
El gasto público y el robo privado
Por Orlando Barone
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En la esquizofrenia suele darse un impresionante síntoma llamado "el robo del pensamiento". Se trata de la sensación de que los propios pensamientos son robados o arrancados por una fuerza extraña de modo que el sujeto se queda sin ellos. El robo, por la naturaleza del material sustraído, deja al sujeto con la cabeza vacía. Curiosamente, en este estado se encuentran muchísimas cabezas no precisamente damnificadas por el robo del pensamiento, sino vaciadas con entusiasmo crónico. La colección de las mismas podría ser inmensa y ninguno de nosotros estaría exento de merecer aunque sea un pequeño espacio en la vitrina. Todos alguna vez, en algún momento, llegamos a vaciar la cabeza con la ingenua ilusión de volver a llenarla con nuevos y brillantes pensamientos. La década del noventa es el cenit de este proceso de desvalijamiento y de llenado sustituto. Ha sido tan pródiga que aun anteel fracaso, aun ante un mapa que les muestra qué mundo y país lograron, todavía sobran pensamientos que seducen y tientan a los desesperados. Porque no hay mejor oportunidad para ser engañados con el futuro que en el momento en que se abjura y se arrepiente del pasado.
En los casos de cabezas vacías, y como nadie puede vivir sin aunque sea una mínima actividad mental, siempre hay una fuente de provisión de pensamientos. Y siempre hay una oferta a mano que tienta al "despensamientado" a apropiárselos y llevarlos a su cabeza sin ningún rigor selectivo. Esto se nota porque los influidos revelan propensión a repetir consignas y frases que a su vez repiten otros que acudieron a la misma fuente. Por su falta de raíz, de idiosincrasia personal, y por ser repetitivas, estas "consignas-pensamientos" cunden como una moda. Cualquier buzón de Internet, cualquier reunión, asamblea, debate o dislate mediático abunda en consignas sonsonete. Lo inquietante es que quienes ejercen este tipo de retintín en voz alta o en textos alusivos, siempre parecen haber pensado algo y, sin embargo, sólo han tomado por ahí un pensamiento ofrecido gratuitamente. O no tan gratuitamente: porque siempre se paga. No hay pensamiento que no ocasione un desembolso, sea éste explícito o disimulado.
A diferencia del enfermo de esquizofrenia, que "siente" con terror que le roban el pensamiento, este tipo de sujeto no se da cuenta porque nunca los tuvo. Y porque está acostumbrado a copiarlos directamente del mercado. Pensamiento que tiene cerca y que no transgrede su estándar, pensamiento que incorpora. Como se trata de impostaciones, y no de un proceso mental auténtico, a cada pensamiento que caza o se le ofrece por allí al vuelo -fluyan éstos de la televisión, de la radio, de un gurú, de un operador rentado o del correo electrónico- el sujeto deja que se vaya el pensamiento que tenía y loreemplaza por otro en apariencia más fresco. Lo importante es tener uno nada más, para no romperse la cabeza. El mercado es vario y la oferta abarca desde la izquierda a la derecha, pasando por la región de la nada y la nube, y así es común observar cómo un mismo individuo es capaz de contener alternativamente pensamientos en uno u otro sentido, o ambos mezclados y confundidos. El caos era en la antigüedad el vacío cuando aún no había sido impuesto el orden creado por Dios. Pero una cosa es que el orden lo cree Dios y otra, López Murphy o un símil. Hay que saber que el caos es funcional al mesías apócrifo.
La consigna actual es la guerra total a los políticos en uso, a los políticos en desuso y a los que están próximos al uso. Ese pensamiento es fácil y lo tiene cualquiera que tenga un hueco en la cabeza. Y es paradójicamente letal para quienes lo piensan. Es como si ante el triunfodel demonio se creyera que hay que destruir al ángel de la guarda y a toda la Iglesia por su fracaso. O porque se distrajeron haciendo fiestas mientras el diablo conspiraba en contra de nosotros. Si se acaba con ellos, el demonio se hace una fiesta eterna.
La duda es el próximo pensamiento. Si es que no lo cancelan porque ya habrá concluido la faena y pensar no será necesario. El próximo pensamiento podría ser achicar el Estado al tamaño de una intendencia o de un club de barrio. Y si aún así siguiera habiendo déficit, achicar la sociedad humana nacional al tamaño de insectos. Y si ya no hubiere políticos, ni Estado, ni habitantes costosos, ni provincias, ni barrios inviables porque se han extinguido, tendrían que empezar a mirarse uno a uno los sobrevivientes para ver a qué sector le apunta el nuevo pensamiento. Es curioso que los Estados de los países florecientes sean cada vez más poderosos e intensos, y los de los países pequeños sean cada vez más insignificantes y aún así sean considerados un exceso.
Y me intriga este misterio: si ha habido tanto derroche, ¿por qué tenemos tantos habitantes tan pobres? ¿Por qué no tienen todos autos, chalets con techo de tejas, y los bebes de la Puna y del Chaco no tienen una maestrajardinera bilingüe, computadora de diseño infantil y chupetes de Walt Disney? En general, cuando alguien derrocha y se endeuda hasta los ojos, se le nota en su estilo costoso. Y si se arruina, conserva todavía una pátina de su espléndido dispendio. Resabios de la vida disipada y lujosa. No veo nada de eso en la mayor parte de la Patria. Hay un tendal de miseria que Caritas ya no sabe cómo aplacar, mitad con fe, mitad con comida. A veces, esta última mitad le falta.
Alguien pudo haber hecho mal las cuentas y donde dice que todos pierden debería decir que algunos ganan lo quelos "todos" pierden. El problema no es el gasto público, sino el robo privado.
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