
El cociente intelectual
Por Antonio M. Battro
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La psicometría es una disciplina que hace de puente entre las ciencias exactas y las humanas. Uno de sus objetivos es medir la inteligencia humana. Muchas pruebas y sistemas de evaluación son un modo encubierto de medir la inteligencia del alumno. Pero, ¿se puede acaso medir la inteligencia?
Un primo de Charles Darwin, Francis Galton, fue, tal vez, el primero en estudiar la inteligencia humana a través de pruebas sencillas que podían cuantificarse y publicó al respecto un libro con un título provocador: El genio hereditario (1869). Sus ideas sobre la herencia de la inteligencia no se pudieron verificar, pero quedó vigente el proyecto de medirla.
Al comienzo el siglo XX el psicólogo francés Alfred Binet tuvo la buena idea de estudiar el desarrollo de la inteligencia en niños de diferentes edades y divulgó una escala (llamada de Binet–Simon) para la edad mental que tuvo mucho éxito entre los educadores. El alemán Wilhelm Stern propuso dividir la edad mental de un niño por su edad cronológica y de esa manera obtuvo un coeficiente más estable a través del tiempo.
El norteamericano Lewis Terman bautizó esta relación cociente intelectual , el célebre IQ (intelligence quotient), donde un IQ entre 90 y 109 representa una inteligencia media. Se creó un procedimiento sencillo de administrar estas pruebas en forma simultánea a muchas personas, lo que extendió notablemente su aplicación, dando lugar a una verdadera industria de tests de inteligencia.
El propio Terman seleccionó a más de 1000 niños con un IQ superior a 135 y los siguió estudiando por décadas. Estos sujetos fueron apodados, cariñosamente, los “termitas”, pero esta prolongada y meritoria investigación no fue concluyente. Muchas personas con IQ comparables tuvieron desempeños intelectuales muy dispares, y viceversa.
Pero la idea de contar con una “medida general” para la inteligencia, llamada factor G por Charles Spearman, sigue teniendo defensores. Se llegó incluso a afirmar que “la inteligencia es lo que mide un test”, una definición muy poco satisfactoria. Tiene razón Howard Gardner al decir que “la inteligencia es algo muy importante para dejarla en manos de quienes construyen tests”.






