
El delirio etimológico ya es epidemia
Lucila Castro LA NACION
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"De acuerdo con lo explicado en sus columnas del 10 y del 17, he llegado a la conclusión de que la etimología de alumno como « a lumni (falto de luz)» dada en la Revista del día 9 en el artículo «Papá, yo te explico» es errónea. ¿Podría usted confirmar mi deducción?", escribe María Rosario Zavala Esteves.
En efecto, el disparate, que yo no conocía (cada día se aprende algo nuevo), es similar al que explica adicto como formado con el prefijo a- privativo más dictum , pero peor todavía, porque dictum por lo menos existe en latín, mientras que * lumni no significa nada. La palabra más parecida es lumen , luminis , que significa ?luz´, pero con ese criterio el verbo alumbrar , que sí viene de lumen , significaría ?quedarse a oscuras´.
En cuanto a la palabra alumnus , no solo designa personas (el que se cría como hijo en una familia, el pupilo de un tutor, el nativo de un país y, solo en último término, el discípulo o seguidor de un filósofo, orador, etcétera), sino también las crías de los animales y los renuevos de las plantas.
Y la docente Elsa Irene Scopazzo también aporta lo suyo: "Entre las etimologías fantásticas, cito una impunemente explicada en un programa radial: «No debemos decir aborígenes , sino pueblos originarios porque ab significa ?sin´, o sea que serían pueblos sin origen. ¡Qué barbaridad! Ab es preposición latina que significa ?desde´, es decir, aborigen es el que está desde los orígenes, ya sean habitantes, plantas o animales. Las llamas eran aborígenes, pero las vacas no, por ejemplo".
Los romanos llamaban aborigines a los primeros habitantes, prerromanos, de Italia y consideraban esta palabra equivalente a indigenae (etimológicamente, ?nacidos u originados en el lugar´) y al griego autóchthones (?de la tierra misma´). Ahora se les ha dado por hablar de pueblos originarios , creo que por "corrección política", pues no entienden lo que significa aborigen y les parece que indígena tiene una connotación despectiva (lo relacionan erróneamente con indio , palabra que etimológicamente no tiene nada que ver). Y, como suele suceder en estos casos, el remedio es peor que la enfermedad, porque el adjetivo originario necesita una indicación de lugar, y los inmigrantes y sus descendientes también son originarios de un lugar, aunque el lugar sea otro.
Tantos porqués
Tiene razón Elizabeth Czarnik, que escribe: "En la columna de Roberto Cachanosky «Viven en una nube» (muy buena), del jueves 6, creo que está mal usada la palabra porqué . Allí se lee: «Siguiendo el razonamiento del modelo productivo del Gobierno, no se entiende porqué está bien destruir a la industria gasífera argentina para después tener que hacer toda una pirueta para importar gas natural licuado. Tampoco se entiende porqué no se recompone el precio interno...». Tengo entendido que porqué es un sustantivo, y acá debería haberse usado por qué , como pregunta. Si se hubiera dicho «?no se entiende el porqué de la destrucción de la industria...», habría estado bien".
Operístico
"En la edición del 16, en la sección «Diez preguntas para un felicitado», se habla del un compositor italiano autor de las óperas I pagliacci y La bohème . Le agradeceré aclarar que estas óperas son obras de dos compositores italianos y no uno. En efecto, I pagliacci es de Pietro Mascagni, y La bohème , de Giacomo Puccini", escribe Aldo Lamesa.
La pregunta tenía su trampita y el lector cayó en ella, lo cual además lo llevó a confundir al autor de I pagliacci . Se hablaba de un compositor italiano y se mencionaban tres de sus óperas (la tercera era Zazà ), y se pedía su nombre. Todo el mundo conoce La bohème de Puccini, pero no es tan conocido el hecho de que hay otra ópera con el mismo título, que pertenece a Ruggero Leoncavallo, que también compuso I pagliacci (su mayor éxito) y Zazà . Ese era el nombre que se pedía. La fama de La bohème de Puccini oscureció la de la ópera de Leoncavallo. Las dos obras están inspiradas en el libro Escenas de la vida bohemia , de Henri Murger, muy popular en aquellos tiempos.
La Gran Vía
Escribe Germán Moldes: "Bonita y colorida la nota del día 9 en el suplemento turístico, acerca de la Gran Vía madrileña. Sin embargo, creo que vale acercar un par de precisiones en lo referente a la evolución del nombre de la arteria conforme se sucedían las cambiantes alternativas políticas de la España de la primera mitad del siglo pasado".
Y prosigue: "Se asegura en la nota que «tres meses antes del comienzo de las hostilidades, en noviembre de 1936, la Gran Vía fue rebautizada por el gobierno republicano como Avenida de Rusia». En realidad, la contienda se inició entre el 17 y el 18 de julio de ese año, de manera que el cambio de nombre tuvo lugar cuatro meses después de rotas las hostilidades y en el momento más dramático de la batalla de Madrid, con la ciudad prácticamente sitiada ante el avance de las tropas de Franco. En esa instancia, por sugerencia de los asesores estalinistas del gobierno de la Segunda República, los presos políticos fueron sacados de las cárceles madrileñas y fusilados masivamente en Paracuellos del Jarama, cerca de donde hoy se levanta la Terminal 4 del nuevo aeropuerto".
"Son los días del «Terror Rojo»; Madrid se «sovietiza» y ello explica el contexto de la nueva designación de su calle más emblemática. Uno de los fusilados de entonces (20 de noviembre) sería José Antonio Primo de Rivera y el dato viene a cuento del segundo de los errores que encuentro en el artículo: «Tras la victoria? de Franco?la Gran Vía sería renombrada como José Antonio en homenaje al también dictador? José Antonio Primo de Rivera». Pero es que el Primo de Rivera que fue dictador no fue José Antonio, sino su padre, Miguel, durante el reinado de Alfonso XIII, en los años veinte de ese siglo", termina el lector.




