
El eje del mal en América latina
Venezuela, Colombia, Bolivia, Haití, Cuba y el avance de gobiernos afines a la izquierda son, para EE.UU., focos de conflicto que le exigirán una mayor intervención política en el continente
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WASHINGTON
Hace poco más de seis meses, antes de las últimas elecciones presidenciales que llevaron a Bush a su segundo mandato, polìticos y expertos nacionales e internacionales coincidían en que, ganara quien ganare (Kerry o Bush), la relación de EE.UU. con América latina no sufriría demasiados cambios. EEUU, se conjeturaba, está demasiado preocupado por la situación en Irak, el eje del mal en el continente asiático y el avance de China como para prestarle demasiada atención a lo que sucediera más allá de su frontera austral.
Sin embargo, tres hechos en cadena de los últimos diez días de marzo parecen indicar queAmérica latina ha vuelto a ocupar un lugar en la lista de prioridades de la Casa Blanca. La llegada a nuestro país del secretario de Defensa Donald Rumsfeld, uno de los cuatro funcionarios más poderosos de Washington, el inesperado llamado que recibió Kirchner de Bush, tan cordial como explícito en la manifestación de sus preocupaciones, y, días después, el encuentro entre el canciller Bielsa y Condoleeza Rice, pusieron en evidencia lo que, con menos repercusión pública, viene haciéndose realidad en los afiebrados despachos políticos del continente: un papel más activo de la administración republicana, preocupada por distintas hipótesis de conflicto que estarían amenazando la paz de la región.
Venezuela, Colombia, Bolivia, Haití, la siempre presente Cuba y hasta un análisis simplista que lleva a hablar de una avanzada de izquierda en Argentina, Brasil y Uruguay integran el cóctel latino que logró alterar el humor del Capitolio.
La agenda de la Casa Blanca para la región hoy incluye cuatro "pilares": fortalecer las instituciones democráticas, promover un hemisferio próspero, invertir en el capital humano y reforzar los niveles de seguridad. Esta agenda es aplicada por todas las áreas de la administración republicana. Por eso Rumsfeld viajó a la Argentina, a Brasil y a Guatemala tres semanas atrás. Cómo "contener" a Chávez estaba en su lista de prioridades. Condoleezza Rice, otro de los nombres fuertes del poder, decidió, por lo pronto, visitar la región todo lo posible, según anunció en su viaje a México, el 10 de marzo. "Este es el primero de muchos viajes", prometió, para trabajar en las áreas de "comercio, seguridad y, especialmente, de la senda hacia la democracia que comenzó en los 80", dijo.
Como se ve, la lista de preocupaciones es extensa, pero sin duda, en este momento, a la cabeza de esa lista está Hugo Chávez, con su provocativa política exterior y la amenaza de extender su influencia en el resto del continente.
El más alto funcionario de Washington para América latina, el subsecretario Roger Pardo Maurer, blanqueó en público la llamada política "de contención" que la Casa Blanca ensaya con el presidente venezolano. "Chávez es un problema porque claramente está utilizando sus petrodólares e influye para introducir su conflictivo estilo en la política de otros países", comentó en una entrevista publicada por el Financial Times el 14 de marzo último. Afirmó también que Chávez aplica "la estrategia de una hiena" para promover la inestabilidad en otros países. "Es subversión descarada", dijo.
Pero el problema para la Casa Blanca es que todos sus puentes con el gobierno venezolano están rotos, mientras Chávez disfruta agrediendo a Bush ante los micrófonos. Llegó a calificarlo de "pendejo". Eso explica también por qué los diplomáticos estadounidenses optaron por recurrir a otras cancillerías -especialmente la brasileña y la argentina- para "sostener" la democracia venezolana (la famosa política de contención), según confirmaron a este diario fuentes diplomáticas argentinas involucradas en las negociaciones.
En ese sentido, la visita de Rumsfeld no dejó dudas sobre cuáles son los principales puntos de inquietud para EE.UU. Rumsfeld aludió al "peligro creciente" que encarnan Chávez, el cocalero boliviano Evo Morales y el presidente nicaragüense Daniel Ortega, quien se postuló para retornar al poder en 2006. Así, mientras el hombre fuerte de la administración Bush se preguntaba ante los periodistas "¿para qué quiere Chávez 100.000 fusiles AK-47?", Estados Unidos anunció la suspensión de la ayuda militar a Nicaragua, por US$ 2,3 millones anuales, hasta que ese país destruya mil misiles.
Los temores son idénticos en ambos casos: que los armamentos venezolanos o nicaragüenses terminen en manos de guerrilleros y terroristas que desestabilicen la región o amenacen la seguridad de EE.UU. De hecho, el director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), Porter Goss, considera que la región es hoy un "potencial foco de inestabilidad" y expresó ante el Senado, el 18 de marzo último, sus preocupaciones sobre Brasil, Colombia, Costa Rica, Ecuador, México, Nicaragua, Perú, Venezuela y Bolivia, países en los que habrá elecciones en los próximos meses o deberán afrontar otros desafíos para sus procesos democráticos en el corto plazo.
Más concreto, el ex secretario de Estado adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental, Otto Reich, aludió a Chávez y a Fidel Castro como la versión latina del ya célebre "eje del mal" en la revista conservadora National Review. "Si se combinan el mal genio, la experiencia en la lucha política y la desesperación económica de Castro con el ilimitado dinero y la temeridad de Chávez, la paz en la región estará en peligro", escribió Reich, un ex funcionario de Clinton que es fuente de consulta en la capital estadounidense.
"Lo que está claro es que Venezuela ingresó en una carrera armamentista sola, sin explicar cuál es la amenaza que avizora, mientras socava sus instituciones democráticas. ¿A dónde va todo esto?", dijo Pardo Maurer a LA NACION.
Pero es Reich quien explicitó lo que otros susurran en reuniones reservadas. "El eje de subversión formado por Cuba y Venezuela debe ser enfrentado antes de que socave la democracia en Colombia, Nicaragua y Bolivia u otro país vecino vulnerable", señaló.
Los halcones de la administración lo expresan con claridad: si no se contiene a Chávez, ¿los AK-47 pueden terminar en manos de los guerrilleros colombianos de las FARC o entre los seguidores de Evo Morales?
"No. Seguramente los fusiles rusos vayan al ejército venezolano, ¿pero qué va a pasar con el armamento que quede en desuso cuando reciban esos 100.000 fusiles? Ese es el punto", comentó a LA NACION una fuente de la administración republicana, bajo estricta reserva de su nombre.
Washington está preocupado por el desarrollo militar de Venezuela, financiado con la suba de los precios internacionales del petróleo. En los últimos meses, Caracas compró aviones de combate a Brasil, barcos a España y 50 helicópteros de ataque y 30 jets MIG a Rusia.
Potencial inestabilidad
Al cuadro venezolano se suma la volatilidad de los países andinos: Bolivia, Perú y Ecuador. "Lo que ocurre en esos tres países es una preocupación de primer rango para Estados Unidos", dijo a LA NACION Pardo Maurer. "La Argentina y Brasil saben que cuentan con el presidente Bush como socio para afianzar las democracias en esos países andinos", afirmó.
La cúpula del Ejército de EE.UU. ya incluyó a América latina entre las áreas de riesgo potenciales para la seguridad nacional. El jefe del Comando Sur, general Brantz Craddock, enumeró "riesgos" en la región: terrorismo, narcotráfico, lavado de dinero y movimientos radicales, entre otros, al declarar ante el Congreso el 16 de marzo último. "Los desafíos que enfrentan América latina y el Caribe hoy son significativos para nuestra seguridad nacional. Ignoramos esos desafíos a costa de más peligro", recordó.
Matices
Sin embargo, la Oficina de Washington paraAmérica latina (WOLA, por sus siglas en inglés), una entidad liberal, critica la visión que subyace debajo de estos temores. "Hay personas que tienen la necesidad compulsiva de ver la realidad latinoamericana a través de lentes maniqueos. Tienen que identificar fuerzas del mal contra las que luchar, y simplifican en dualismos de bueno y malo las complejidades de la región", dijo Geoffrey Thale. "Hemos tratado a Castro como una encarnación del demonio y nos convertimos en el hazmerreír de toda la región sin hacer nada para impulsar efectivamente la democracia y el respeto a los derechos humanos en Cuba. Si encaramos a Chávez de la misma manera tendremos los mismos resultados", alertó.
A medio camino entre ambas posiciones, la mayor experta para la región del célebre Consejo de Relaciones Exteriores estadounidense, Julia Sweig, afirma que Castro ya no obnubila a los líderes de toda la región, que ahora son más pragmáticos. Pero también alerta: "Hay muchísimo enojo con Washington y desilusión con el fracaso del ?Consenso de Washington´ y con el modelo económico de los 90. América latina ha tomado un giro decidido hacia la izquierda en el último año: Lula en Brasil, Kirchner en Argentina, Tabaré Vázquez en Uruguay, y Chávez. Todos son de centroizquierda. Y Chávez juega con eso", destacó.
Mientras tanto, los legisladores acusan a la Casa Blanca de haber postergado "al patio trasero" (como aún califican a América latina en público y sin vergüenza) a lo largo de todo el primer mandato de Bush. Y los analistas van más allá con sus críticas. Afirman que el presidente Bush volvió sus ojos a la región sólo cuando vio la llegada al poder de alianzas de centroizquierda con pizcas de populismo o autoritarismo.
Esas críticas y visiones simplistas fastidian y mucho a los funcionarios de la Oficina para el "Hemisferio Occidental" -tal como se llama en Estados Unidos al continente americano, incluido Canadá- del Departamento de Estado. "Rice no lleva tres meses en el cargo y ya visitó México y ahora irá a Chile, mientras que Colin Powell, su antecesor en el cargo, viajó más del doble de veces que Albright a la región y ella, a su vez, el doble que Christopher", comentó a LA NACION con inocultable molestia un oficial del Departamento de Estado.
La alusión a Madeleine Albright y Warren Christopher no es gratuita. Ambos fueron secretarios de Estado del ex presidente Bill Clinton, quien gozó y aún goza de mejor imagen que Bush en América latina, al igual que el también demócrata Jimmy Carter.
Pero las críticas y señales de alerta ante la "desidia" de la administración Bush hacia América latina provienen tanto de demócratas como de republicanos, sin distinciones entre los presidentes. Y todo mientras China avanza.
"Por décadas, las políticas de Estados Unidos hacia América latina han sufrido una crisis de mentalidad. Prestamos atención a países específicos de América latina y el Caribe sólo cuando percibimos un problema", clamó el republicano Richard Lugar, presidente de la estratégica comisión de Relaciones Exteriores del Senado. "Desde el 11 de septiembre de 2001, la atención de los ciudadanos y el gobierno estadounidense se enfocaron más allá de nuestro hemisferio. Pero no podemos cometer el error de adoptar la idea de ?si no hay armas nucleares, si no hay terroristas, no hay problemas´ en nuestra región", alertó.
Ese es quizás el mayor foco de preocupación para el Congreso: la volatilidad que surge de combinar democracias débiles con economías injustas y creciente malestar social. "Muchas de nuestras naciones vecinas afrontan desafíos considerables para sus democracias", recordó el legislador republicano Dan Burton, presidente del subcomité del Hemisferio Occidental de la Cámara de Representantes. "Pobreza persistente, guerrillas violentas, líderes no democráticos, narcotráfico, infiltración terrorista y crimen en aumento hacen que resulte más difícil en la región valorar hoy la democracia", explicó Burton.
Porque, mientras América latina vuelve a seducir a los grandes capitales con buenas oportunidades de negocios (la región creció más del 5,5 por ciento en 2004 y se prevé que crezca a un ritmo del 4,4 por ciento este año), los ciudadanos del continente aún no alcanzan una aceptable calidad de vida. Roger Noriega, subsecretario para el Hemisferio Occidental del Departamento de Estado, señaló que "muchas economías regionales no están creciendo lo suficiente para generar los empleos necesarios que compensen el crecimiento de la población, ni mucho menos para afrontar la pobreza crónica. La distribución del ingreso continúa entre las más sesgadas del mundo".
Noriega, un diplomático que mide cada una de sus palabras como régimen de vida, expresó: "Los desafíos siguen siendo formidables en la región."





