
El futuro de la UE: la decadencia europea
El optimismo de hace dos o tres décadas, cuando el bloque emergía con fuerza de la posguerra y se proyectaba como gran potencia, ya no se justifica, señala el historiador Walter Laqueur en su libro Los últimos días de Europa . Si no supera sus dificultades actuales, advierte, el viejo continente podría convertirse en un irrelevante “parque cultural”
1 minuto de lectura'
WASHINGTON.- ¿Hacia dónde va Europa? Hacia la decadencia. ¿Qué será de sus sueños de grandeza? Jamás se verán realizados. Europa "se ha condenado a la irrelevancia", corre el riesgo de convertirse en "un museo de la historia mundial y de la civilización que predica la importancia ética en las relaciones internacionales a un público inexistente". Es una entidad irreconocible, "que vive en un clima lunar". Incluso si superase las actuales dificultades y se consolidase, "su predominio sería un recuerdo del pasado". El escenario más probable: que se transforme "en un paraíso turístico, un parque cultural, una Disneylandia de los ricos y sofisticados, de las guías, de gondoleros y de traductores que celebrarán las pompas de Shakespeare y del bienestar social. Sólo un milagro que le restituya el espíritu político y la voluntad de competir en la economía global le garantizaría "un papel bastante más modesto aunque todavía responsable" en el mundo.
Quien pronuncia este juicio despiadado no es Bob Kagan, el teórico de las divergencias entre Estados Unidos (Marte) y Europa (Venus) sino el historiador del nazismo, el comunismo y el terrorismo Walter Laqueur. A los 86 años, Laqueur, judío alemán que en 1938 se refugió en Palestina y que perdió a sus padres en el Holocausto, ha publicado la más ardiente crítica a la Unión Europea (UE) jamás dada a conocer en EE.UU.
Titulado Los últimos días de Europa , subtítulo Epitafio de un viejo continente , el libro describe una UE "en declinación irreversible". Y atribuye la involución a tres factores: la desunión entre los 25 Estados miembros; la excesiva carga del bienestar social y la inmigración incontrolada, sobre todo de países islámicos.
Teniendo en cuenta la declinación de la antigua Roma, el historiador advierte que "ha terminado la era de la ilusión" y señala que, para evitar la caída, "Europa debe comenzar a debatir cuáles de sus valores y sus tradiciones debe conservar". Para Laqueur, la UE es víctima del "eurocentrismo y de la idea fija de un Estados Unidos visto como el hermano mayor; de la consiguiente ceguera ante los desequilibrios económicos mundiales provocados por los gigantes asiáticos; también de la ausencia de "una amenaza clara y presente" (el terrorismo no le parece tal) que la una, reconciliando las instancias nacionales, y de la presunción de que en el siglo XXI no es más necesaria la fuerza militar. Sobre todo, es víctima del relativismo, de la erosión de la familia, de la pérdida de la fe religiosa y de la propia identidad cultural.
Optimismo de posguerra
Hace treinta, veinte años, agrega el historiador, Europa daba una sensación de vitalidad, hasta tal punto que hacía creer que podría sobrepasar a Estados Unidos. La justificación de ese optimismo era su espectacular recuperación de posguerra, se hablaba de euroesclerosis sólo en relación con el mercado laboral. Pero hoy, "es ridículo pensar que el siglo XXI pueda ser el siglo europeo".
Desde 1953, cuando se mudó a Inglaterra, donde vivió una larga etapa antes de pasar a Estados Unidos, Laqueur es ciudadano de los dos mundos. Pero las últimas visitas a Europa lo han alarmado. Más que una superpotencia, ha encontrado una sociedad que antepone una mítica calidad de vida al progreso, asistida y protegida, embriagada por el tiempo libre. Una comunidad donde el paso de 15 a 25 Estados miembros "ha creado otras fuerzas centrífugas" y ha vuelto insostenible el peso del bienestar social. Por todos lados los impuestos son demasiados y muy altos, las jubilaciones demasiado anticipadas, la salud demasiado onerosa, subraya el historiador. Y se pregunta dónde han ido a parar los ambiciosos objetivos de la Carta de Lisboa de 2000.
En su libro, el vigésimo, Laqueur se detiene ante el "factor D", la demografía. Mientras la inmigración se propaga, los europeos, observa, no tienen más hijos, y corren el peligro de convertirse en extranjeros en su propia patria. Pronto, en la región de Ruhr, la mitad de los jóvenes por debajo de los treinta años no serán alemanes, y, en Bruselas, el 55 por ciento de los niños pertenecen actualmente a familias de inmigrantes. El historiador cita las señales de alarma lanzadas por el demógrafo francés Alfred Sauvy en La vejez de las naciones, de 2000, y por el alemán Frank Schirrmacher en La conjura de Matusalén, de 2004. Lamenta que no hayan sido escuchadas: "A este paso, dentro de 40 o 50 años la UE verá disminuidas a la mitad las etnias autóctonas".
Al respecto, el análisis de Laqueur sobre la cuestión islámica se diferencia, sin embargo, de la de muchos estudiosos norteamericanos. A su entender, la UE no se transformará en una "Eurabia", como lo denuncia Daniel Pipes. "A mediano plazo podrá dar esa impresión, pero será transitorio", declaró el historiador con una pizca de cinismo: "En su mayoría, los musulmanes terminarán por dejarse asimilar, sus mujeres se emanciparán y los jóvenes tomarán lo más negativo de la cultura occidental". A corto plazo, sostiene en cambio, está el peligro de que el radicalismo islámico, en Europa, dé lugar a turbulencias y sublevaciones a gran escala. Por eso, la UE debe expulsar a los extremistas y limitar la inmigración.
Euroescepticismo
Los últimos días de Europa , cuyo subtítulo original era mucho más suave, "La cara que cambia" y no "el epitafio" de la UE, contradice los trabajos anteriores de Laqueur como La Europa de nuestro tiempo , publicado en 1992. Pero el historiador sostiene que la decadencia no era previsible: "En 1970, escribió, envié a imprenta Europa después de Hitler . En 1991 ese libro fue traducido al alemán con el título La EU en camino de ser una gran potencia . No hice objeciones porque parecía todavía verosímil, pero cometí un error". El estudioso se opone al filoeuropeísmo de pensadores como Charles Kupchan, que en 2005 publicó El fin de la era norteamericana , y como Mark Leonard, que en el mismo año publicó Por qué Europa dominará el siglo XXI . "Están enceguecidos, objeta, por su hostilidad hacia el presidente Bush y sus políticas interna y externa, en particular por la guerra de Irak".
El euroescepticismo de Laqueur divide en dos a la inteligencia norteamericana. El ex rey de la diplomacia Henry Kissinger y el historiador británico Niall Ferguson, autor de Colossus , sobre la incipiente crisis del imperio norteamericano, comparten sus ideas. Otro historiador inglés, Tony Judt, el autor de Posguerra, La historia de Europa desde el 45 , en cambio, las rechaza. Según Judt, la UE atraviesa una crisis de crecimiento y la disputa sobre la Constitución europea era y es inevitable. En la UE, Judt identifica una comunidad de valores a veces ausentes en Estados Unidos, el modelo para un mundo multipolar. El camino europeo, declara, será tortuoso y difícil como lo fue el de Estados Unidos. Pero no está dicha la última palabra: el siglo XXI podría todavía pertenecer a Europa.
Traducción: María Elena Rey
LA NACION y Corriere della Sera





