
El fútbol, eficaz folleto turístico
Por Norberto H. García Rozada
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El fútbol -o, si se prefiere, los espectáculos que lo tienen por primordial protagonista- forma parte de lo más entrañable de esta ciudad abocada a la tarea de mostrarle al resto del mundo la excelente calidad de sus atractivos turísticos.
Mal que les pese a sus detractores, con sus más y sus menos, el fútbol es uno de los espejos en que mejor se refleja el alma de Buenos Aires. Tanto más cuando se trata de un Boca-River como el del domingo último, jugado en un día espléndido y ante una multitud.
Desenlace futbolístico al margen -tolérese aquí que Pérez deje correr una inconsolable lágrima-, hoy en día la ciudad no dispone de un acontecimiento similar (salvo otro Boca-River, por supuesto) para transmitírselo al exterior mediante lo que algunos panegiristas cursis acostumbran denominar la magia de la televisión. Por esa razón, fue positivo el hecho de que ninguna circunstancia ingrata empañase tales imágenes. El clásico del fútbol se convirtió en un folleto turístico de primer orden. Incluso a pesar de ciertos desaforados ocupantes de las plateas más caras del estadio, captados por las cámaras cuando sus bocas y sus manos no daban abasto para insultar al socarrón director técnico visitante y arrojarle toda clase de proyectiles.
A la pesca del turismo
Los atractivos turísticos de la ciudad no están restringidos, es claro, al universo de la pelota Nº 5. ¡Malo que así fuere! Y sus autoridades han tomado la decisión política de aprovecharlos en beneficio de la inapreciable fuente de ingresos que alguien ha denominado, con acierto, la industria sin chimeneas (o sin humo, lo mismo da).
A ese propósito respondió, sin duda, la determinación de atribuirle al turismo una cartera dentro del gabinete de gobierno y la designación del empresario Hernán Lombardi para que sea su primer titular. Hombre joven y conocedor de la materia, arribó al cargo con un crédito -entre otros- acerca de su amor por la ciudad: es el responsable del salvamento y reciclaje del Palacio San Miguel. Edificio señorial e imponente, cuya supervivencia en el cruce de Bartolomé Mitre y Suipacha ha perpetuado un querible testimonio de aquello que supo ser la zona de las grandes tiendas y, al mismo tiempo, le ha dado rotundo mentís a la falaz afirmación de que la memoria no produce ganancias.
Ese flamante secretario instalará su despacho en el propio palacio de gobierno. Ubicación equiparable a la señal sutil de que el poder político local quiere demostrarles a propios y ajenos cuál es la medida de la importancia que le asigna.
Dicho interés no es sorprendente. El país se está convirtiendo en meta del turismo mundial. Las estimaciones predicen que la mayor parte de esos visitantes pasará por Buenos Aires. Se trata, pues, de que no sólo la transiten, sino de que también se queden a disfrutarla. Además de muchos otros aspectos positivos, el turismo -suele decir Lombardi- es capaz de generar el doble de requerimientos de plazas laborales que los proporcionados por otras actividades productivas, siempre y cuando tenga una oferta tentadora. Para lograr ese objetivo habrá que crear herramientas apropiadas y perfeccionar las que ya están a disposición de los operadores. O sea que será necesario un esfuerzo de imaginación. Es probable que esa labor en cierne comience por la creación de un centro de información turística a la altura de la importancia de la ciudad. Y siendo que de imaginación se trata, la futura oficina turística estará en un emplazamiento original y acorde con su cometido fundamental: la antigua cochera del actual Palacio de la Cultura, en plena Avenida de Mayo.






