
El círculo vicioso de la corrupción
Por Serge Schmemann De The New York Times
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NUEVA YORK.- El primer temor de Occidente ante el colapso de la Unión Soviética fue una revancha comunista. El actual es la koruptsiya , la imagen de los comunistas de anteayer, los reformistas de ayer y los "nuevos rusos" de hoy amasando fortunas por vía del saqueo y el capitalismo. Los occidentales, que hace muy poco querían tratar la economía rusa con electrochoques, ahora quieren saber "quiénes arruinaron a Rusia", como si ya no tuviera salvación.
Los últimos informes sobre el flujo de dinero ruso por el Bank of New York sólo refuerzan la idea de que la economía, el gobierno y las fuerzas armadas han sucumbido en masa al gangsterismo, la codicia, el peculado, el soborno y las "trenzas". Además, manipulan con asombrosa maestría los mecanismos monetarios globales. La plaga ha alcanzado a muchas otras ex repúblicas soviéticas y a algunos países de Europa Oriental.
La inquietud va más allá del antiguo bloque comunista. James D. Wolfensohn, presidente del Banco Mundial, ha dado máxima prioridad al control de la corrupción en los países clientes.
Transparencia Internacional, organización fundada en 1993 por Peter Eigen, predecesor de Wolfensohn, ha elaborado un índice de percepción de la corrupción que clasifica las naciones tal como las ve la gente de negocios: Rusia, Colombia, Indonesia y Nigeria aparecen como las más corruptas. Pese a su carácter subjetivo, las listas han suscitado una polémica en torno a las causas y focos del mal, la cual sugeriría que la corrupción es el problema primordial de los ex países comunistas y las naciones en desarrollo. Sin embargo, ni siquiera hay consenso acerca de qué se entiende por corrupción o cuán nocivos son sus efectos.
Un fenómeno universal
Tomemos por caso a Rusia. Gran parte de su vaciamiento puede ser técnicamente lícito, por ausencia de una legislación pertinente y porque se efectúa so capa de la privatización. Al advertirse por primera vez los excesos de ésta, se generalizó la idea de que Rusia simplemente estaba pasando por una etapa forzosa de acumulación de capital por parte de inversores inescrupulosos. Paralelamente, se arguyó que las "trenzas" son un fenómeno universal, pero las sociedades desarrolladas las legalizan por diversas vías (por ejemplo, las donaciones para campañas políticas).
Algunos economistas todavía sostienen que cierto grado de corrupción es beneficioso por cuanto "lubrica el engranaje" de las burocracias abultadas, ineptas y mal remuneradas, abriendo camino a las empresas agresivas. Este argumento goza de especial popularidad entre multinacionales por lo demás respetables: según dicen, cuando operan en países en desarrollo o del ex bloque comunista, no tienen más remedio que adaptarse a la cultura local. Algunos reformistas responden que los países desarrollados y sus multinacionales son los máximos responsables del mantenimiento de la corrupción.
Los intentos de elaborar una teoría unificada tienden a encallar en los hechos. Si en la ex Unión Soviética y en Europa Oriental el culpable es el comunismo, ¿cómo se explica que en Estonia haya mucho menos corrupción que en Letonia? Basta leer los diarios para saber que es una plaga universal.
Daniel Kaufmann, el funcionario del Banco Mundial que más combate la corrupción, afirma que aunque no haya una definición consensuada, la mayoría de la gente "detecta la corrupción a primera vista" y preferiría vivir sin ella.
Susan Rose-Ackerman, profesora de derecho en Yale y autora del libro Corruption and Government ("Corrupción y gobierno"), concuerda con él en que es un síntoma de un Estado enfermo y, por ende, puede curarse reformando los incentivos e instituciones y controlando los mecanismos. "Como economista, apunto a acciones concretas y no a un rearme moral. Pienso en una reducción de los incentivos a la corruptela", expresa.
Kaufmann coincide: "Hay variables institucionales. Desde luego, la historia es importante en un sentido filosófico, pero más lo es el hecho de que la corrupción se mantenga invariable a lo largo del tiempo. No se lucha contra la corrupción combatiéndola en sí misma". Probablemente haya que abordar factores tales como la estabilidad macroeconómica, las políticas sociales y las medidas favorables al mercado, la educación, el desarrollo institucional, la política y la responsabilidad.
La burocracia rusa
Kaufmann rechaza igualmente la hipotética utilidad de la corrupción. Un estudio conjunto del Banco Mundial y la Universidad de Harvard, señala, reveló que "las firmas que pagan más coimas tienen también mayores probabilidades de gastar más tiempo administrativo en negociar reglamentaciones con burócratas y afrontan un mayor costo de capital". Añade que el Banco Mundial ha aplicado la misma táctica en países tan disímiles como Georgia, Albania y Bolivia: trata la corrupción como "un síntoma de la enfermedad subyacente del Estado", identifica las agencias y áreas más débiles y vulnerables, constituye grupos de trabajo para cada área y prepara proyectos de reformas.
Aun así, cualquier reforma presupone la voluntad política de combatir la corrupción. Allí donde falta esa voluntad, o donde la corruptela ya es un hábito, ésta empieza a corroer el Estado mismo. "Temo que las ex repúblicas soviéticas hayan entrado en un círculo vicioso: el escepticismo hacia cualquier individuo investido de autoridad ratifica la creencia de que todos los funcionarios son corruptos por naturaleza", comenta Rose-Ackerman.
En Rusia, las cifras dan pocas esperanzas de reformas a corto plazo. Los burócratas encargados de administrar y privatizar empresas ya suman más que toda la nomenklatura soviética. El economista sueco Anders Aslund afirma que el 70 por ciento, por lo menos, acepta coimas. Y Boris Yeltsin despidió a su primer agente contra la corrupción, Yuri Boldyrev, no bien éste comenzó a señalar con el dedo a sus aliados en la alcaldía de Moscú, el Comité de Bienes Estatales y las fuerzas armadas.
En un informe para Transparencia Internacional, Marek Hessel y Ken Murphy sostienen que aun cuando la gangrena rusa sea curable, extirparla llevará largo tiempo. Hacen notar que Alemania inició este proceso en el siglo XVIII, e incluso los Estados Unidos, donde algunos gobiernos locales siguen siendo bastante corruptos, tienen una tradición centenaria de buena administración pública.
Traducción de Zoraida J. Valcárcel





