
El crecimiento demográfico mundial
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Según un informe reciente del Fondo de Población de las Naciones Unidas (Fnuap), nuestro planeta está habitado por seis mil millones de personas en este fin de siglo. De acuerdo con proyecciones que maneja ese mismo organismo, en el año 2050 la población mundial habrá de rondar los 8900 millones. Esta hipótesis implica que entre 1960 (tres mil millones) y 2050 la población planetaria se habrá prácticamente triplicado. Tan vertiginoso incremento plantea y planteará complejos desafíos de carácter universal.
La situación demográfica mundial, por efecto de los progresos científico-tecnológicos, se ha modificado sustancialmente. Llevó 18 siglos al planeta alcanzar los mil millones de habitantes. Ahora, antes de concluir la centuria, ese mismo aumento se ha producido en poco más de una década.
La nueva realidad reclama políticas previsoras, que aseguren un básico bienestar y posibilidades de ascenso social a las nuevas generaciones. Ninguna planificación humana y social puede hoy dejar de contemplar adecuadamente los problemas que emergen del muy dinámico proceso demográfico.
En este cuadro se incluyen cuestiones tan críticas como la reducción de la mortalidad infantil, la atención eficiente de la salud, la lucha contra el hambre y el desempleo, la educación universal y la preservación del medio ambiente. A su vez, cada una de las cuestiones citadas abre otros interrogantes por resolver.
Así, por ejemplo, la población mundial crece y cada vez vive más tiempo, tal como lo revela el descenso de las tasas de defunción. El número de las personas mayores de 60 años ha crecido enormemente y, como es lógico, se han incrementado proporcionalmente las demandas de seguridad y asistencia social.
La población no crece de manera pareja en las distintas áreas geográficas y político-económicas. En los países más desarrollados, la reducción de los índices de mortalidad va unida a una disminución perceptible de la natalidad. Esa reducción se compensa en algunos casos con migraciones atraídas por necesidades de trabajo y de bienestar, lo cual lleva en potencia la generación de conflictos de integración cultural de laboriosa superación.
Asimismo, la distribución de la población en crecimiento ha venido acentuando el fenómeno de la urbanización en el mundo. Se calcula que 60 millones de personas abandonan el medio rural anualmente para trasladarse a las ciudades. Por ello se van sumando nuevas megalópolis en el planeta y en ellas la población compite por el espacio, el agua, el aire, la vivienda, el trabajo. En 1960 eran sólo dos las megaciudades; hoy son 17 y 13 de ellas se encuentran en países no desarrollados.
Se advierte, entonces, que el impacto poblacional afecta la cantidad y calidad de los recursos naturales. Agua, tierra, aire, se van agotando o deteriorando por los requerimientos de más y más habitantes; en suma, resulta indispensable cuidar al máximo el equilibrio de los recursos de la biosfera.
No se debe omitir tampoco que los desastres naturales y las guerras han provocado en esta década mayor número de víctimas y daños materiales que en igual lapso anterior. Ha de tenerse en cuenta que las presiones demográficas unidas a condiciones de pobreza agravan los efectos de los desastres. En este sentido es cada vez más urgente disponer de medios suficientes para brindar ayuda humanitaria a los pueblos castigados por calamidades. Esa misma causal abona la necesidad de políticas sociales que reduzcan las situaciones de pobreza extrema.





