El cuerpo y la identidad como obra de arte

Las obras de la artista francesa ORLAN, que exhibe el Macba, forman parte de una búsqueda artística contemporánea que cuestiona en carne propia la herencia genética y cultural
Julio Sánchez
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19 de febrero de 2017  

Contemporáneos Angoumois & Normandie (2016), bordado de Chiachio & Giannone
Contemporáneos Angoumois & Normandie (2016), bordado de Chiachio & Giannone Crédito: Gentileza Chiachio

Una máscara dice más que una cara, decía Oscar Wilde. Y nada más cierto. Además de la máscara, hay disfraces, maquillaje, cirugía, medicamentos y Photoshop para modificar y construir la apariencia de las personas.

Si hablamos de arte contemporáneo, la construcción de la identidad cristalizó como idea en dos muestras internacionales: Post Human –curada por Jeffrey Deitch en 1992– e Identidad y alteridad (1995), ensayo propuesto por Jean Clair para la 46a Bienal de Venecia. Deitch postulaba que el hombre post-humano sería capaz de decidir su apariencia física y su personalidad independientemente de las características culturales y genéticas heredadas, tal como hizo Michael Jackson.

Muchos artistas se preocuparon por generar sus propias fantasías de identidad. Es el caso de Cindy Sherman (Estados Unidos, 1954), quien prácticamente basa toda su obra en escenificar situaciones con su propio cuerpo y rostro para evocar películas, obras de arte y cientos de situaciones que reestructuran el rol histórico de la mujer.

Marcel Duchamp ya había marcado un antecedente cuando se hizo fotografiar por Man Ray como una dama llamada Rrose Selavy. Hasta hoy, cuestionar la identidad como un desafío a los patrones culturales impuestos es tendencia en el arte contemporáneo.

Fotografía de la serie Autohibridación africana (2000) de ORLAN
Fotografía de la serie Autohibridación africana (2000) de ORLAN Crédito: Gentileza Macba

ORLAN (Saint-Étienne, 1947)

Contra la dominación

Nació como Mireille Suzanne Francette Porte y en 1971 adoptó el nombre de ORLAN, en letras mayúsculas. Según ella, suprimir el apellido paterno es negarse como propiedad del padre. Hacia 1990 comenzó una serie de cirugías estéticas para cambiar su apariencia física y reinventarse. Mientras la intervenían, leía textos de estética y era filmada, cuestionaba los parámetros de belleza a los que se había sometido a la mujer a lo largo de la historia.

En el Macba (Av. San Juan 328) se pueden ver hasta el domingo próximo seis fotos de la serie Autohibridación africana –como Antigua cresta de bailarina ejagham con cara de mujer euro santistebense y Mujer jirafa Ndebele de Ngumi Stock de Zimbabue con mujer europarisina, entre otras– en las que dirige su mirada a la cultura africana. Se basa en fotografías etnográficas para denunciar las presiones políticas, religiosas y sociales que sufre el cuerpo, en particular el de la mujer.

En toda su obra, ORLAN se opone a cualquier determinismo que justifique la dominación masculina, la segregación y el racismo.

Leo Chiachio & Daniel Giannone (Buenos Aires, 1969/ Córdoba, 1964)

Disolver el ego

Viven y trabajan juntos desde 2003, y lograron lo que parece imposible para un artista: disolver sus egos. “Somos un artista con dos cabezas y cuatro manos”, se autodefinen. Afirman que pintan con aguja e hilo, a la vez que reivindican el bordado en manos masculinas.

Desde un simple pañuelo de mano a la tapicería de Aubusson, no hay límites para estos artistas que crean escenas de acentuado barroquismo. Ellos protagonizan sus obras, en las que suele aparecer también Piolín, su hijo/mascota. El perro salchicha completa la idea de familia que proponen.

Ambos se identifican fácilmente, ya que uno es rubio y el otro, morocho. Con ese fenotipo atraviesan paisajes, tiempos y culturas diferentes y a la vez cambian de género, casi a la manera del Orlando de Virginia Woolf. Ellos interpretan ekekos (divinidad andina de la abundancia), aborígenes guaraníes, actores de teatro kabuki o campesinas de la Bretaña, siempre desafiando las normativas de la cultura eurocéntrica y patriarcal.

Nikki Seung-hee Lee (Corea, 1970)

Habilidad de camaleón

El sabor policial de la palabra “individuo” se arrastra desde la Edad Media, pues aquel que no se adscribía a ningún gremio, feudo o monasterio era considerado sospechoso. Lee trabaja precisamente la identidad dentro de un grupo de pertenencia.

Aprende formas de vestir, gestos, maquillaje y particularidades de las subculturas de Nueva York, y se involucra en ellas. En las fotos de su serie Proyectos (1997-2001) se la puede ver como novia judía en su fiesta de casamiento, de pelo corto y camiseta besándose con otra chica o teñida de rubia y posando junto a un Redneck (blanco de clase baja) armado con un rifle. Su piel se torna negra para cantar hip hop o durante tres meses tonifica su cuerpo para posar como bailarina semidesnuda. Nunca está sola.

“La gente piensa que una gran cámara y mucho equipo de iluminación crean arte, y yo quiero romper esa regla. Si tienes un gran concepto, puede ser arte”, dice la artista que le pide a amigos o a un transeúnte casual que dispare la foto. Lee entra y sale de cada grupo social con una habilidad de camaleón y afirma que todos tenemos la fantasía de vivir la vida de otras personas.

Nicola Costantino (Rosario, 1964)

La cita como máscara

“Soy el sujeto de mi obra”, dice la artista. Sobran evidencias cuando se recorre el corpus de fotografías donde aparece como protagonista de innumerables pinturas y fotografías canónicas e inconfundibles. Elegir un personaje de la historia del arte, un artista o un fotógrafo para “reencarnar” es una toma de decisión estética. Cada cita es una máscara.

Se metió en la piel de Eva Perón en una instalación compleja que representó a la Argentina en la Bienal de Venecia de 2013. Pero no fue una, sino cinco personajes de Eva: desde la enérgica figura pública hasta la debilitada enferma de cáncer. Demostró así que uno no es uno, sino cientos.

Creó una muñeca que la replicaba y la acompañaba en la gestación y parto de su hijo, una Doppelgänger (doble) que le resultó imposible de sostener. Se convirtió en una modelo de cuerpo ajustado y caminar felino para vender su Savon du corps (2004), quizá su obra más controvertida, ya que cada uno de los 100 jabones contenía un 3% de la grasa de su cuerpo obtenida en una cirugía.

Yasumasa Morimura (Osaka, 1951)

Equilibrio de opuestos

Se lo conoce como el Cindy Sherman japonés. Sus ficciones de sí mismo apuntan a las relaciones transculturales entre Oriente y Occidente, como también a las relaciones entre géneros.

Cuestiona la construcción de la identidad a partir de pares binarios: masculino/femenino; oriente/occidente, histórico/contemporáneo. Personifica actrices como Marilyn Monroe o Greta Garbo, y líderes políticos como Mao o el Che.

Escenifica y digitaliza pinturas de la historia del arte (Leonardo, Vermeer, Manet) con una especial predilección por una maestra del simulacro, Frida Kahlo; nadie como ella se pintó una y otra vez haciendo gala de trajes y mascaradas para construir su identidad de mexicana y doliente.

Morimura tiene una serie de fotos que exacerba el simulacro: cuando interpreta a Hitler parodiado por Chaplin, a Rrose Selavy o a Cindy Sherman, maestra insuperable del disfraz y el maquillaje.

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