El Cuervo y el Ángel
La inesperada deriva psicológica-ornitológica de la disputa entre el cristicamporismo y el albertismo
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Algunos psicólogos afirman que los nombres y los sobrenombres tienen efectos sobre la personalidad. Dicen que son formadores de la concepción que uno tiene de sí mismo. Y, por lo tanto, generadores de acciones, como un patrón regente.
La hipótesis resulta de interés frente a la espiralizada saga de embates del cristicamporismo contra el albertismo. En ella el ariete más punzante es el ministro bonaerense y secretario general de La Cámpora, Andrés “El cuervo” Larroque, cuyo objetivo es el doctor Alberto Ángel Fernández. Por lo que la disputa, si no estuviera en las antípodas del romanticismo, podría titularse El Cuervo y el ángel, pero este es el título de una novela rosa de la autora de canaria (sic) Ann B. Bright. Y, además, al Presidente nadie lo conoce como Ángel. Así que mejor restringir la teoría al atacante.
Según los ornitólogos, entre las características del corvus corax están su inteligencia para detectar el peligro; el pico, que le sirve de arma y para la provisión de alimentos, y la capacidad de reproducir palabras. También, en el cuervo sobresale su carácter omnívoro. Aunque suele elegir presas enfermas o débiles, a las que ataca con… su pico. Cosas de la biología. Casualidades de la política y de la psicología.








