El esplendor de la ciencia islámica

Por Eitel H. Lauría Para LA NACION
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5 de diciembre de 2001  

A fines del primer milenio de la era cristiana y principios del segundo, la cultura más refinada y con mayor nivel de creatividad era la islámica. Iniciada en Arabia a principios del siglo VII con el protagonismo carismático del profeta Mahoma, se extendió con gran rapidez y alcanzó en una primera etapa a Persia, en el este, y Africa del norte y España, en el oeste. Más tarde, en el siglo XIII, el islamismo llegó al Asia central y, en los siglos XIV y XV, a buena parte de Africa y sudeste de Asia. En la actualidad, el islam, o sumisión a la voluntad de Dios, es una de las grandes religiones del mundo.

La rápidas conquistas iniciales pusieron en contacto a los árabes con pueblos diversos que, en algunos casos, eran depositarios de restos de las ricas culturas griega y romana. El mundo islámico había asimilado así, a fines del siglo IX, un valioso legado cultural. En ese proceso de transvase entre culturas fueron traducidos del griego al árabe, entre otros, los notables trabajos, matemáticos en lo esencial, de Tolomeo, Euclides, Arquímedes, Menelao y Apolonio. Además, en esa misma época, los árabes entablaron un considerable comercio con la India, que les permitió adquirir un buen conocimiento de la matemática india. Es grande la deuda que se ha contraído con los traductores árabes: sin su contribución, gran parte de la matemática griega e india se hubiera perdido. Sobre la base de ese legado matemático, los estudiosos musulmanes produjeron un extraordinario desarrollo de la aritmética, el álgebra, la geometría y la trigonometría. Un proceso similar se dio en otras ramas de la ciencia, en particular en astronomía y medicina.

Es evidente que un fenómeno cultural de tal magnitud fue posible por la existencia, en Bagdad, Egipto y España, de un nutrido conjunto de intelectuales y estudiosos islámicos, merecedores muchas veces de la protección de los califas. A título de ejemplo, se citan seguidamente tres destacados sabios islámicos : Al-Khwarizmi, Th‰bit ibn Qurra y Omar Khayyam. El matemático, geógrafo y astrónomo Al-Khwarizmi nació en el año 780, a orillas del mar Caspio. Se le debe una aritmética, conservada en versión latina, que contribuyó a la difusión de las cifras decimales indias, incluido el cero, conocidas con posterioridad en Europa como "números arábigos". Expuso asimismo las reglas para la realización de las cuatro operaciones aritméticas elementales -suma, resta, multiplicación y división-, primer ejemplo histórico de procedimientos sistemáticos para la resolución de problemas, llamados "algoritmos" (por derivación de su nombre), esenciales en el cálculo moderno con computadoras. Su obra fundamental, cuyo título es de difícil traducción e incluye la expresión al-jabr , de la que derivó la palabra álgebra , dio contenido a esa rama de la matemática y en ella expuso la operatoria de las ecuaciones de primero y segundo grado.

Matemáticos y poetas

Th‰bit ibn Qurra (826-901) escribió en árabe ciento cincuenta trabajos sobre lógica, matemática, astronomía y medicina. Fue traductor e investigador original, y en este último carácter realizó estudios de geometría a partir de las obras de Arquímedes y aportó una nueva demostración del teorema de Pitágoras.

Omar Khayyam, el autor de las célebres cuartetas Rubaiyat , nació en el territorio de la actual república de Tadjikistán, probablemente en 1040. Además de poeta, fue matemático, astrónomo y filósofo. Dotado de una mente penetrante, realizó investigaciones en los temas relativos a las ecuaciones algebraicas y a los números reales.

Pero a partir del siglo XII ese notable saber científico, que se transmitió a los países europeos desde las costas del Mediterráneo oriental, durante las Cruzadas, y desde Sicilia y España, empieza a mostrar signos de decadencia. Al mismo tiempo, el Occidente cristiano estaba a punto de iniciar un despertar intelectual que conduciría unos pocos siglos después al Renacimiento y luego al portentoso desarrollo de la ciencia.

Este dispar comportamiento, decadencia de la cultura islámica y creciente progreso del Occidente cristiano, constituye un muy complejo fenómeno histórico que seguramente tiene explicaciones múltiples. Algunos historiadores estiman que la reafirmación de la ortodoxia islámica, opuesta a las influencias foráneas representadas por las escuelas filosóficas griegas, fue determinante en el retroceso de la ciencia en el Islam. En ese retorno a las fuentes desempeñó un papel protagónico el teólogo y filosófo Al-Ghazzali (1058-1111), tal vez el más eminente continuador de Mahoma.

Cualesquiera que hayan sido las causas, el hecho concreto es que después de casi mil años la situación se invirtió por completo: hoy la ciencia occidental y sus brillantes expresiones asiáticas superan en forma abrumadora a la ciencia islámica, cuyo antiguo esplendor se ha desvanecido.

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