
El error del "multilateralismo"
Por Eduardo Daniel Oviedo Para LA NACION
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En su discurso ante la Asamblea Legislativa, el presidente Kirchner declaró ser partidario "en la política mundial de la multilateralidad". Con este concepto quiere expresar la orientación ideológica de su gobierno y, en base a sus principios, determina la política exterior. Sin embargo, el poder y los intereses de los Estados presionan sobre las afinidades ideológicas y los gobiernos son proclives a imprimir "giros realistas" cuando descubren que su visión del mundo no explica, y menos aún describe, la política internacional.
Pero ¿qué se entiende por multilateralidad? Robert Keohane es el precursor en investigar sistemáticamente el concepto. Su célebre artículo, Multilateralism: an agenda for research , describe el estado de los estudios del tema a principios de los años noventa. Otros aportes destacados son los de Lisa Martín, John Gerald Ruggie, Miles Khales y Andrés Franco.
La vertiente opositora al neorrealismo proviene de Robert Cox. Neomarxista estadounidense que plantea la existencia histórica de tres multilateralismos: el hegemónico (1945-1989), el difuso (desde 1989) y el nuevo multilateralismo. Este último, según el profesor español José Antonio Alonso, debería tener cinco principios constituyentes: 1) una base incluyente y democrática; 2) integrar tanto a los Estados como a las fuerzas y sectores sociales no estatales; 3) se asienta sobre una carta de derechos de la persona que trascienda las fronteras y condiciones sociales de la persona; 4) plantea una amplia y multidimensional agenda de temas, y 5) está basado en el principio de subsidiaridad de instituciones internacionales capaces de administrar aquellos ámbitos que el Estado no puede abordar.
El Presidente en su discurso alude a esta última idea de multilateralismo.
Irrealidad internacional
El "nuevo multilateralismo", dicho por sus propios mentores, es una propuesta futura de gobernabilidad de las relaciones internacionales. Por lo tanto, no es empíricamente contrastable con la realidad política, contradice la esencia de la política internacional y fuerza la realidad para demostrar la validez de una supuesta teoría.
El término multilateral es utilizado en relaciones internacionales de igual manera que se aplica en derecho internacional. Pero mientras el concepto expresa una realidad en el plano de la norma jurídica, no lo es en el ámbito de la política internacional. El carácter multilateral del derecho internacional deriva del principio de igualdad jurídica de los Estados emanado del atributo de la soberanía. Esta igualdad se estatuye en las cartas constitutivas de las principales organizaciones internacionales. Un Estado posee un voto al igual que los otros y es esta igualdad, precisamente, la que hace que grandes y pequeñas potencias tengan, al margen de sus capacidades de poder y salvo que expresamente se lo determine, el mismo derecho a ejercer ese voto en un mismo plano de igualdad jurídica.
Pero la política internacional, que es parte del objeto de estudio de la ciencia política, no funciona de esa manera. Los Estados no son iguales como lo son ante el derecho. La ciencia política estudia el poder político y en su análisis descubre y acepta las desigualdades en las capacidades de sus actores principales. Las grandes, medianas y pequeñas potencias son especies de una clasificación que describe esas desigualdades. El sistema internacional no tuvo características multipolares en más de tres siglos y medio de implementación. Desde la paz de Westfalia de 1648 a nuestros días, cada orden internacional ha sido configurado por las grandes potencias, mientras que las medianas y pequeñas siguen el comportamiento de quienes ejercen políticas mundiales, de la misma manera que lo secundario o accesorio sigue a lo principal.
La desviación conceptual llega a casos extremos cuando se afirma la expresión "diplomacia unilateral", contradicción lógica inadmisible ya que la diplomacia requiere por lo menos la interrelación de dos Estados. O bien, cuando para explicar la primacía axial de los Estados Unidos los analistas mencionen el concepto de "liderazgo unilateral", en oposición al "liderazgo multilateral". Incluso llegando al absurdo de calificar a la diplomacia o el liderazgo de Bush como unilateral distinguiéndolo del accionar externo del gobierno de Clinton, supuestamente multilateral. Esta oposición entre un liderazgo unilateral y otro multilateral escapa al análisis teórico de las relaciones internacionales para ingresar en el plano estratégico e ideológico. Los análisis con fuerte sesgo ideológico simplifican la realidad internacional en la dicotomía unipolar-multipolar, en estrecha vinculación con la dicotomía unilateral-multilateral. El Presidente adopta como esquema de análisis estas falaces dicotomías que la moda -y no la razón- imponen.
Por el contrario, el sistema internacional es política, económica y culturalmente heterogéneo. Esta heterogeneidad se observa en el corte por estratos de grandes, medianas y pequeñas potencias y no en la visión fragmentada de la realidad que corta a las grandes potencias en aquellas defensoras del multilateralismo y las partidarias de la supuesta unilateralidad. Establecer cursos de acción externos sobre la "hoja de ruta" de tales antinomias no sólo induce al error en la praxis diplomática sino, también, expresa la falta de comprensión del funcionamiento del sistema internacional.





