
El chiste de Adán y Eva
Silvia Hopenhayn Para LA NACION
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Para contrarrestar el nuevo auge de los relatos misóginos que promueve la inútil guerra de los sexos, hay un clásico que sostiene con frescura el raro encuentro entre el hombre y la mujer en el mundo: Los diarios de Adán y Eva , del polifacético Mark Twain, autor también de Tom Sawyer y su aventurera secuela, Huckleberry Finn .
Con amargo humor, pero siempre cargado de ternura, Twain se las ve con el primer hombre y la primera mujer para hallar los filamentos más íntimos de su unión, incluyendo la discordia. Para ello, se propuso considerar la experiencia de cada uno, alternando sus voces en primera persona. Estos diarios, aparecidos entre 1893 y 1905, reflejan así el maravilloso estupor del uno frente al otro.
En los "Extractos del diario de Adán", Eva aparece nombrada como "la nueva criatura", y su mayor desconcierto frente a ella es el uso que hace del plural. "¿Tendremos? ¿Nosotros?", se pregunta Adán estupefacto; también lo exaspera esa compulsión que ella tiene por nombrar todo lo que ve: "La nueva criatura le da un nombre a todo lo que aparece antes de que yo pueda protestar. Y siempre ofrece el mismo pretexto: se parece a la cosa". ¿Será que la mujer nombra lo que luego el hombre se empeña en explicar?
El diario está dividido en días. Es curioso que los domingos se repita siempre la misma y escueta frase: "Sin novedad". Un lunes Adán lo aclara: "Creo que alcanzo a ver qué es la semana: es tiempo para descansar del aburrimiento del domingo". El aburrimiento es causa suficiente como para darles un buen mordisco a los días. Enseguida llega la propuesta de la serpiente y Eva se prende a la manzana. Twain juega con el origen del pecado, inyectando un equívoco. Según Eva, fueron expulsados del paraíso por una castaña, no por la manzana, y el responsable fue Adán, por haber pensado un chiste en el momento de la creación. "Castaña", en sentido figurado, es un chiste viejo y malo, y, según la serpiente, "la primera castaña era contemporánea de la creación". Claramente, venimos de un chiste.
Lo que no parece ser chiste es la relación que se va estableciendo entre Adán y Eva. Así como al principio Adán manifestaba cierto tedio frente a esta mujer parlanchina ("lo que ella sea no me importaría si se bastara por sí misma y no hablara"), el acceso a la muerte, o sea, a la pérdida, conlleva la posibilidad de amarla. Hasta su relación con los domingos cambia: "Ella no trabaja los domingos, sino que permanece tendida descansando y le gusta tener al pez [Caín, antes de que descubran que es un bebe] acurrucado sobre ella. Debería haber más domingos. En los viejos tiempos eran arduos, pero ahora son muy prácticos". El final de estos diarios es de una ternura extrema.
La novedad, un verdadero hallazgo, son los dibujos que acompañan la reciente edición española de Los diarios ... (Libros del Zorro Rojo), lamentablemente con pocos ejemplares distribuidos en nuestro país. Se trata de delicadísimos trazos en lápiz que el multipremiado dibujante español Francisco Meléndez esbozó en el cementerio que por las noches vigila, recluido en un monasterio, luego de optar por el silencio.
Eva jamás lo comprendería.
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