El día que Rosas quiso pagar a los bonistas con las Malvinas

Emilio Ocampo
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9 de enero de 2013  

La Fragata Libertad,retenida ilegalmente en Ghana gracias a las gestiones de los llamados "fondos buitres" que reclaman el repago de los bonos de la República en su poder en los tribunales de Nueva York, ya está en el país. Se trata de un capítulo más en una larga historia de conflictos con acreedores externos que comenzó en los albores de nuestra independencia.

En 1824, las Provincias Unidas emitieron un empréstito que fue colocado en Londres por el banco Baring Brothers & Co. luego de una negociación rodeada de irregularidades. En ese momento, el mercado de Londres se abría a las repúblicas sudamericanas y casi todas emitieron bonos. Y casi todas, incluida Buenos Aires, pronto entraron en cesación de pagos. Como consecuencia, en 1826 se produjo la primera crisis de deuda latinoamericana, que a su vez contribuyó a generar una profunda crisis en el sistema financiero inglés.

Los bonistas de entonces no tardaron en iniciar sus reclamos contra el gobierno argentino. La saga del empréstito Barings es bastante conocida. Lo que no es tan conocido es que Juan Manuel de Rosas ofreció pagarles a esos bonistas entregándoles las Islas Malvinas. Hace varios años Rodolfo Terragno escribió un artículo sobre el tema. Pero las circunstancias actuales y una consulta de los documentos originales en los archivos de Barings en Londres permiten proyectar una nueva mirada sobre esta inusual propuesta.

En 1842, Barings envió a Buenos Aires a François Falconnet con la misión de negociar el repago de la deuda. A fines de ese año Falconnet se reunió con el Restaurador, quien en una carta que dirigió a Barings se comprometió a buscar una solución. En febrero de 1843, el ministro de Hacienda, Manuel Insiarte, se dirigió a Falconnet para manifestarle que "animado de las mejores disposiciones, deseando vivamente pagar la deuda", Rosas había autorizado a su embajador en Londres a proponer la cesión de las islas Malvinas "en pago del empréstito a los acreedores".

Aclaraba que el gobernador le hacía esta propuesta con "la plena confianza en los derechos afianzados en títulos auténticos y esclarecidos en notas oficiales y publicaciones por la prensa", y que esperaba "fundadamente" que el gobierno inglés reconociera "en el de la Confederación la justicia de sus reclamos y sobre esta persuasión se lisonjea haber encontrado un arbitrio suficiente y expedito para pagar a los acreedores que de otro modo no lo serían sino lentamente atenta la imposibilidad de distraer las rentas de los objetos vitales y exigentes a que están destinadas".

A principios de 1844, Insiarte nuevamente insistió con la propuesta, pero Falconnet la rechazó "por no prometer la cuestión que este gobierno sostiene con el de Su Majestad Británica un pronto y feliz resultado" y por lo tanto no se ofrecía a los acreedores "mas que una reclamación pendiente." Sin embargo, aclaró que "si la cuestión de las Islas Malvinas estuviese tan adelantada, que faltare mas que arreglar el monto de las indemnizaciones, en tal caso sus representados aceptarían la oferta que se le ha hecho". Insiarte contestó que esperaba una pronta resolución del diferendo con Gran Bretaña y que "la cesión de dichas Islas ofrecía a los propietarios del empréstito" el medio más "pronto y eficaz de satisfacer" sus intereses.

Aparentemente no hubo mas negociaciones sobre esta propuesta en Buenos Aires. Además, en agosto de 1845 comenzó el bloqueo anglo-francés del Río de la Plata.

La correspondencia de Insiarte, guardada en los archivos de Barings, echa luz sobre Rosas y su actitud respecto a las Malvinas y al repago de la deuda externa. Resumiendo, en cuanto a las islas, fue consistente en insistir diplomáticamente sobre la soberanía argentina a través de sus embajadores en Londres y en Washington. Pero era evidente, ya en 1842, que el gobierno inglés no tenía interés alguno en devolver las Malvinas, estratégicamente ubicadas cerca de la unión de dos océanos. Su ocupación era esencial para mantener la supremacía marítima inglesa, especialmente con la apertura de los mercados de China luego de la Guerra del Opio.

También era obvio que Rosas no contaba con los recursos financieros como para repagar el empréstito. Su propuesta -y nada hace pensar que no fuera bona fide , ya que la hizo tanto al gobierno inglés como a Barings- revela cierto pragmatismo.

Rosas quería mejorar sus relaciones con Inglaterra y los dos escollos más grandes para lograrlo eran las Malvinas y el empréstito de 1824. Al ofrecer las primeras en repago del segundo resolvía ambas cuestiones.

Rosas no era ningún ingenuo. Hizo una propuesta audaz que -sabía- difícilmente sería aceptada. Quizá la hizo para demostrar buena fe y voluntad de pago a los bonistas. Ahora, si la propuesta hubiese sido hecha por Rivadavia, los rosistas nunca le habrían perdonado su presunta traición. Sea como fuere, si la Barings la hubiese aceptado, la historia argentina habría sido muy distinta.

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