El debate educativo en la historia
La designación del próximo ministro de Educación ha tenido la virtud de instalar como una cuestión central el debate sobre el futuro del sistema educativo.
Pero la discusión crucial no es la forma del financiamiento o, más concretamente, el destino de los fondos para lograr una mayor eficiencia en el gasto, sino el cambio en los contenidos.
Una vez resuelto este punto, es cuando un uso más racional de los recursos pasa a ser un instrumento eficaz para la transformación educativa que la Argentina requiere.
Resulta muy clara la vinculación entre este cambio y el problema social más acuciante que hoy enfrenta la sociedad argentina, que es el desempleo.
Establecer la relación entre el sistema educativo y el mundo del trabajo es, en consecuencia, el problema central por resolver en este campo.
"Carreras parásitas"
Es interesante observar cómo exactamente un siglo atrás esta vinculación era vista como el cambio más necesario para un sistema educativo que ya entonces era considerado obsoleto.
En el primer mensaje al Congreso de su segunda presidencia, decía el general Roca en mayo de 1899: "Hemos extraviado hasta cierto punto el rumbo de la educación de la juventud argentina, fomentando en grande escala, con una preferencia exagerada a la enseñanza superior, las profesiones liberales de que actualmente se siente plétora entre nosotros." Al año siguiente, reivindicaba la necesidad de que la escuela secundaria no fuera una mera preparación para la Universidad, sino que tuviera un fin propio, diciendo que era preciso que "la instrucción secundaria no sea la escuela preparatoria para los estudios facultativos exclusivamente, sino el medio de difundir una instrucción capaz de preparar al estudiante para todas las funciones de la vida social del ciudadano".
En cuanto a la enseñanza superior, agregaba: "Sería de desear, tal vez, que esos establecimientos [universidades] no fueran tan concurridos, para evitar el aumento ya alarmante de los jóvenes que se dedican a carreras parásitas, cuando tanto necesitamos de inteligencia y de brazos productores".
Decía también al comenzar la segunda presidencia: "El gran poder industrial y el inmenso desarrollo agrícola de los Estados Unidos no son la obra de la improvisación o el acaso, sino el resultado de la educación industrial propagada con perseverante ahínco por todos los medios, desde los primeros días de su existencia, siendo en algunos estados precepto constitucional el establecimiento de escuelas de agricultura, y debido a ello es que se les ve instruidas con envidiable profusión en todo el vasto territorio de la República." Con el objeto de avanzar en el proyecto de reforma del sistema educativo, el entonces ministro de Justicia e Instrucción Pública, Osvaldo Magnasco, propone transformar parte de los colegios nacionales en institutos secundarios de agricultura, industria y comercio. Al fundamentar el proyecto, decía Roca en su mensaje al Congreso del año 1901: "La vieja educación enciclopédica y siempre doctrinaria va siendo enérgicamente desalojada y sustituida, ante el reclamo unánime de los más notables pensadores, por la enseñanza que calcula la utilidad del valor de sus máquinas. Escuelas y colegios son hoy establecimientos de la más noble industria: la que trata de producir elementos sociales del mayor valor civilizador, mejorándolos y habilitándolos así para vencer en la concurrencia del trabajo y la inteligencia productiva." Pero el Congreso rechazó el proyecto elaborado por Magnasco, entre otras causas porque las provincias se sentían menoscabadas si sus colegios nacionales se transformaban en escuelas secundarias especializadas.
Arma contra el desempleo
Quince años más tarde, Carlos Saavedra Lamas, entonces ministro de Justicia e Instrucción Pública del presidente Victorino de La Plaza, volvía sobre la cuestión. Sostenía que las distintas etapas del sistema educativo carecían de un fin en sí mismas, dado que cada una preparaba para la siguiente, cuando la mayoría de quienes terminaban un ciclo no concluían el posterior.
De acuerdo con lo que había recogido en un viaje por los Estados Unidos, Francia, Alemania y Gran Bretaña, propuso crear una "escuela intermedia" que sustituyera el examen de ingreso que entonces se tomaba para acceder al secundario y que otorgara una enseñanza técnica y esencialmente práctica a quienes no lo hicieran.
Este segundo proyecto de reforma, que trataba de vincular el sistema educativo con el mundo del trabajo, tampoco tuvo aprobación parlamentaria.
Al finalizar el siglo, el debate central sobre la necesidad de reformar el sistema educativo para adecuarlo a las necesidades concretas del mundo del trabajo continúa tan vigente como entonces. Pero la tasa de desempleo que sufre la sociedad argentina lo hace aún más urgente que en aquel tiempo.



