y de penuria como lo es la propia patria de su creador, y varios otros países en los que también la iniciativa ha sido recibida con entusiasmo.

En esa condición está la Argentina, de antiguo acostumbrada a gastos y ostentaciones, pero objeto ahora de lecciones de humildad que ojalá no olvide nunca. En otras épocas acaso hubiésemos sido indiferentes a este magisterio de la necesidad; hoy, en cambio, nos abrimos a él con genunino interés e indudable buena voluntad, convencidos del valor de la perseverancia y de las ventajas de la solidaridad.

Pronto hará tres años de que se conocieron en la Argentina la obra y las aspiraciones de Yunus, y en ese breve lapso no sólo directos colaboradores locales suyos han puesto manos a la obra para contribuir a realizar un empeño del que muchos lo esperan todo, sino también numerosas comunidades civiles y religiosas y multitud de espíritus nobles anhelosos de ayudar a sus semejantes: en diversos parajes del Gran Buenos Aires, en La Plata, en Bahía Blanca, en Misiones y en Mendoza, está surgiendo un nuevo tipo humano en el que se dan las manos el voluntario social, el administrador económico y el empresario visionario.

Porque esto que ha comenzado a marchar no es asistencialismo ni beneficencia, sino contribución de unos a otros para favorecer al conjunto, inevitablemente agredido cuando algunos de sus integrantes padecen miseria. Por eso es imprescindible devolver el préstamo, que en ningún caso es una limosna y cuyo retorno permitirá asignar esa suma a otra persona en problemas.

La meta consiste en que un compañero y su familia superen el cerco en que están atrapados, por medio del trabajo, la utilidad social y la restitución de la autoestima. Y no pocas veces se consigue llegar a ella.

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.