
El banquero de las mujeres
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EN cierto sentido, el destino del hombre que devolvió la dignidad a la vida cotidiana de miles de mujeres en Bangladesh fue, precisamente, obra de dos mujeres.
El tercero de catorce hijos, Muhammad Yunus creció educado por una madre sensible, siempre preocupada por los pobres y dispuesta a socorrer a los parientes más necesitados con una parte de los ahorros familiares. Además (y esto no es un dato menor en la sociedad bengalí de la época) la madre de Yunus trabajaba en la joyería de su marido y disponía de su propio dinero. "Mi madre fue la persona que me enseñó a apreciar el valor de la mujer en el desarrollo de la sociedad -responde Yunus a La Nación desde su hogar en Dacca-. No lo hizo con palabras sino con el ejemplo de todos los días".
Yunus se casó por primera vez en 1970, con Vera Forostenko, una joven soviética a la que conoció a fines de los años sesenta, en sus días de estudiante en los Estados Unidos. Se establecieron en Bangladesh en 1972. En marzo de 1977 nació su hija y a fines de ese mismo año Vera le informó a Yunus que pensaba volver a los Estados Unidos. Se llevaba consigo a la niña y le pidió que la acompañara, esgrimiendo un argumento difícilmente refutable: Bangladesh, dijo, no era el sitio ideal para criar a una mujer.
"Creo que esas palabras no influyeron en mí de un modo consciente -recuerda hoy Yunus-, pero a partir de ese momento mi trabajo estuvo orientado a que en mi país la vida dejara de ser más difícil para las mujeres a causa de su condición sexual. Por otra parte, aunque he recorrido el mundo, nunca se me ocurrió instalarme en otro país que no fuera Bangladesh para combatir la pobreza".
Misiles bengalíes
El movimiento económico generado por el programa de microcréditos Grameen creado por Yunus trajo cambios culturales, y modificó la relación de la sociedad con la religión musulmana, que el propio Yunus practica. Hace algunos meses, en un artículo publicado por el Herald Tribune, el novelista Alan Jolis señaló que el microcrédito puede lo que no pueden los misiles norteamericanos: debilitar los cimientos del fundamentalismo religioso. Yunus, sin embargo, se muestra sumamente cauto al respecto. Sabe que lo que Occidente aplaude como una virtud puede estimular el recelo de sus compatriotas complicando el desarrollo de su programa económico-social.
"No creo que haya nada malo en el fundamentalismo religioso per se -responde-, lo que ocurre es que hay elementos en él que habitualmente son utilizados por personas que tienen una actitud antimujeres, antipobres y antipueblo en general. Grameen no está en guerra con ninguna religión y respeta todas las creencias; lo que sí hace es ayudar a que la gente combata esas tendencias negativas en las prácticas religiosas". El aspecto más atractivo del programa de microcréditos es, al mismo tiempo, el más problemático: la posibilidad de exportar el modelo Grameen al resto del mundo. En los países industrializados y aun en las economías emergentes que no padecen el grado pavoroso de pobreza que existe en Bangladesh, poner en marcha la maquinaria financiera que rescate de la indigencia a la población cuesta más dinero. Y no sólo eso: las diferencias culturales, la fragmentación de sociedades que carecen de un tejido solidario consistente, dificultan el desarrollo del programa Grameen. Sin embargo, Yunus avanza sobre esos obstáculos con la fuerza aplanadora de su optimismo empecinado y contagioso. "Es cierto que en el mundo industrializado nuestros programas han causado un impacto menor, en pequeña escala; además, aún no han superado los problemas de la convivencia con los sistemas de asistencia social. Pero, en general, Grameen está funcionando bien en todo el mundo. Y las dificultades terminan fortaleciéndolo: muchos programas, que tuvieron tropiezos en sus cominezos, a la larga se convirtieron en modelos a seguir".
Después de que el Estado social se ha declarado en quiebra en casi todo el mundo, Yunus propone combatir la pobreza sumando a su programa de préstamos una receta no demasiado novedosa, que guarda gran parecido con la que Francia puso en práctica durante la primera mitad del siglo XIX y que el brillante sociólogo francés Robert Castel llamó, elocuentemente, "una política sin Estado", en su libro Las metamorfosis de la cuestión social (Paidós): las estructuras estatales deberían verse libres de solucionar los problemas sociales y, en cambio, abocarse a promover la aparición de empresas con conciencia social (" social driven enterprises ", dice Yunus). Sin embargo, el profesor bengalí introduce un ingrediente que provoca como una bofetada a quienes se han formado en el valor de la educación como base del progreso personal. Yunus afirma que, a la hora de salir de la pobreza, el dinero es una necesidad más urgente que la educación. "El primer paso para que una persona pueda hacerse cargo de su vida es el crédito, no la educación -insiste, desde Dacca-. No tiene sentido decirle a un pobre que no sabe nada y tratar de enseñarle conocimientos nuevos: el hecho de que haya sobrevivido muestra que tiene alguna habilidad. La vida educa a la gente, pero la gente no puede poner en práctica esos conocimientos porque le falta el capital mínimo indispensable para hacerlo. La educación adicional (académica o no) puede llegar después, mientras la gente ya desarrolla una actividad que genere ingresos. Es mejor crear una situación que les produzca el deseo de continuar una formación. De hecho, muchos de los prestatarios de Grameen sintieron la necesidad de alfabetizarse y, luego, de educar a sus hijos, para que corten el circuito de la pobreza".
La trampa de la seducción
Yunus también propone una curiosa forma de revalorizar el trabajo en relación de dependencia: "Creo que en la medida en que el autoempleo se convierta en una opción conveniente para más personas (por ejemplo, haciendo más accesible el crédito para iniciar una actividad por cuenta propia), más gente lo elegiría como medio para ganarse la vida. En consecuencia, las condiciones del trabajo en relación de dependencia mejorarán, porque los empleadores tendrán que competir para retener a sus empleados". Y agrega una reflexión que cita de su propio libro y es, al mismo tiempo, una estocada al machismo y al liberalismo descarriado: "La idea de que una persona deba pasar su infancia y buena parte de su juventud preparándose para capturar el interés de un empleador cuando se presenta en el mercado laboral, me indigna. Me recuerda las épocas en que las madres enseñaban a sus hijas a ser seductoras para conseguir marido. La vida humana vale demasiado como para dilapidarla, primero, preparándose para trabajar, y luego, pasando todo el tiempo al servicio de un empleador".
Palabras de combate
A continuación, algunas reflexiones de Muhammad Yunus citadas de su libro Hacia un mundo sin pobreza (Andrés Bello).
- "Muchas veces he sostenido que el dinero dilapidado en vastas burocracias se gastaría mucho mejor si se entregara a nuestros más necesitados bajo la forma de crédito."
- "Aprendí que las cosas nunca son tan complicadas como uno imagina. Con demasiada frecuencia se tiende a buscar soluciones complejas a problemas simples, o a ocultar la ignorancia con explicaciones complicadas destinadas a impresionar a la galería."
- "La mayoría de los analistas de las causas de la pobreza se dedicaba a preguntarse por qué ciertos países eran pobres, en lugar de preguntarse por qué determinada parte de una población vive bajo el umbral de la pobreza."
- "Ser pobre en Bangladesh es duro para todo el mundo, pero aún más cuando se es mujer. Y cuando ellas ven que se les ofrece una posibilidad de salir adelante, por modesta que sea, resultan más combativas que los hombres."
- "La pobreza es una enfermedad crónica. No se la puede curar con medidas ad hoc . Puede haber medidas de corto aliento, pero hay que contar con una estrategia de largo plazo cada vez que se da un paso táctico."
- "En Bangladesh, los ricos que piden prestado a un banco acostumbran no reembolsar. Siempre me ha asombrado esta parodia grotesca que sucede en el sistema bancario. Los bancos gubernamentales inyectan fondos públicos en el sistema y los aprovechan los que nunca reembolsan sus créditos."
- "Los bancos tradicionales exigen que sus clientes vayan a sus oficinas. Para un pobre -sobre todo si es analfabeto- una oficina es algo aterrador y amenazante."
- "Los impuestos benefician en primer lugar a la burocracia que los cobra. Además, como la burocracia no está motivada por las ganancias, no tiene razón alguna para aumentar su eficacia."
- "Antes de que el mundo se resigne y sucumba, hay que estudiar muy seriamente una solución de recambio (...) Para mí, lo que cuenta es la mejoría de la calidad de vida del 50 por ciento (o el 25) más desfavorecido de la población."





